España se desmarca de Italia y no teme que se contagie el castigo de los mercados

Mario Centeno, presidente del Eurogrupo, conversa con la ministra Nadia Calviño en Luxemburgo./Efe
Mario Centeno, presidente del Eurogrupo, conversa con la ministra Nadia Calviño en Luxemburgo. / Efe

«No veo ese efecto en ningún sitio», sostiene Calviño después de que Roma se haya lanzado a un déficit del 2,4% hasta 2021 que ha encendido la alarma en la zona euro

SALVADOR ARROYOCorresponsal en Bruselas

España no es Italia. Por tanto, ni los mercados financieros tendrían motivos para cargar sobre nuestra economía, ni la UE debería mostrarse más recelosa con el proyecto de presupuestos hilvanado en Madrid (todavía en el aire), que eleva en 6.000 millones de euros el techo de gasto, el 0,5% del PIB. Con esa claridad se expresó este lunes en Luxemburgo la ministra de Economía, Nadia Calviño. Ni teme «un efecto contagio» por el pulso de Roma ni, desde luego, Bruselas debería endurecer su postura hacia España, porque España cumple: «nuestra senda de marco presupuestario para 2019, está perfectamente encuadrada en las normas comunitarias».

La ministra lanzó ambos mensajes antes de participar en una reunión del Eurogrupo que si bien no tenía a Italia en la agenda, marcó buena parte de ella. Porque era la primera vez que los diecinueve países del euro se encontraban después de que el pasado jueves, la coalición de Gobierno que integran los populistas del Movimiento 5 Estrellas y la ultraderechista Liga Norte, encendieran las alarmas con un plan económico que elevaría el déficit público del país transalpino al 2,4 % del PIB. Y no solo en 2019, sino durante tres años consecutivos, hasta 2021. Un auténtico trompo que le saca de la senda marcada por la UE. Multiplica por tres los objetivos de anteriores gobiernos e, incluso, rebasa el desfase del 1,6% que el actual ministro de Economía, Giovanni Tria, había hecho llegar a Bruselas.

El plan de 5 Estrellas y Liga Norte desplomó la bolsa italiana un 4% y disparó#su prima de riesgo

Por eso el representante italiano tenía ayer un 'papelón': defender ante sus socios del euro «las medidas a adoptar. Deben estar tranquilos», aseguró. «A nadie le beneficia que se desencadene un episodio de inestabilidad financiera y menos a Italia», apuntaba su homóloga Calviño antes de escuchar las explicaciones. Un aviso a navegantes. Y también gran parte de la clave hacia un desenlace menos efectista.

Problema interno

Porque ya el simple anuncio de la medida, provocó el jueves un desplome del 4% en la bolsa italiana y elevó su prima de riesgo hasta los 274,40 puntos básicos. El Ibex también notó la convulsión; cedió 1,5 puntos. Pero, además, la medida de populistas y ultraderecha tiene rechazo en casa; entre otros, el del presidente de la República, Sergio Mattarella. Su mantra: «presupuestos equilibrados y sostenibilidad de la deuda». Nada se cumple.

El lío está montado dentro. Y Bruselas tiene la esperanza de que se encauce también dentro. Antes del 15 de octubre, cuando debe recibir oficialmente el plan italiano o durante la fase de análisis posterior. Preocupa que haya que amonestar a Roma porque sería aprovechado por un gobierno euroexcéptico para cargar más leña contra Bruselas.

Pero ya ha habido advertencias. La del comisario de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, que subraya que la zona euro no está interesada en que «Italia siga acumulando deudas» (el lastre se computa por encima del 131% de su PIB); la del presidente del Eurogrupo, el portugués, Mario Centeno -«hay principios que deben ser cumplidos por todos los países»-; o la del ministro de finanzas galo, Bruno Le Maine: «las reglas son las mismas para todos los estados y todos debemos cumplirlas porque nuestro futuro esta muy ligado».

 

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