Venezuela reclama: «¿Por qué no convoca Sánchez elecciones, quién le ha elegido a él?»

Jorge Arreza en la ONU. /AFP
Jorge Arreza en la ONU. / AFP

El ministro de Exteriores caribeño, Jorge Arreaza, arremete en la ONU contra España mientras Pompeo exige al mundo que se posicione contra el régimen chavista

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (EE UU)

La última oportunidad de Nicolás Maduro para recuperar cierta legitimidad internacional y recibir un balón de oxígeno para su Gobierno se desvaneció ayer en la ONU, donde, lejos de mostrar un lado conciliador al que pudieran aferrarse los países incómodos con el intervencionismo estadounidense, el canciller venezolano se revolvió como un animal herido.

De entre todos los que recibieron sus latigazos destacaba el presidente español Pedro Sánchez, «¿por qué no convoca él elecciones, quién le ha elegido a él?», bufó el ministro de Asuntos Exteriores, Jorge Arreaza. Desafiante, el yerno de Hugo Chávez se mofó del plazo de ocho días que le ha dado el Ejecutivo español para convocar nuevas elecciones y parafraseó a Simón Bolivar en los bancos del Orinoco: «Lo mismo da para Venezuela combatir a España que al mundo entero, si el mundo entero la ofende», proclamó.

Junto al secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, Arreaza era el único ministro en la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU en que Estados Unidos dio un ultimátum al mundo: «No más excusas», demandó Pompeo. «Ha llegado el momento de que cada nación elija un lado. O estás con las fuerzas de la libertad o en la liga de Maduro y su caos».

Pompeo no se quedó a escuchar lo que su único homólogo tenía que decir. Prefirió reunirse fuera con la prensa para enfatizar que «el momento es ahora», reiteró el representante del país que «toma nombres» de quienes no secundan sus políticas, dijo la embajadora, Nikki Haley, al inaugurar el Gobierno de Donald Trump en la ONU.

Washington busca una respuesta unánime de la comunidad internacional para elevar la presión y rematar al Gobierno de Maduro sin darle tiempo a que reaccione. Por eso la palabra que más repitió ayer Pompeo fue «ahora». Él después sólo planeó como una amenaza velada. El hombre que dirigiese la CIA no llegó a articular sanciones contra quienes sigan haciendo negocios con el Ejecutivo chavista por «no adelantarse», explicó, pero dejó claro que exigirá a todos los países «que se unan a nosotros en reconocer al autoproclamado presidente interino Juan Guaidó y que cada una de esas naciones se asegure de que desconecta al régimen de Maduro de los sistemas financieros».

En esa empresa se topará con Rusia y China como los mayores obstáculos, aunque dijo que piensa hablar con sus gobernantes y espera que cambien de opinión.

Oposición de Rusia y China

El embajador de Moscú, Vassily Nebenzia, interpretó que el golpe de Estado orquestado en la Casa Blanca es la verdadera amenaza para la región. «Mañana puede ser otro país latinoamericano», advirtió. Se hacian eco de ese temor actores más débiles como San Vicente y las Granadinas, que aún recuerdan «las cicatrices del intervencionismo estadounidense por todo el Caribe», y países como Guinea Ecuatorial, que junto a China y Rusia evitaron una declaración de apoyo a la Asamblea Nacional de Guaidó.

Como espectro resucitado de esos tiempos tenebrosos que parieron la dictadura de Pinochet y los escuadrones de la muerte, acompañaba a Pompeo el nuevo halcón de Trump para Venezuela, Eliott Abrams, rescatado del destierro político a los 71 años. El adjunto del Departamento de Estado para Asuntos Interamericanos en la era Reagan y asesor de Bush durante la guerra de Irak no pensaba intervenir, pero saltó del asiento cuando escuchó a Arreaza llamar a los gobiernos latinoamericano y europeos «satélites» de EE UU. «¡Para satélites Venezuela con Cuba!», espetó.

Al yerno de Chávez, que ha prometido no darle excusa militar a EE UU porque «en Venezuela se recuperará la paz y estabilidad», le gustó recordarle que fue condenado por su papel en la financiación de la contra nicaraguense con petróleo iraní, además de haber mentido al Congreso sobre las matanzas en El Salvador y haber liderado el golpe contra Noriega, sin rechazarle por ello. «Siempre hemos dicho que nos reuniríamos hasta con el diablo, así que le damos la bienvenida, ojalá podamos reunirnos a hablar respetuosamente», propuso al salir.