Una década perdida para los salarios

Un obrero camina con su casco. /Archivo
Un obrero camina con su casco. / Archivo

Los trabajadores tienen casi dos puntos menos de poder de compra que antes de la crisis

Lucía Palacios
LUCÍA PALACIOSMadrid

Al bolsillo de los trabajadores aún no ha llegado la recuperación, pese a que España va ya por el quinto año de crecimiento económico ininterrumpido después de la dura crisis que azotó el país. Así, pese a que el PIB ha registrado incrementos por encima del 3% en los últimos tres años, los salarios no han avanzado a este ritmo. Ni mucho menos.

Es más, puede decirse que el poder adquisitivo de los trabajadores se ha reducido en la última década casi dos puntos de media. Y es que aunque los datos digan que el sueldo medio en España ha aumentado en algo más de 2.500 euros en la última década, al ascender hasta los 22.806 euros brutos al año frente a los 20.246 euros de 2007 –­según se refleja en la Encuesta Anual de Coste Laboral publicada por el INE–­, la realidad es bien diferente y ese dinero de más no ha ido a la cartera de los empleados, sino a pagar el encarecimiento de la vida. Y no llega. Porque mientras que el salario bruto medio creció un 12,65% de 2007 a 2017, la inflación en ese decenio se incrementó un 14,44%, lo que significa que los españoles han perdido 1,79 puntos de capacidad de compra.

Incluso ha habido años, como en 2012, 2014 y 2016, en el que la remuneración media de los ocupados disminuyó: un 0,62%, un 0,21% y un 0,32%, respectivamente. Y eso que los trabajadores mejor pagados tiran mucho hacia arriba del salario medio, como se evidencia en el hecho de que el sueldo más frecuente disminuye hasta los 16.497 euros brutos al mes, según los datos de otra encuesta del INE referentes a 2016. Esto significa que la mayor parte de españoles cobra en el entorno de los 1.000 euros al mes netos, o menos, una vez descontados impuestos y divididos en 14 pagas.

A modo de consuelo, cabe destacar que este estancamiento e incluso caída de los salarios no es un fenómeno exclusivo de España, sino que se ha producido en la mayor parte de países. El crecimiento mundial de los sueldos en 2017 no fue solo menor que en 2016, sino que registró la tasa de crecimiento más baja desde 2008, situándose además muy por detrás de los niveles alcanzados antes de la crisis financiera mundial, según recoge el último informe publicado esta misma semana por la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

De esta forma, el incremento mundial de los salarios en términos reales (es decir, ajustado por la inflación) disminuyó del 2,4% en 2016 a un mero 1,8% en 2017. Peor es el dato si se circunscribe a Europa (sin incluirse a Europa Oriental), donde el crecimiento de los salarios reales disminuyó del 1,6% en 2015 al 1,3% en 2016, hasta alcanzar un crecimiento cercano a cero en 2017. La razón –­explica la OIT–­ hay que buscarla en el menor crecimiento en países como Alemania y Francia, y en la disminución de los salarios reales en España e Italia.

¿Cuáles son las causas?

Pero, ¿cuáles son las causas de esta desaceleración precisamente en un momento en el que el PIB se recupera y la tasa de desempleo disminuye en la mayor parte de países? Entre las posibles explicaciones, está el crecimiento lento de la producción, la intensificación de la competencia mundial, la disminución del poder de negociación de los trabajadores, así como la incapacidad de las estadísticas de desempleo para captar fielmente la holgura del mercado de trabajo y una perspectiva económica incierta que puede haber desalentado a las empresas a aumentar los salarios, según explica la OIT.

La peor parada de todos los países de la Eurozona –­con permiso de Grecia–­ es España, donde los sueldos reales disminuyeron un 1,8% el año pasado, su nivel más bajo desde antes de la crisis, y eso pese a que la economía avanzó un 3% en 2017, según se desprende del mencionado informe. Así, pese a que las estadísticas salariales son muchas, en su mayor parte constatan la moderación salarial e incluso congelación en muchos casos, sostiene Florentino Felgueroso, investigador de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea). «Estábamos acostumbrados a que los salarios aumentaran bastante más que ahora», explica el experto, que resalta que lo normal en muchos convenios colectivos era recoger el incremento de la inflación más otros dos o tres puntos adicionales de ganancia, algo que augura no sucederá en los próximos años, en los que pronostica todavía unas subidas «moderadas».

Efectivamente, del año 2000 a 2008 los salarios pactados por convenio subieron de media por encima del 3%, según los datos recogidos por el Ministerio de Empleo. Pero ya en 2009 se redujo el incremento al 2,25%, cayendo a partir de entonces y tocando fondo en 2014, con apenas un alza del 0,5%, aunque se compensó entonces con una inflación negativa.

Y, pese a que en 2017 los salarios se impulsaron un 1,47%, no fue suficiente puesto que los precios subieron un 2%. Mejor camino llevan a lo largo de este ejercicio, más si cabe tras la firma en julio del IV Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC), que recomienda a los empresarios subidas del 2% más un punto adicional en función de la productividad y de la marcha de las empresas. Así, aunque la media con datos de octubre se sitúa en el 1,69%, los que se han firmado en los dos últimos meses se acercan a incrementos del 2,2%.

Cambio de tendencia

«Estamos cambiando la tendencia y, si la inflación cierra en el 1,7%, recuperaremos un poquito el poder adquisitivo perdido», asegura Mari Cruz Vicente, secretaria confederal de Acción Sindical de CC OO, que culpa del «retroceso» experimentado en materia salarial durante la crisis a la reforma laboral, principalmente por el hecho de eliminar la ultraactividad de los convenios colectivos, establecer la prevalencia de los convenios de empresa sobre los del sector y por permitirse la inaplicación de los convenios pactados, puntos que el actual Gobierno ya ha anunciado que pretende cambiar próximamente.

