Los análisis forenses retrasan la entrega de los cuerpos a los familiares

Dos mujeres de Christchurch lloran la muerte de cincuenta de sus convecinos./AFP
Dos mujeres de Christchurch lloran la muerte de cincuenta de sus convecinos. / AFP

La primera ministra se compromete a acelerar el proceso para que los restos se puedan sepultar en el plazo que establece su religión

P. M. DÍEZEnviado especial a Dunedin (Nueva Zelanda)

«Los cuerpos van a comenzar a ser devueltos al final de la tarde -por ayer-. Será un pequeño número, pero esperamos que todos los restos hayan podido ser entregados para el miércoles». Tras reunirse con representantes de la comunidad musulmana, la primera ministra neozelandesa, Jacinda Ardern, se comprometió ayer a acelerar lo máximo posible la entrega de los cincuenta cadáveres a sus familiares para que puedan efectuar los ritos funerarios de conformidad a su religión, que establece un plazo de unas 24 horas para enterrar a sus fallecidos.

Tanto el Gobierno como la policía neozelandesa expresaron su comprensión y su interés en satisfacer esta demanda, pero pidieron paciencia con los tiempos. «No hay nada peor que dar el cuerpo equivocado a los familiares, que es lo que ocurre cuando se va con prisas», se sinceró la jefa de los forenses, Deborah Marshall.

Justo antes de la reunión, Jacinda Ardern depositaba un ramo de flores en la mezquita de Kilbirnie, en Wellington, en un acto donde las emociones estuvieron a flor de piel. Entre lágrimas, se abrazó con varios miembros de la comunidad musulmana para expresarles su solidaridad y la de toda la sociedad neozelandesa, que todavía no se cree que una matanza así haya ocurrido en un país hasta ahora modélico y se está volcando en vigilias multitudinarias.

Deborah Marshall (forense).
«No hay nada peor que dar el cuerpo equivocado, que es lo que ocurre cuando se va con prisas»
Investigación.
Tarrant envió su manifiesto a 30 instituciones, políticos y medios 9 minutos antes del primer ataque

Entre la conmoción, los homenajes y la psicosis terrorista, en Nueva Zelanda sigue la investigación por el brutal atentado contra dos mezquitas de Christchurch, que se cobró la vida de medio centenar de personas. Jacinda Ardern confirmó ayer que nueve minutos antes del asalto a la primera de las dos mezquitas atacadas, su oficina recibió por correo electrónico el manifiesto en el que Brenton Tarrant justificaba su acción, y que también fue enviado a una treintena de destinatarios, incluidos políticos, instituciones y medios de comunicación. Según la primera ministra, el correo fue puesto en manos de los responsables de seguridad dos minutos después de su recepción pero «no incluía ni el lugar ni datos específicos» sobre el ataque.

En medio de la tensión que ha desatado esta psicosis terrorista, la policía cerró ayer el aeropuerto de Dunedin, la ciudad a 330 kilómetros de Christchurch donde vivía Brenton Tarrant. Según informa el periódico local 'Otago Daily Times', la detección de una «bolsa sospechosa» en uno de sus edificios obligó a las autoridades a llamar a los artificieros y al Ejército, que evacuaron el aeropuerto. Las autoridades también reforzarán desde hoy la presencia policial en Christchurch -colegios, negocios, locales de ocio...- y en las mezquitas de todo el país durante la celebración de plegarias.

Tras la imputación por asesinato de Brenton Tarrant, fueron liberados los otros dos sospechosos detenidos el viernes. Se trata de una mujer que fue puesta en libertad sin cargos y un hombre acusado de un delito relacionado con armas de fuego, pero no implicado en el tiroteo de las mezquitas. Todo indica que estaban haciendo algún trapicheo ilegal en el lugar equivocado y en el momento más inoportuno, y que cayeron detenidos cuando la policía iba a la caza de Tarrant.

De los 48 heridos en el atentado, doce continuaban ayer en estado crítico. Entre la vida y la muerte, una niña de cuatro años ha sido trasladada al hospital infantil de Auckland, en la isla norte de Nueva Zelanda.

El portero de la selección de fútbol sala, entre los fallecidos

Entre el medio centenar de fallecidos en el ataque a las dos mezquitas figura Atta Elayyan, guardameta de la selección de fútbol sala de Nueva Zelanda e internacional con los 'Futsal Whites' en 19 ocasiones. Según informó ayer la Federación neozelandesa de Fútbol sala (NZF), Elayyan, de 33 años, estaba rezando en la mezquita Al Noor, próxima al parque Hagley, cuando se produjo el ataque. Nacido en Kuwait, era un «miembro respetado de la industria tecnológica de Christchurch», casado y con una hija, Aya.

Andrew Pragnelli, director ejecutivo interino de la Federación, aseguró que era un día «triste» y tuvo un recuerdo para todas las personas implicadas en la tragedia, en la comunidad del fútbol y el fútbol sala del país y en la familia del guardameta. «Todavía es difícil comprender lo que sucedió en Christchurch el viernes por la tarde. En nombre de todos en New Zealand Football, nuestros pensamientos y oraciones se dirigen a todos los que han sido afectados por estos atroces actos de violencia. Mi corazón está con la comunidad de fútbol sala. Son un grupo muy unido y esta noticia de la muerte de Atta será devastadora para todos los que participan en el juego. Sentimos su dolor y su pena», dijo Pragnelli.

Josh Margetts, director de desarrollo del fútbol sala en Nueva Zelanda, era compañero de equipo de Elayyan en los 'Futsal Whites' y se sintió destrozado al enterarse de la noticia.

«Atta fue un gran hombre y muy apreciado por todos los integrantes de la plantilla de 'Futsal Whites' y de la comunidad futbolística. No hay palabras para resumir cómo nos sentimos todos. Hay un gran daño en nuestros corazones desde que conocimos la pérdida de una gran persona y una buena pareja. Se le echará mucho de menos», manifestó el técnico.

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