Boris Izaguirre: «Mi mariconeo me ha llevado muy lejos»

Boris Izaguirre: «Mi mariconeo me ha llevado muy lejos»

Boris Izaguirre comienza mañana en DKISS el programa en el que ayudará a las novias a encontrar el traje perfecto. «El vestido de bodas es uno de los derechos de la mujer»

JULIÁN ALÍA

En este programa hemos llorado todos. Yo a veces ya lloraba directamente antes de que empezara», reconoce Boris Izaguirre (Caracas, Venezuela, 53 años), que mañana a las 21 horas debuta al frente de '¡Sí, quiero ese vestido! España', el nuevo programa de DKISS en el que ayuda a las novias a elegir el traje perfecto para su gran día. «Es una manera de retribuir a las mujeres todo lo que han hecho por mí, como cuando me defendían en el colegio cuando me pegaban», comenta el presentador, que una hora más tarde (22.05 horas) disputa la semifinal de 'MasterChef Celebrity' (La 1), donde todavía no ha entregado la cuchara.

-¿Pueden convivir el vestido de novia y el feminismo?

-Mis padres consideraban todo ese universo del matrimonio religioso como algo de lo que eran muy antagónicos. Y yo fui criado de esa forma, pero en este programa me he dado cuenta de que la pregunta tiene todo el sentido del mundo. En los tiempos del 'Mee Too', el vestido de novia puede seguir siendo un fenómeno. La respuesta está en lo que significa, la emoción que encierra el traje. Esa emoción a mí me ha permitido explorar un territorio nuevo del mundo femenino. Y ese territorio es la verdadera ilusión, las historias reales de muchas de estas novias que nos cuentan que desde niñas se ponían en la cama y utilizaban las sábanas para hacerse el vestido.

-Así que hoy discutiría con su madre sobre el significado del vestido de novia...

-Estoy completamente a favor de todo lo que signifique avance en los derechos de las mujeres. Y tan a favor estoy, que he entendido que el vestido de novia es considerado uno de esos derechos. Si mi mamá estuviera viva, tendríamos una fuerte discusión sobre esto. Pero al final me diría: 'Pues fíjate que sí, que realmente es algo muy íntimo y muy personal de lo femenino, que necesita también ser exteriorizado'.

-¿Siente presión con este reto?

-Muchísima presión. Sufro horrores con las audiencias. He estado en programas con inmenso 'share', y en otros que no han tenido nada. Debería estar curado de esto. Ahora con 'MasterChef', cada lunes es un agobio hasta que viene el dato. Pienso: '¿Cómo puede ser que otra vez estés en la misma situación?'. Pero me gusta mucho la apuesta. Yo pensaba que mi relación con la televisión ya había encontrado como una especie de planicie. Y de repente ha venido este subidón. Y claro, me encantaría que fuese muy compartido.

-¿Lo ve como una segunda oportunidad?

-Sí, y estoy muy contento por que suceda. Es verdad que no he parado de hacer televisión en estos veinte años. Incluso he hecho televisión en los Estados Unidos los últimos cuatro años. Creo que ese tiempo me ha dado un sosiego que no encontraba aquí y que estaba haciéndome daño. Estuvo bien ese paréntesis. Y de repente vino este segundo tren. Entendí que tenía que subirme, y ligero de equipaje. Como diciendo 'no va a pasar más veces'. El primero pasa y realmente no te das cuenta, el segundo es el que importa.

-¿Qué le pareció el caso 'mariconez' de 'Operación Triunfo'?

-Lo políticamente correcto se ha convertido en un yugo. Me parece fantástico que una persona de veinte años considere que es homofóbica la palabra, pero en realidad en el contexto de la canción no lo era. Creo que tenemos que ser un poquito más relajados, pero me pareció muy bien el planteamiento de ella y cómo se solucionó todo y el debate en sí. Cuando vea a María le diré que, aunque entiendo que es un insulto, a mí nunca me ha importado mi mariconeo porque me ha llevado muy lejos.

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