Felgueroso considera que la reforma laboral sí es responsable de la devaluación salarial, pero solo en un porcentaje entre un 10% y un 15%; el resto, se explica por muchos otros factores económicos, principalmente por las altas tasas de paro y subempleo, y las bajas expectativas de inflación, tal y como constata un estudio publicado recientemente por el Banco de España.

Y es que, aunque el desempleo ha caído en más de doce puntos desde el máximo marcado en 2013, cuando rozó el 27%, sigue pesando mucho a la hora impulsar los salarios, puesto que hay menos reivindicación por parte de los trabajadores, sabedores de que en caso de que les despidan no es fácil encontrar otro empleo. Pero es que, además, la crisis ha disparado la precariedad laboral y el subempleo, con un fuerte crecimiento de la temporalidad, de los contratos de menos de siete días y también del empleo a tiempo parcial. De igual manera, las menores tasas de crecimiento de la productividad también están afectando negativamente.

Felgueroso también cita entre los factores responsables de esta moderación salarial el hecho de que se esté produciendo un aumento del poder de monopsonio de las empresas, algo provocado por el avance de la subcontratación, o porque también se dan ahora compañías muy grandes, como Google o Amazon, lo que hace que muchos trabajadores negocien con una sola empresa.

«No veo yo que todos los factores que influyen vayan a cambiar en el corto plazo como para que aumenten las remuneraciones, al menos para que se note y se recuperen los niveles salariales», sostiene este investigador, que considera que «los incrementos precrisis del 5% o 6% nunca volverán».

Más presión sindical

«Si no se actúa sobre los salarios estaremos en otro proceso de recesión económica», sostiene la secretaria de Acción Sindical de CC OO, que advierte de que, en caso de que no terminen de despegar, no habrá un proceso pacífico, como así lo constata el hecho de que el nivel de movilización está creciendo.

En esta misma línea se manifiesta su homólogo de UGT, Gonzalo Pino, que insta a que las medidas pactadas en el IV AENC «se materialicen de forma inmediata», ya que si no, «no nos dejan otra salida que ejercer la presión adecuada para la promoción y defensa de los derechos de los trabajadores».

El despegue de los salarios dependerá de la evolución de la situación económica, reflexiona Jordi García Viña, director de Relaciones Laborales de CEOE, quien, no obstante, considera que «lo normal es que vayan subiendo», aunque muestra su contrariedad por la «decisión unilateral» del Gobierno de incrementar de golpe el salario mínimo un 22%, algo que –­a su juicio–­ «va a tener importantes perjuicios económicos».

Miles de empleados públicos siguen a la espera de la subida salarial de 2018

Los empleados públicos han tenido este año una subida salarial del 1,75%, tal y como se suscribió en el acuerdo firmado entre Gobierno y sindicatos el pasado mes de marzo. La inmensa mayoría de funcionarios vio reflejada esta alza en sus nóminas una vez aprobados los Presupuestos Generales, pero no todos. Así, miles de trabajadores del Estado siguen a la espera de que se materialice este incremento, pese a que el año está llegando ya a su fin. Se trata, principalmente, del personal laboral que trabaja para las empresas públicas del Estado, como son Correos, Paradores, Tragsa, Adif, la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, Navantia, Aena, Museo del Prado... Afecta a más de 90.000 personas, a las que hay que añadir otros 1.000 que trabajan para Patrimonio Nacional, a los que esta semana les ha llegado una propuesta para empezar a negociar, según informa el sindicato CSIF.

Y es que, pese a que son empleados públicos, se rigen por sus propios convenios colectivos. Así, por ejemplo, recientemente se suscribió el convenio para los trabajadores del Banco de España, que recoge ya ese aumento del 1,75%.

Pero el acuerdo firmado incluía además las subidas para los próximos dos años. Así, se pactó que en 2019 las remuneraciones de los funcionarios se elevaran un 2,25% con carácter fijo –­que podría aumentar otro 0,25% si el PIB crecía un 2,5% o más–­ y en 2020 un 2% ampliable a 3% en función de la evolución de la economía. De esta forma, en tres años el incremento salarial de los empleados públicos podría llegar hasta un 8,8%, después de años de congelación e incluso recortes. Sin embargo, esta subida está condicionada, en principio, a que se aprueben los Presupuestos Generales para 2019, algo que no parece muy probable a día de hoy.

Es por esto que los sindicatos se están movilizando para exigir al Gobierno que garantice la subida del 2,25% del próximo año aunque no haya cuentas y exigen que lo haga mediante la aprobación de un Real Decreto. «No estamos dispuestos a que se tome la costumbre de retrasar la subida salarial», explican fuentes de CSIF, que denuncian que el Ejecutivo está utilizando a los empleados públicos como «rehenes de la negociación presupuestaria» y por eso amenazan con movilizaciones si no lo hacen.

Desde el Ministerio dirigido por Meritxell Batet muestran su «rotunda voluntad» de cumplir el acuerdo firmado en su totalidad, incluidas las subidas salariales, haya o no Presupuestos. Sin embargo, fuentes cercanas a la negociación explican que lo que no tienen es el compromiso de que sea en enero, por lo que se temen una vez más un retraso a la espera de que se aprueben las nuevas cuentas o bien se descarten.

 

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