Miguel Ángel Silvestre, en el corredor de la muerte

Miguel Ángel Silvestre, durante el rodaje de la serie. / Diego López Calvín | Virginia Carrasco

El actor se pone en la piel de Pablo Ibar en la serie que Movistar emitirá a partir de septiembre | «Si decidía formar parte de este proyecto, para mí era muy importante creer en la inocencia de Pablo», afirma

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

Uno apenas puede dar cinco o seis pasos sin toparse con la puerta y las tres paredes que encierran uno de los sets de rodaje más angostos y agobiantes que se recuerdan en Bambú Producciones. En una esquina, un televisor con una carcasa transparente, por aquello de no esconder nada en su interior; en la otra, una letrina de acero y, a su lado, un camastro de reducidas dimensiones. Es la asfixiante celda en la que que durante estos meses ha trabajado el actor Miguel Ángel Silvestre (Castellón de la Plana, 1982). El valenciano encarna a Pablo Ibar, el estadounidense de origen español que lleva dieciséis años en el corredor de la muerte. Protagoniza una serie de cuatro capítulos en la que se narran los 24 años que el reo lleva entre rejas e inmerso en un angustioso proceso que parece no tener fin.

«Conocía la historia, pero no en profundidad», reconoce Silvestre. Cuando recibió la llamada para realizar el primer casting, se puso manos a la obra. Leyó el libro de Nacho Carretero en el que se basa la ficción homónima, 'En el corredor de la muerte' (Espasa), y comenzó a informarse a través de vídeos y medios de comunicación de todo lo que había sucedido en torno al caso. «Si decidía formar parte de este proyecto, para mí era muy importante creer en la inocencia de Pablo», afirma. Y fue ahí cuando comenzó a ver «la historia de una injusticia».

Para meterse en la piel del hispano-estadounidense, Silvestre dedicó «bastante tiempo y energía» a trabajar el acento cubano -Ibar es hijo de madre cubana y pasó su infancia en Miami- y mucho empeño en «tratar de ir lo más relajado posible a los ensayos para entender profundamente qué era lo que quería el director». Y es que detrás de las cámaras ha estado Carlos Marqués-Marcet, el cineasta que este pasado fin de semana recibía la Biznaga de Oro en el Festival de Málaga por 'Los días que vendrán'. «Si algo podemos ver en películas como '10.000 km' o 'En tierra firme' es una sinceridad y una honestidad que aquí era igual de necesaria, así que yo tenía que estar muy relajado para poder darle todo lo que me pedía», explica.

Dice Silvestre que la historia que se cuenta en 'En el corredor de la muerte' es una «montaña rusa de emociones», de luces al final del túnel que aparecen con la llegada de un juicio nuevo, del mazazo que propina el veredicto de un nuevo jurado, de la esperanza que provoca que uno de sus miembros asegure haber sido presionado… Cabe preguntarse si dando vida a un personaje como éste, uno puede llegar a sentir la claustrofobia y la soledad a la que Pablo Ibar parece estar condenado desde hace ya más de dos décadas. «Sería un poco osado decir que sí. He podido imaginar algo de lo que ha podido sentir Pablo, sobre todo cuando hemos rodado en Panamá en las cárceles de verdad, pero muy de lejos. El set es una celda, sí, pero falta una pared. Estás rodando y dices un texto que por sí mismo tiene mucho peso y que te mueve muchas emociones, pero detrás está el del foco, el de sonido, y decenas de personas más. Quizás el director sí que le puede hacer sentir esa claustrofobia al espectador», señala. «Yo al final he rodado en un entorno de amor, de cariño, de respeto y de mucha gente empujando en una dirección, que es la inocencia de Pablo».

