¿Y si Juego de tronos no fuera para tanto?

Sansa habla con Tyrion./
Sansa habla con Tyrion.

La adaptación televisiva de la épica saga de George R. R. Martin tambien tiene sus detractores | Un crítico y un dibujante describen qué es lo que a su juicio falla

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

No se lo van a creer, pero 'Juego de tronos' también tiene sus detractores. En serio, los tiene. Suelen permanecer en silencio porque, en realidad, «deja a los chavales que camelen», que decía el Fary. Vamos, que si no te gusta, para qué vas a amargar al otro con tus filias y tus fobias. Las opiniones son como las huellas dactilares: todo el mundo tiene una. Pero, ¿y si la adaptación de la saga fantástica de George R. R. Martin no fuera nada del otro mundo? ¿Y si todos estuviésemos equivocados? Hombre, tampoco pasaría nada. Pero, ya que estamos, vamos a ver por qué para algunos 'Juego de tronos' no pasará a la historia de la ficción televisiva. Conozcamos al enemigo.

A Yago García, crítico de cine y televisión en publicaciones como 'Cinemanía' o 'Canino' y conocedor de las novelas de George R. R. Martin, se le quitaron las ganas de seguir viendo la serie a partir de la tercera temporada. Su trabajo, sin embargo, le obliga a estar al día de la serie más exitosa el momento. Pero, ¿qué pasó para que perdiera el interés por la producción de HBO? «Los libros me gustan mucho porque, aunque R. R. Martin no es un gran prosista y no son nada del otro mundo, tienen un componente grande de parodia», explica. «No se trata -continúa- de una parodia hecha con el ánimo de hacer reír, aunque a veces el humor esté ahí, sino de una deformación grotesca de un género y una serie de clichés y arquetipos». El autor retuerce la fantasía del medievo hasta darle la vuelta. Cuenta Yago que «no pierde de vista lo que supone una sociedad feudal, no la idealiza, y la describe con una desigualdad brutal. Pone al descubierto la mentalidad teocrática, cómo se juzga a las personas por sus apariencias o cómo una sociedad completamente orientada a la guerra da lugar a un atraso tecnológico y cómo el sistema feudal condena al 90% de la población a morirse de hambre. Y todo lo hace de forma, creo, voluntaria».

A juicio de Yago, en la serie toda esta complejidad queda desdibujada. Y se ayuda de un ejemplo. En las novelas de 'Canción de hielo y fuego', las familias nobles que controlan Poniente dejan patente su superioridad y lo hacen mediante indumentarias exageradas. Tal es el derroche de joyas y materiales preciosos que ostentan que, después de cada enfrentamiento, el campo de batalla se llena de campesinos locos por recoger los restos. «La serie ha ido dejando de lado estas historias casi desde el princpio», comenta, «en parte para ofrecer un argumento más fácil de seguir y más asimilable por parte del público, pero también porque el de la fantasía es un género que apenas tiene tradición en televisión y parece que la serie no tiene nada que criticar». En este sentido, continúa Yago, «la producción, a lo largo de sus últimas temporadas, ha ido convirtiendo una historia que está llena de ambigüedades morales en una ficción de buenos y malos».

Ahora bien, el crítico concede a 'Juego de tronos' varios hitos. «Ha terminado de meter en la televisión y en las series los clichés y los modos de cierto cine de gran espectáculo y ha sentado un estándar que vamos a ver cómo se sigue desarrollando», dice. Y va más allá pues considera que la producción «ha enganchado a personas que normalmente mirarían por encima del hombro todo este tipo de temáticas por creer que están por debajo de su nivel intelectual». En este sentido, es un fenómeno muy similar al que logró 'El señor de los anillos', una cinta sin la que, según Yago, la serie de HBO no estaría donde está ahora.

Tres fotogramas del último capítulo de la serie.

Sin duda, no son pocos los méritos de una ficción televisiva que ha colocado la fantasía medieval en las televisiones de todo el mundo «con un poco más de suciedad de la que es habitual en el género y con más decapitaciones, desnudos y sangre». Pero, entre las virtudes de la obra, si hay una que Yago entiende que se ha sobrevalorado es la de su factura técnica. «Es una serie que vende mucho lujo y mucho poderío pero que a la hora de su realización y de su puesta en escena empezó siendo normalita, tirando a buena, y con el tiempo ha ido muy a peor». Eso sí, hay excepciones: «Los capítulos que ha dirigido Neil Marshall, que es al que suelen llamar para hacer las grandes escenas o las batallas de masas, están realmente bien».

Simple y fácil de digerir

En cambio, el dibujante Puño (David Peña) no se ha leído ni uno solo de los tomos que componen la saga de George R. R. Martin. «Me leí 'El hobbit' y 'El señor de los anillos' cuando era niño y ya no he sido capaz de leer nada más de espada y brujería. Me parece un género conservador y muy poco innovador. ¡El flamenco de la literatura fantástica!», afirma. Puño coincide en muchas de las apreciaciones con Yago. «Creo que abandoné la serie en la sexta temporada, pero no lo podría decir con seguridad, pues todas las temporadas me parecen idénticas», explica con humor. «Dejé de verla porque según aumentaba su audiencia todo se volvía más romo, más simple, más fácil de digerir. Fabricar un producto para masas significa perseguir el mínimo común denominador, y ahora que las masas son globales y no regionales ese mínimo se encuentra muy devaluado», asegura.

Pero aporta otra razón de calado. «También me parecía una serie muy machista. Los personajes masculinos son variados y diversos y sus roles en la trama son muy diferentes. En cambio, los personajes femeninos parece que tienen que cumplir ciertas condiciones, como si cada uno tuviera que representar a todas las mujeres del universo», describe. En su opinión, «esto los deja planos y denota que está escrita como si la espectadora fuera un ente con necesidades especiales. Por ejemplo: hay un gordo al que humillan. Esto no lo vas a encontrar entre los personajes femeninos porque su espectro de personalidades es mucho más estrecho». Una tonica habitual en muchas series, «desde 'Los Serrano' hasta 'Orange is the New Black'».

Un fotograma de la serie.
Un fotograma de la serie.

A pesar de todo, dice Puño que es lógico que semana a semana millones de personas se sienten en torno al televisor a ver el nuevo capítulo. «La fórmula del culebrón telenovelesco es tan antigua como la imprenta. 'Juego de tronos' es una fórmula. Es como el reguetón, pero con cliffhangers en lugar de auto tune. Ojo, no me entiendan mal, yo amo el reguetón y las fórmulas. Por eso me tragué seis temporadas y dos conciertos de Bad Bunny», señala. Y, más allá de la maestría que tienen los guionistas para congregar espectadores, Puño rescata otra de sus virtudes: «Creo que tiene un personaje clave que funciona como un cohete: Daenerys Targaryen. Mujer joven y bella, independiente, con mascotas y un amante exótico. Tiene a sus pies una legión de castrados y varios señores que la protegen, y con todo eso piensa conquistar el mundo. Es un cliché tan adaptado a nuestro tiempo, un mecanismo tan preciso que acaba por fascinar». Eso sí, «tiene la peor cabecera que he visto en mi vida», concluye.

Disclaimer: el autor de este artículo solo ha visto un episodio y medio de 'Juego de tronos'.