Edoardo Albinati: «Las violaciones en grupo son fascismo puro»

Edoardo Albinati /Angelo Lot
Edoardo Albinati / Angelo Lot

«Nacer hombre es un enfermedad incurable», sostiene el autor de 'La escuela católica', que recrea la violación y asesinato de dos chicas en la Roma de 1975

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

En las casi 1.300 páginas de 'La escuela católica' (Lumen) restalla una frase: «Nacer hombre es una enfermedad incurable». Explica en buena medida la intención de la novela con la que Edoardo Albinati (Roma, 1956) conmocionó a Italia y ganó el premio Strega. Recrea la violación en grupo de dos chicas y el asesinato de una de ellas por una manada de jovenzuelos de la burguesía romana en 1975. Albinati, compañero de colegio de los criminales, parte de aquella masacre del Circeo para diseccionar la sociedad de la época y constatar unos avances casi nulos. Se ha traucido a seis idiomas y la película está en marcha.

- ¿Por qué nacer hombre es un mal incurable?

El varón nace y vive como un ser imperfecto si no se acomoda al patrón dominante. Según el modelo viril debería ser, en teoría, fuerte, valiente y decidido. Eso supone partir de un fracaso. Ya eres un perdedor, un enfermo. No estás íntegro. Tu personalidad, tu vida y tu cuerpo no están a la altura del modelo que se propone aún hoy. Tienes un déficit estructural.

- ¿Ha escrito un ensayo sociológico, biográfico, una confesión, un fresco generacional...?

Todo eso y más. Es una obra teatral y filosófica, el retrato de una generación y un estudio sobre la clase media italiana, la familia, el matrimonio y la educación. También sobre cómo se hablaba y se pensaba hace 40 años. Sobre los hábitos modos y expresiones escolares, familiares y amorosas, los tres ámbitos cruciales para un adolescente. La novela es un género híbrido en el que cabe todo eso.

- Violar en manada ¿es un fenómeno de nuestro tiempo?

No. Ayer vi un grabado de Goya titulado '¡Que se la llevaron!', con dos hombres raptando a una mujer. El patrón de la manada se repite en la historia. Está muy enraizado, más que la violación individual. Violar en grupo es la quintaesencia de la violación. Es una alianza de varones, una manera de unir a los hombres en una solidaridad macabra.

-¿Una manifestación de fascismo social?

Sí. Las violaciones en grupo son fascismo puro. Un fascismo arquetípico, no político. El todos contra uno. El sometimiento absoluto.

-Amor y violencia pueden tener una intensidad pareja, asegura.

Ambas son pasiones. Pueden confundirse y alcanzar el mismo grado de intensidad. Provocan la misma excitación y puedes pensar que lo que es violencia es amor, y viceversa. La tensión nerviosa es la misma. Habría que mantener separadas, pero no siempre es fácil.

-¿La virilidad es poder?

Lo niego. Hay quien lo piensa, pero el poder femenino de generación de la vida, de la concepción, es el más potente. Engendrar sí es un poder real. Definir al varón por el poder y la mujer por la impotencia, la debilidad, la fragilidad o la pasividad son tópicos, un lugar común que el libro intenta desmontar. Hay chicos frágiles, difíciles, a partir de los violadores, que son hombres impotentes.

-La chispa del libro fue otro asesinato cometido por Angelo Izzo, uno de los violadores del 75.

Sí. Volvió a matar a dos mujeres 30 años después, en una cadencia inquietante. Lo hizo solo. Asesinó a la mujer de un compañero de cárcel y a su hija de 14 años. Me hizo reflexionar sobre la masacre de Circeo, que volvía al presente. Estamos anclados en un pasado, me dije, que solo yo podía iluminar. No el delito, pero sí el entorno, el modelo burgués, la escuela, el instituto en el que estudiamos, las amistades, los curas, los partidos de fútbol y baloncesto. Podía recordar, reinventar y novelar.

- Es profesor de presos en Roma. ¿Es reinsertable un violador contumaz?

Tal vez sí, con seguimiento, el sostén adecuado y siempre que no digamos 'venga, cumpliste tu condena ¡Hasta luego!'. En ese caso, nadie sabe que pasará.

- La castración química o la cadena perpetua ¿son solución?

No hablemos de eso, ¡por favor!. Hay pocas cosas de cuya negación esté tan seguro. Para ambas digo que no sin discusión.

- Denuncia que las vejaciones a la mujer se vendan como entretenimiento.

Es hoy la esencia de la pornografía. Hay un cambio radical entre el porno de los 60 y 70 el actual. No soy experto, pero me impresionó constatar que en los 60 el porno era liberatorio -todos con todos-, y como las mujeres que entonces se liberaban ahora se someten. Es algo muy violento. El modelo es un sexo forzado e impuesto: la violación.

- La ola populista -Trump, Putin, Johnson, Bolsonaro, Orbán- ¿anuncia el regreso del fascismo?

Sí. No a un fascismo al viejo estilo, con la parafernalia de los desfiles mussolinianos, pero sí con su esencia. Un fascismo de formulación más blanda, quizá insidioso. Un fascismo de Twitter, que es lo que están haciendo con medios a través de los cuales se perpetúa el espíritu fascista, qué consiste en la simplificación más burda y radical. Reducir todo a 'nosotros y ellos', 'poseemos la verdad y ellos están equivocados', 'lo tuyo y lo de los demas', 'tú y el extranjero'... Esa separación neta y fácil es un pensamiento burdo y fascistoide.

- ¿Vivimos en un mundo gobernado por machos alfa?

No son machos alfa. Querrían serlo, pero son, en el fondo, machos beta, gamma, delta... Es postureo. En Eurpa y EEUU impera un ideal masculino arrogante, prepotente y fascinado por la brutalidad. Hacen como que son alfa, pero el único que no finge es Putin, que sí ha sido y será siempre un macho alfa.

- ¿Le recrimina a la iglesia su papel como educadora?

No, el papel de la Iglesia como educadora no es nefasto. Sí lo es separar a hombres y mujeres. Lo único que puedo afear al Papa es la negación del sacerdocio femenino. Que se excluya a las mujeres como seres secundarios. Desde Adán y Eva hasta hoy la Iglesia considera las mujeres personas de segunda categoría, incapaces de administrar los sacramentos. Alguien debe encontrar el coraje para cambiar eso.