Ciclismo

Miguel Ángel Benito 'cuelga' la bicicleta «decepcionado» con el ciclismo

Miguel Ángel Benito, en una carrera./Brevers
Miguel Ángel Benito, en una carrera. / Brevers

El ciclista leonés reconoce que «en este deporte sólo se mide la rentabilidad y no los valores humanos» | Ahora, se centrará en su carrera académica

FERNANDO P. SOTOLeón

El futuro de Miguel Ángel Benito parecía encaminado a convertirse en una de las referencias del pelotón nacional, dados los resultados obtenidos, la versatilidad de su estilo adaptándose a todos los terrenos y, como dijo más de un técnico, su «buena cabeza».

En la etapa como aficionado despuntó sobremanera lo que hizo que uno de los equipos que más apuesta por descubrir el talento, como es el Caja Rural, se fijara en el ciclista leonés como una de las alternativas para dar el salto posterior al profesionalismo.

Se impuso con solvencia en la Copa de España sub-23, consiguiendo el subcampeonato en la categoría absoluta y llegó a disputar dos mundiales, uno en casa -Ponferrada- y otro en Richmond (Estados Unidos) lo que demostraba que el actual seleccionador español le tenía entre su nómina de fijos para las grandes citas.

Sin embargo, cuando todo empezaba a conducir hacia la ascensión a través de la maduración, ya como profesional, en las filas del Caja Rural-Seguros RGA, destacando en pruebas tanto nacionales como también en el extranjero, sucedió lo inesperado, lo que cortó de raíz sus ilusiones que le han llevado a pasar de verse en las grandes citas mundiales a llevarle a una retirada prematura.

El inicio del 'desastre'

Todo sucedió hace un año aproximadamente, en tierras francesas en la prueba Estrella de Besseges, su debut en la temporadas, pese a haber salido, por enfermedad de un compañero el último día en una prueba anterior, la Vuelta a Mallorca.

La preparación había sido, según Benito, «la mejor sin duda de todos los años anteriores, con unos niveles que hacían presagiar un gran año, todo pintaba perfecto», recuerda.

Pero todo se torció el segundo día de competición cuando sufrió una caída y, al intentar levantarse, notó que le fallaba la pierna izquierda, con dolores también en la cadera y se fue al suelo.

«Sabía que no era normal y le dije al coche de equipo que no esperara y que terminaría como pudiera y ya al día siguiente me quedé de salida sin tener capacidad para seguir el ritmo del grupo», relata.

Una lesión que se convirtió en un calvario

Ahí empezó su calvario con una lesión, a la que no se le dio la importancia que quizá tenía en un principio «ya no tanto por un mal tratamiento, sino por un diagnóstico en el que no se encontraba la causa de por qué seguía afectada la cadera y que era lo que hacia que se quedara la pierna izquierda dormida».

Esta circunstancia, que podía haber quedado en una lesión que hubiera requerido una recuperación más o menos complicada, supuso que supusiera el grave contratiempo, con continuas pruebas, sin explicación definitiva alguna, pero sin detectarse la causa de las molestias que le hacían perder fortaleza en la extremidad.

Tras disputar algunas pruebas en las que se vio obligado al abandono por las molestias, acabó encontrando una solución, también en el trabajo psicológico.

El desencadenante -la lesión- condujo a la segunda parte del calvario, con el ciclista leonés de 25 años ya recuperado, pero sin que su equipo le diera las pruebas necesarias para adquirir el tono competitivo y solo incluyéndole en algunas esporádicas según lo reglamentado por la Unión Ciclista Internacional (UCI) -no superar dos meses sin correr- para evitar la renovación automática.

La búsqueda sin éxito de equipo

De esta manera, con tan solo un puñado de días de competición aislados, se le comunicó que no continuaría en el equipo después de cuatro años como profesional y empezó su peregrinaje por otras escuadras, en el panorama nacional, como también en numerosos países, pero chocando siempre con el mismo impedimento.

«Todos veían mi currículo y les llamaba la atención que no hubiera corrido el último año pese a estar recuperado y, lo peor de todo, es que no podía darles una explicación y eso es lo que más me molestaba, porque me pongo en su pellejo y entiendo que les surjan dudas», afirma el ciclista leonés.

En todo caso esta circunstancia también le ha llevado a confirmar que «en el ciclismo profesional, como en cualquier otro deporte no existe el factor humano, simplemente se mide la rentabilidad y quizá cuando empiezas en este deporte piensas que es diferente», se sincera.

Retirada «con todo el dolor del corazón»

Para el recuerdo quedan sus actuaciones en Besseges (Francia), curiosamente el lugar donde comenzaron sus males, la Vuelta a Burgos o la octava posición en la Colorado Classic en Estados Unidos.

Después de que durante los últimos meses se le hayan cerrado todas las puertas, agotando su ilusión, Benito ha optado por colgar la bicicleta «con todo el dolor del corazón» y centrarse en concluir sus estudios universitarios de Ciencias de la Actividad Física y Deporte, del que le quedan cuatro asignaturas.

Su hermano menor, Pablo, sigue sus pasos en la misma escuadra, Caja Rural-Seguros RGA y que, como él, apunta a un futuro más que prometedor, aunque sus características sean más como llegador.

Miguel Ángel, lejos de trasladarle su frustración y desilusión con el ciclismo, tiene claro que su hermano «toma sus propias decisiones» y solo le traslada «algún consejo y opinión personal, sin más añadidos, porque cada experiencia es diferente y seguro que la suya le conducirá donde él quiera», sentencia.

 

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