La detención de dos canadienses agrava la crisis con China por el 'caso Huawei'

Efectivos de la Policía china, desplegados delante de la Embajada de Canadá en Pekín./AFP
Efectivos de la Policía china, desplegados delante de la Embajada de Canadá en Pekín. / AFP

Un exdiplomático y un empresario son arrestados en el país comunista en lo que muchos consideran una venganza por procesamiento de Meng

ZIGOR ALDAMACorresponsal. Shangái

El mismo país que critica a Canadá por no haber comunicado inmediatamente la detención de la vicepresidenta de Huawei, Meng Wanzhou, es el que continuamente hace desaparecer a gente antes de presentar cargos contra ella: China. Y la lista de nombres es cada vez más larga, porque en los últimos días otros dos canadienses se han desvanecido del gigante asiático antes de que Pekín confirmase que se encuentran bajo arresto.

El primero fue el exdiplomático Michael Kovrig, cuya desaparición denunció en primera instancia la organización para la que trabaja en calidad de consejero para el noreste de Asia, International Crisis Group. Esta ONG dedicada a evitar conflictos mostró su preocupación el martes y la confirmación de su detención llegó el miércoles, dos días después de que se produjera. Aparentemente, la organización no está registrada en China y eso, según la ley que desde 2016 regula su actividad, supone que el trabajo de Kovrig es ilegal. Este jueves el diario 'Beijing News' añadió que el exdiplomático -que sigue siendo funcionario canadiense porque disfruta de una excedencia- está siendo investigado por «actividades que ponen en peligro la seguridad nacional».

A Kovrig le ha seguido el empresario Michael Spavor, que tiene una estrecha relación con Corea del Norte -fundó la ONG Paektu Cultural Exchange- y cuyo arresto se hizo pública este jueves a pesar de que también se produjo el lunes. Según allegados consultados por el diario 'South China Morning Post', no se sabe nada de él desde el pasado domingo. Y, aparentemente, el cargo por el que está siendo investigado en la provincia norteña de Liaoning es el mismo, lo cual hace pensar que estos dos casos forman parte de las «graves consecuencias» con las que China amenazó a Canadá por la detención de Meng, que ha sido puesta en libertad bajo fianza de diez millones de dólares canadienses (6,6 millones de euros) y que actualmente está localizada en todo momento mediante un geolocalizador GPS en el tobillo.

«De acuerdo con la ley»

Sin embargo, Pekín rechaza que el arresto de los dos ciudadanos canadienses sea represalia alguna. «China está actuando de acuerdo con la ley. La Embajada de Canadá ha sido notificada y se están respetando los derechos de los detenidos», afirmó este jueves en la rueda de prensa diaria del Ministerio de Asuntos Exteriores su portavoz, Lu Kang. No obstante, a diferencia de la claridad con la que se han expuesto los cargos contra Meng en una vista pública, el delito del que se acusa a los dos canadienses es intencionadamente vago y se utiliza a menudo para arremeter contra aquellas personas que son incómodas para el régimen comunista. Además, debido a que en estas investigaciones se pueden aducir secretos de Estado, en muy pocas ocasiones se conocen los detalles de estos casos.

Mientras tanto, Canadá se ha limitado a afirmar que está haciendo todo lo posible para obtener información sobre lo sucedido, y la ministra de Asuntos Exteriores de Ottawa, Chrystia Freeland, ha reconocido que el Gobierno está preocupado. «Canadá ya se ha puesto en contacto con los funcionarios chinos para tratar el caso», informó este jueves. En esta coyuntura, la operación contra Meng se ha convertido en un peliagudo asunto diplomático que también provoca temor entre los empresarios a ambos lados del océano Pacífico: tanto en China como en Norteamérica, la consigna es no viajar a la otra costa mientras las aguas no se calmen.

 

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