Pecado de bondad

Pecado de bondad
OLGA AGÜERO

Los vecinos de un pueblo murciano celebrarán un funeral durante la fiesta de la democracia. Ninguno votará porque consideran que las administraciones les tienen abandonados. La circunstancia evoca aquel 'Ensayo sobre la lucidez' de Saramago, cuando una mayoría de ciudadanos votan espontáneamente en blanco en unas elecciones. El gobierno reacciona con miedo. Impone el estado de sitio, levanta un muro para aislar a los presuntos conspiradores, manipula medios de comunicación y hasta provoca un atentado. Sustitúyase esto por las cloacas de Interior, añada el 155 y el muro de Melilla que aspira a levantar Vox con el ahorro de cerrar TV3. Los impulsos parecen ser bastante semejantes.

Saramago denunciaba que la democracia solo es un ejercicio formal. Las elecciones pueden quitar un gobierno, pero no cambiar el verdadero poder: las estructuras económicas. La revolución del voto en blanco cuajó años después, distintamente, en el 15M. Ahora alguna otra indignación, corriente de exaltado nacionalismo español que propaga miedo hacia la inmigración, ha resucitado la extrema derecha. Que la diestra clásica abraza con palmaria naturalidad.

En televisión una empresa de seguridad primero siembra el miedo -ayer robaron a mis vecinos- y luego nos vende la alarma. Simil político del 'efecto llamada', extrañamente ausente en campaña. Los inmigrantes nos quitan españolidad, trabajo y pensión. Una vez inoculado el temor, nos venden los candados para las fronteras y la sanidad pública.

«Protegemos que tú tengas seguridad», publicita la fábrica de alarmismo. «Quiero ser el presidente que proteja a todos los españoles», clama Rivera. «Salvaguardar la unidad de España», predica Casado y más policía para 'regular' la inmigración. Solo abordada en el segundo debate, sin mucho entusiasmo ni propuestas concretas. Cuando las aguas revueltas del Mediterráneo también se han divido en dos: un mar rojo de sangre derramada y la otra orilla, costa azul, de cálido refugio.

El PSOE ofreció limar concertinas. Podemos, abrir puertas sin mucha concreción. Rivera dijo que la inmigración es un asunto capital. para pagar las pensiones. Por un momento creímos que iba a decir que rescatar personas es cuestión de humanidad. «El mejor aliado de la xenofobia es el buenismo», añadió.

Sampedro tenía razón. Nos gobiernan a través del miedo, que es más fuerte que el altruismo o la bondad. Salvar vidas es pecar de bueno. Tras el espejismo del Aquarius, Sánchez nos vendió por cinco fragatas cuando cerramos los ojos al tráfico de armas con Arabia Saudí. Deberíamos preguntarnos qué país podemos edificar sobre estos cimientos.