Los cajeros sobreviven a los cierres de la banca al crecer un 5% en tres años

Clientes sacan dinero del cajero de una oficina del Banco Popular en Madrid. /Virginia Carrasco
Clientes sacan dinero del cajero de una oficina del Banco Popular en Madrid. / Virginia Carrasco

Desde 2015 hay 2.372 terminales automáticos más, mientras que el número de oficinas es un 40% inferior al que existía hace una década

José María Camarero
JOSÉ MARÍA CAMAREROMadrid

Cuando la banca móvil parecía imponerse entre los clientes, convirtiéndose en la gran apuesta de las entidades para agilizar las operaciones sin necesidad de recurrir a las oficinas, los cajeros automáticos han conseguido hacerse un hueco en el pujante mundo financiero digital. Lo han hecho sutilmente, sin hacer prácticamente ruido. Pero lo cierto es que se han convertido en el único superviviente físico de la banca tradicional. A pesar de los recortes sufridos en la crisis, en los últimos años se ha incrementado su presencia en muchos puntos de la geografía.

Hasta el primer trimestre de este año, el sistema financiero contaba con 52.236 terminales disponibles tanto dentro de las oficinas como en las fachadas de las sucursales, así como en cada vez más centros comerciales, estaciones de servicio y grandes superficies donde su uso es mucho más intenso de lo habitual. Esta cifra supone un incremento cercano al 6% en el número de cajeros hábiles con respecto al año pasado, según la estadística actualizada del Banco de España.

El crecimiento no es exclusivo de este último ejercicio, sino que prolonga una tendencia que ya se observaba en el sector bancario desde finales de 2015, precisamente cuando la recuperación económica y financiera atisbaba algo de luz al final del túnel de la crisis. Desde entonces, hay un 4,7% más de terminales para uso de los clientes bancarios. En tres años, se han habilitado 2.372 aparatos.

En 2015, había disponibles 49.864 cajeros, la cifra más baja desde el año 2002, después de que la banca optara por clausurar casi un 20% del parque desde los máximos del 2008. Entre ese año y 2014 desaparecieron de las calles 11.850 cajeros automáticos.

La sangría se detuvo en 2015 como una reacción de las propias entidades a la política de cierre de oficinas que vienen llevando a cabo desde hace una década. El número de sucursales que tiene la banca abiertas asciende a 27.228, después de haber sufrido un recorte superior al 40% desde el año 2008. En este tiempo, casi la mitad de oficinas han sido clausuradas como consecuencia de la integración de entidades, pero también por el auge que tiene Internet como sustituto de las operativas y servicios tradicionales físicos de la banca.

Remedio contra el abandono

En este mundo digitalizado, el auge de los cajeros se explica en buena medida por la escasa o nula presencia de la banca en muchas poblaciones. De hecho, prácticamente en la mitad de los municipios españoles no hay ninguna oficina física.

La desolación bancaria es prácticamente total en los pueblos de menos de 100 habitantes, donde la falta de sucursales roza ya casi el 100% del total, según el informe del supervisor. Son casi 1.300 municipios sin bancos. En el caso de las poblaciones de entre 100 y 500 habitantes, la ausencia de sucursales alcanzaba un 75% en 2016, frente al 70% contabilizado una década antes. Para los municipios con entre 500 y 1.000 vecinos censados, ya hay un 39% sin oficinas frente al 27% de diez años antes. E incluso para aquellos lugares con más de 1.000 y hasta 10.000 ciudadanos, en muchos casos se ha duplicado el cierre de entidades durante los años de la última gran crisis financiera.

Ante esta situación, las quejas de los clientes bancarios de zonas rurales han proliferado exigiendo soluciones a sus entidades. Desde la Asociación Española de Banca (AEB), su presidente, José María Roldán, apuntó antes del verano que una posible solución a este problema podría pasar por las 'sucursales multimarca'. Esto es, que varios bancos compartan recursos en una determinada población para poder llegar a sus clientes. Aunque los responsables de las grandes firmas no han cerrado la puerta a esta posibilidad, muchos han apuntado al camino de las oficinas móviles y sobre todo a los cajeros como alternativa para llegar a toda la población.

Hay que tener en cuenta que estos terminales son tecnológicamente cada vez más sofisticados y permiten, más allá de retirar dinero -la operativa habitual y más utilizada en ellos-, la posibilidad de ingresar billetes y cheques, pagar determinados impuestos y tasas o realizar transferencias, entre otras muchas funciones alternativas.

La retirada de efectivo aumenta por cuarto año consecutivo

No solo hay más cajeros que hace cuatro años por toda España, sino que, además, su uso se ha intensificado en cuanto a la retirada de efectivo, la operativa tradicional ligada a estos terminales. En concreto, durante 2017 los titulares de tarjetas realizaron 933,5 millones de operaciones, lo que supone un crecimiento del 1% con respecto al ejercicio anterior, según los últimos datos del Banco de España.

El auge en el uso de los cajeros ha seguido estable desde 2014, con un crecimiento acumulado desde ese año del 3,6%. Lo ha hecho después de cinco años en los que los ciudadanos dejaron de usar los cajeros como consecuencia de la crisis. Porque entre 2009 y 2013 el número de operaciones registradas cayó un 12% desde los máximos del 'boom' económico.

Al mismo tiempo, los importes que se han retirado de esos terminales también ha aumentado, al ritmo que ha ido avanzando la recuperación económica. Las familias disponen de más renta disponible y esa realidad se nota en los importes retirados. Durante 2017 seta cuantía ascendió a 122.473 millones de euros, un 3,5% más que en el ejercicio anterior, y hasta un 12% más que cinco años antes, según los registros del supervisor.

La media, por tanto, se situó en los 131 euros extraídos cada vez que se utilizaron los cajeros de las diferentes redes. Esta cuantía es diez euros superior a la que se sacaba de los cajeros cinco años antes, cuando se contabilizaban unos 121 euros, un registro que también demuestra un mayor dinamismo en las economías domésticas de los españoles.

 

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