China ya no necesita sacar los tanques

Un tanque hinchable y una figura hinchable recuerdan en Taipei lo ocurrido en Tiananmente. /Efe
Un tanque hinchable y una figura hinchable recuerdan en Taipei lo ocurrido en Tiananmente. / Efe

Tres décadas después de la masacre de Tiananmen, la represión se mantiene y sistemas de inteligencia artificial se encargan de la censura

ZIGOR ALDAMAShanghái (China)

Hay que tener mucha paciencia para visitar la plaza de Tiananmen. Porque los controles de seguridad comienzan cientos de metros antes, en las calles aledañas, y son extremadamente tediosos. Largas colas, escáneres para analizar todos los enseres, detectores de metales y agentes de seguridad que hacen poner los brazos en cruz a todo el que pita en el arco de seguridad, que es casi la totalidad de quienes pasan bajo el mismo.

Dentro, la presencia de las fuerzas armadas abruma. Policías de azul patrullan sobre patines eléctricos cerca de donde soldados de verde se mantienen tan firmes como si se hubiesen tragado una escoba. De vez en cuando aparece una tanqueta, pero el elemento que se ha hecho omnipresente es el extintor, indispensable para apagar, literalmente, cualquier intento de inmolación. Las farolas, por su parte, han sido colonizadas por enredaderas de cámaras de videovigilancia de todas las formas imaginables.

Pero la plaza de Tiananmen no siempre fue un fortín. Incluso en 1999, la primera vez que este corresponsal la visitó, el acceso era libre y la vigilancia se limitaba a los soldados que guardaban la enseña nacional que se iza cada día en una ceremonia a la que asisten cientos de personas. Habían pasado ya diez años desde la matanza que hizo tristemente famosa esta yerma explanada que representa el poder chino, y analistas de todo el mundo afirmaban que el fulgurante desarrollo económico del país desembocaría irremediablemente en reformas políticas que terminarían concediendo libertades individuales a la población más nutrida del planeta.

Pero se equivocaron. Y buena muestra de ello es la represión de la que ha vuelto a echar mano el Gobierno veinte años después. El treinta aniversario del movimiento estudiantil que puso la capital china en pie de guerra, y que el martes alcanza su apogeo con lo que en China se conoce como 'el incidente del 4 de junio', ha sido recibido con el habitual confinamiento de disidentes y el esperado incremento de la censura en internet.

Varias plataformas han desactivado los comentarios por convenientes 'actualizaciones del servicio' y los censores hacen horas extra ayudados ahora por las herramientas que en el siglo XXI hacen más fácil su labor. «A veces decimos que la inteligencia artificial es el bisturí y que el ser humano es el machete», ironizaba en declaraciones al 'South China Morning Post' uno de los encargados de revisar los mensajes que se publican en los servicios de Bytedance, la empresa que ha desarrollado la exitosa red de vídeos cortos Tik-Tok (Douyin en chino). «Cuando comencé en este trabajo, hace cuatro años, había oportunidad de retirar a mano imágenes de Tiananmen, pero ahora los sistemas automáticos son muy eficaces», añadió. Eso sí, el censor artificial a veces bloquea por error las inofensivas instantáneas que los turistas publican en la plaza. Son las víctimas colaterales de la guerra que se libra en el ciberespacio chino.

Así, treinta años después, gran parte de la población china nunca ha visto aún la fotografía del 'hombre del tanque', el icono de una protesta que dejó una cifra de muertos que oscila entre los 241 oficialmente reconocidos y los 7.000 que estima la OTAN. La Cruz Roja, más mesurada, habla de unos 3.000. Posiblemente la cifra real no se conozca nunca, porque el Gobierno continúa negando la mayor y considerando lícito el uso de la fuerza para acabar con una protesta que no fue tan pacífica como se quiere hacer creer.

La foto del tanque

«Yo sí que he visto la foto del hombre del tanque y creo que el Partido Comunista se equivocó cuando ordenó al Ejército acabar con la revuelta, pero no entiendo por qué Occidente continúa machacando a China con algo que sucedió hace treinta años y no recuerda aniversarios como los de las invasiones de Irak o Afganistán, que son mucho más cercanas y han costado más vidas», critica Zhou Yun, una estudiante de la Universidad de Fudan, en Shanghái, que ve un claro doble rasero. «El objetivo, en mi opinión, es hacer creer que hoy algo parecido sería posible y que los chinos continúan siendo los malos de la película», sentencia en una conversación con este periódico.

Su opinión es compartida por otros compañeros de clase que sí están familiarizados con el mundo exterior -han viajado a numerosos países- y que acceden a una internet libre gracias a los programas VPN que tienen instalados en los móviles. «La matanza se utilizará estos días para intensificar la campaña que se ha lanzado contra China desde Estados Unidos, un país que ha provocado muchas más muertes por todo el mundo y que ve cómo su hegemonía peligra por el auge de nuestro país. El caso de Huawei es un buen ejemplo de cómo funciona la lógica de Donald Trump, que lanza acusaciones sin pruebas e impone medidas que son opuestas al sistema de libre mercado que América ha defendido siempre que le ha resultado provechoso», añade Zhang Shupeng, otro de los estudiantes que acceden a hablar con este periódico en el campus de Fudan.

El diario británico 'The Guardian' publicó el pasado día 19 un artículo que defiende algo muy diferente. «Recordar las muertes del 4 de junio de 1989 no es una tarea neutral. Es una responsabilidad cívica, un acto de resistencia contra una mentira gubernamental que amenaza con extenderse más allá de las fronteras de China», afirmaban sus autoras, Louisa Lim e Ilaria María Sala. «China ha borrado de forma sistemática las pruebas y la memoria de este violento episodio de represión utilizando un aparato de censura y de control cada vez más sofisticado», añadieron.

«Ahora ni siquiera sería posible que los estudiantes se concentrasen en la plaza»

Hong Kong, que es la única ciudad de la República Popular en la que se recuerda la matanza con una multitudinaria vigilia anual, siente que las libertades especiales de las que goza dentro del modelo 'un país, dos sistemas' se están erosionando rápidamente con el auge del poder chino, y que, al contrario de lo que se creyó cuando en 1997 la colonia británica fue devuelta a Pekín, es Hong Kong la que cada vez se parece más a la china continental, y no al revés. «La independencia es la única salida que le queda a Hong Kong para seguir diferenciándose del resto de China», aseguró Leung Chung-hang, uno de los dos diputados de Youngspiration que fueron expulsados del Consejo Legislativo, durante una entrevista con este diario.

«El Partido Comunista ha mantenido inalterable su sistema político desde que Mao Zedong creó la República Popular. El presidente Xi Jinping no es diferente», añadió. Su compañera, Yau Wai-ching, también considera que la estrategia de represión del Partido Comunista se ha recrudecido y sofisticado con el tiempo. «Ahora no sacaría los tanques en Tiananmen porque se ha producido una regresión en materia de libertades y ni siquiera sería posible que los estudiantes se concentrasen en la plaza», señala. Sin duda, serían descubiertos en cualquiera de los controles de acceso a Tiananmen. O incluso antes, cuando comenzasen a preparar su protesta enviando con sus teléfonos móviles mensajes que no escapan al ojo que todo lo ve.