John Banville: «Me autocensuro, no me queda más remedio»

El escritor John Banville./Efe
El escritor John Banville. / Efe

El escritor vuelve a transformarse en Benjamin Black para explorar la corte de Rodolfo II en su nueva novela, 'Los lobos de Praga'

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

El gran John Banville (Wexford, Irlanda, 1942) se disfraza otra vez de su 'alter ego', Benjamin Black, para introducirse en la corte de Rodolfo II del Sacro Imperio Romano Germánico en su nueva novela, 'Los lobos de Praga' (Alfaguara). Banville/Black, que se traslada a la Praga de 1599, anterior a la Guerra de los Treinta Años, para relatar las intrigas alrededor de un rey «loco y colorido», asegura que se siente más cómodo «en el pasado que en el presente». «A mi edad, todo lo nuevo es malo», reflexiona. «Pero es cierto que en los últimos dos años y medio, todo se ha vuelto inquietante, aterrador», afirma el escritor. «Si unos marcianos nos contemplaran diariamente con un telescopio, pensarían que en este periodo todo se ha acelerado, la gente va demasiado rápido», apunta.

En particular, Banville recela de las redes sociales. «Todo ese mundo me parece muy cutre, muy vulgar. Casi nadie tiene nada importante que decir, pero lo dice», cuenta. Él mismo ha sido víctima de las redes. «En una ocasión, durante una conferencia en un remoto pueblo de Irlanda, un tipo del público un poco tonto me preguntó qué pensaba sobre otro escritor. Mi opinión era mala y no me callé. A los dos días, me encontré un titular en el New York Times diciendo lo que yo había dicho. Alguien lo puso en Twitter y de ahí llegó a todo el mundo. Desde ese momento, me estoy autocensurando, no me queda más remedio», cuenta Banville.

«Steve Jobs ha destruido mi mundo», ironiza. «Todo este rumor de voces que hay ahora me agobia, es el gran descontento de los que no tienen nada que decir. ¿Por qué todo el mundo debe hablar? Hay gente a la que no vale la pena oír. Dicen que hay personas populares en las redes. También las ejecuciones públicas eran populares en su momento. Quizá las dos cosas tengan algo que ver», dispara el escritor. «Mi nieto de once años tiene acceso a la pornografía más dura desde su portátil. Es terrible. ¿Qué idea va a tener ese niño sobre las mujeres? Y al revés, supongo que ocurrirá lo mismo», agrega.

A Banville el consuelo se lo dan sus libros. «Escribir con el pseudónimo de Benjamin Black me da la oportunidad de convertirme en otra persona, de jugar, que en el fondo es lo que hacemos todos los artistas. Quien hace arte contempla la vida con los ojos de un niño porque para un niño, todo sucede por primera vez», dice el autor, que disfruta cuando escribe sus novelas negras. «Lo bueno de este género es que trabajamos siempre con lo clásico, con clichés, y lo que diferencia a unos escritores de otros es lo que hacemos con ello. Siempre tenemos un crimen y un cadáver y mi gran problema es que me gusta ponerle humor, aunque no siempre es fácil», explica.

En 'Los perros de Praga', revisita una ciudad, Praga, que ya había recorrido con su novela 'Kepler' en 1981. «Entonces, nunca había ido, pero me la imaginé y mucha gente me decía que había hecho un retrato muy bueno, pero en realidad, nadie sabía nada de Europa Central en aquella época. Cuando ya en 1989, después de la Guerra Fría, pude visitarla, mi mujer me dijo que estaban abriendo un McDonalds y que ya no tendría encanto. Pero sí, pese a los turistas y los mochileros, lo sigue teniendo», concluye.

 

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