Semifinales | Ida

El Bernabéu presiona más que anima

La pancarta desplegada por parte de la afición del Real Madrid./AFP
La pancarta desplegada por parte de la afición del Real Madrid. / AFP

La afición madridista se dedicó a protestar y a intentar condicionar al árbitro antes que volcarse en empujar a su equipo

Amador Gómez
AMADOR GÓMEZMadrid

Pese a que Vinicius se encargó de levantar al Bernabéu con sus veloces internadas y desbordes, frustrados con demasiadas ocasiones malogradas, la afición del Real Madrid se dedicó más a presionar al árbitro que a animar a su equipo. Fue el conjunto de Santiago Solari y, sobre todo, el joven delantero brasileño, el que hizo reaccionar por momentos a los seguidores blancos, más que ser la grada la que empujase a los suyos, que se movieron a impulsos, sólo relanzados desde la banda izquierda por Reguilón y el nuevo ídolo del madridismo, que perdonó sus oportunidades en un clásico intenso pero con muy poco fútbol, resuelto por la pegada del Barça a la contra.

Bastante más preocupados los aficionados del Real Madrid por condicionar al árbitro y por increpar a Piqué, ya desde que el nombre del central catalán se anunció por megafonía, con el recuerdo del polémico penalti señalado a Casemiro ante el Levante tan reciente, esta vez no hubo abucheos al VAR cuando se recordó el protocolo del videoarbitraje antes del inicio del choque. Entonces fue cuando se desplegó en el fondo sur una pancarta con el lema «A ganar» y «Camino a Sevilla» (sede de la final de Copa en el Villamarín) con un dibujo que reflejaba el juego del comecocos y con un gran escudo del Real Madrid dispuesto a tragarse uno pequeño del Barça.

Fue ese sector del estadio, formado por la llamada 'Grada fans', el que más intentó empujar a su equipo. También cuando Luis Suárez adelantó a los azulgrana al inicio de la segunda parte, cuando el uruguayo silenció al Bernabéu, después de que durante el primer período, con los futbolistas y los aficionados demasiado adormecidos, el público estuviese más pendiente de la actitud del Barcelona, de reclamar con insistencia todas las faltas visitantes y de increpar toda decisión del colegiado contraria al Madrid.

También llegaron a escucharse en esa primera mitad los típicos gritos de «¡Puta Barça, puta Cataluña! por parte de un reducido grupo de hinchas. No tuvieron sin embargo un apoyo masivo por parte del público que llenó el Bernabéu, que se despertó algo a la hora de partido, cuando el Real Madrid, obligado ya a marcar, se lanzó al campo contrario en busca del empate, apretando entonces al encerrado equipo de Ernesto Valverde. Cuando Sánchez Martínez empezó a tirar de amarillas, la afición madridista celebró cada amonestación a los jugadores del Barcelona como si de un penalti se tratara. Y por supuesto, no faltaron las reclamaciones sobre presuntas penas máximas, como ocurrió ya muy pronto, al cuarto de hora, cuando se protestó una caída de Vinicius ante Semedo dentro del área que puso de uñas al madridismo, enmudecido de nuevo cuando llegó el 0-2.

Tan sólo 13 minutos después de ese supuesto penalti a Vinicius que no fue llegó una dura entrada de Semedo a Reguilón que cortó un intento de contraataque del lateral derecho del Madrid que no fue sancionado con tarjeta y que aumentó la indignación de la grada. Tuvo que resignarse sin embargo la afición local con el claro penalti cometido por Casemiro y que llevó el tercero del Barça al marcador, y ahí se que se acabaron definitivamente las esperanzas del Real Madrid. Con la goleada, a falta de un cuarto de hora para el final, fueron muchos los aficionados que empezaron a abandonar el coliseo blanco, donde ya sólo se escuchaban las tímidas palmas de los hinchas más radicales y los gritos de alborozo de los seguidores culés.