Alma Guillermoprieto, Premio Princesa de Asturias 2018 de Comunicación y Humanidades: «Mi responsabilidad es con los lectores»

«Mi responsabilidad es con los lectores»
Alma Guillermoprieto, a su llegada a la torre mirador del Niemeyer. / MARIETA

Alma Guillermoprieto se reunió en el Niemeyer con periodistas españoles para desvelar las claves que han alimentado sus años de profesión

M. F. ANTUÑA AVILÉS.

Se confiesa una periodista casual. Lo fue que llegara a un oficio que hoy ama profundamente y que, grita una y mil veces, es necesario, imprescindible, y tendrá que estar siempre ahí, de una manera o de otra. Tiene glamur y romancismo la profesión en la que lleva enzarzada una vida entera y que la hecho merecedora del Princesa de Asturias de Comunicación y tiene un sinfín de posibilidades para reinventarse. No hay que tenerle miedo al futuro: «Nos asustamos tanto cuando llegaron que dimos la batalla por perdida, pero internet y las redes sociales tienen un lado positivo, abren un mundo por descubrir, hay que ponerse a hacer periodismo nuevo y periodismo tradicional con las herramientas actuales», proclamó Alma Guillermoprieto. Ayer más que en ningún momento en toda su vida se convirtió en la cazadora cazada. Por la mañana se reunió en el Niemeyer con un grupo de periodistas españoles, a quienes narró su peripecia y respondió a sus preguntas; ya por la tarde, se sentó en la sala de prensa del Hotel de la Reconquista de Oviedo con más palabras y reflexiones.

Habló de América Latina, del periodismo de antaño y del de ahora, y del «privilegio» que significa «andar con un cuarderno por el mundo haciendo preguntas intermitentes», de que los periodistas deben estar «atentos y alegres», deben alimentarse de «curiosidad, de terquedad y de capacidad de trabajo». Dicho lo cual, cada persona es distinta: «Cada quien hace su propio periodismo, para ser buen reportero hay que conocerse a uno mismo, sus propias cualidades y talentos». Al final, sostiene Guillermoprieto, el periodismo tiene algo de autobiografía. Ella siempre supo que los territorios del poder y la política no eran los suyos, que la marginalidad era su elemento, lo cual no le impidió denunciar los desmanes de los que mandan cuando fue menester. Siempre con una máxima: «Si la materia de la pintura es el color y la forma, la de la literatura es la palabra y la ética».

Rememoró Alma Guillermoprieto en Avilés junto a sus colegas la forma «accidental» que la llevó a escribir crónicas. Un conocido que había sido reportero de 'The Guardian' le insistía, ella siempre tenía un no en la boca, hasta que un buen día, cuando se inició la revolución sandinista en Nicaragua, pidió dinero, se pagó el pasaje y acabó mandando crónicas para el periódico inglés. Así empezó todo. Con «la suerte del principiante» como mejor compañía, con la ayuda de los colegas ya trillados en el oficio, escribiendo un montón de florituras que siempre le recortaban cuando llegaban a Londres, fueron apareciendo sus primera «notas». A partir ahí, años de aprendizaje, de peleas con los editores - «a veces tienen razón»-, de continuas reflexiones y, por fin, de conclusiones. Una de las más importantes: «Mi responsabilidad no era ni con los guerrilleros ni con las víctimas de Somoza, si no con los lectores, yo no soy propagandista ni defensora de un grupo social, mi responsabilidad está con quienes abren una página porque van a creer lo que yo les diga».

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En esa Nicaragua iniciática conoció Guillermoprieto al cura asturiano Gaspar García Laviana, según rememoró ayer antes de augurar que los caminos de la postverdad están repletos de baches: «Es algo tan burdo y tan dañino que tiene que caer por su propio peso».

Guillermoprieto habló también de las batallas pendientes en Latinoamérica, que van de la desigualdad estructural al fracaso educativo, pasando por la corrupción, que tienen también nombres propios como el de Bolsonaro y la amenaza que significará para la Amazonia, y que enfocan hacia las mafías del narcotráfico que han ido derivando hacia otras actividades criminales. El sur del continente es muy distinto al norte, periodísticamente hablando: «Hay una diferencia económica, en EE UU tovadía se pueden financiar grandes investigaciones, pero hay otra muy grande, que es que a nosotros nos matan. La tasa de mortandad en México, Colombia o Brasil es escandalosamente alta».

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