Tres fotografías realizadas durante la producción. / Diego López Calvín

No esconde Silvestre que le tiene algo de miedo a la promoción de esta serie. «Hace tres días que termine de rodar y se supone que tengo que tener una opinión y saber describir cómo ha sido la experiencia. Y tengo muchas sensaciones pero no una opinión al respecto. He vivido momentos de placer, en el sentido del trabajo en equipo, que el del foco te diga que retrases dos segundos tu reacción y que el pueda llegar y que todo funcione y digan: '¡Corten! La tenemos'. Hay algo de esa adrenalina que te genera una euforia y un cierto placer, pero por otro lado se me cruzaba por la cabeza que estamos hablando de la historia de alguien que se está jugando la vida. ¿Merezco estas sensaciones o no? Yo no me he sentido culplable pero sí he tenido estas contradicciones», se sincera.

Una historia sin acabar

'En el corredor de la muerte' entra ahora en la fase de edición, pero la historia no está ni mucho menos terminada. Será el 15 de mayo cuando se dicte una nueva sentencia y se sepa si Pablo Ibar es condenado a cadena perpetua o a pena de muerte. En ese momento, la ficción que Movistar espera estrenar a partir de septiembre, se pondrá de nuevo en marcha para rodar el desenlace del cuarto capítulo de la serie. Se trata de una idea arriesgada para una ficción cuyo desarrollo, según comenta Ramón Campos, su productor ejecutivo, ha ido en paralelo con el del último juicio que se estaba produciendo en Florida. «Nos dieron luz verde en octubre y empezamos a escribir mientras seleccionaban el jurado. Comenzamos a rodar en enero y ahora estamos terminándola. No hemos ficcionado nada. Lo que se cuenta es lo que sucedió», explica. Para Campos proyectos con este tipo de historias unen el periodismo con el formato audiovisual y «nos permiten hacer algo por el mundo, mas allá de contar una ficción. Podemos dar voz y visibilidad a la historia de Pablo, que es importante que no quede en el olvido».

No es la primera vez que Bambú Producciones colabora con Nacho Carretero, el escritor de la novela. Juntos llevaron a buen puerto 'Fariña' (Libros del KO). «Es -dice Carretero- otro ejemplo de que encontrar nuevos canales de comunicación para el periodismo es muy beneficioso y más cuando son historias vivas, que necesitan ser contadas. Y por otro lado, demuestra también al sector audiovisual que en el periodismo hay materia prima más que interesante. La serie esta evidenciando que en este caso hay irregularidades y grietas que se deben dar a conocer. Esperamos que eso tenga su efecto».

La celda recreada. / Virginia Carrasco
Un corredor de la muerte en Madrid

Son apenas 20 metros de pasillo y una celda, la de Pablo Ibar, los que forman uno de los sets de rodaje de la serie. El corredor de la muerte que Bambú Producciones ha diseñado en pleno corazón de Madrid sobrecoge por su realismo. Diego Sotelo, cocreador y guionista de la serie, se ha encargado de realizar una visita al espacio. «Tenéis que ser conscientes de que uno entra aquí pensando que ya no puede salir», ha explicado. En la celda, la rejilla de ventilación «por la que se comunican los presos». Cuenta Diego, que al propio Ibar le informaron por ahí que su recurso había prosperado: «No se lo creía».

El equipo de arte ha replicado a la perfección la celda pero lejos de lo que pueda pensarse, dice Ramón Campos, productor ejecutivo de la serie, que no ha sido difícil. «Los estadounidenses creen en su sistema y en internet hay muchísima documentación y reportajes sobre cómo son las celdas, sus dimensiones, y muchas fotografías». A todo ello hay que añadir la humedad y el calor de Florida. Una vez la celda estuvo terminada, el equipo de producción invitó a Joaquín José Martínez, el único español que ha salido del corredor de la muerte, para que certificara el buen trabajo de arte. Además, dice Ramón, «nos contó pequeños detalles de lo que un reo hace durante todo el día». «Llen cartas, hacen ejercicio... Pablo, por ejemplo, practica boxeo con su colchón. Dedican mucho tiempo al aseo y a cuidarse. Necesitan una rutina para no volverse locos».