Dos crímenes sin resolver de 6.200 años

Cuerpos bajo las pistas deportiva en San Fernando (Cádiz)./EFE
Cuerpos bajo las pistas deportiva en San Fernando (Cádiz). / EFE

Los investigadores hallan en Cádiz una necrópolis neolítica con dos cuerpos que tenían fracturas craneales propias de un asesinato

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

Bajo un campo de hockey de San Fernando (Cádiz) había un viejo cementerio. Una necrópolis neolítica con 59 tumbas que quedó al descubierto durante una excavación. Una de ellas llamó la atención de un grupo de investigadores internacionales. Se trataba de un nicho que compartían dos individuos desde hacía más de 6.200 años. Ambos eran adultos, de sexo masculino y presentaban lesiones craneales. Uno, en el hueso frontal y el otro, en el parietal.

Las heridas causadas por un trauma abrieron un acertijo que, como detectives del pasado, los científicos debían resolver a partir de unos pocos materiales, como los «restos esqueléticos y bienes funerarios asociados», se resume en el artículo 'Posible violencia interpersonal en la necrópolis neolítica del Campo de Hockey'. A través de un análisis «macroscópico y radiográfico» se encontró que, en efecto, «de todos los individuos recuperados de este sitio solo dos presentan lesiones del cráneo perimortem». Es decir, tuvieron una muerte no natural. ¿Las fracturas de los cráneos fueron producto de un accidente o de un asesinato? La cuestión topaba con un obstáculo: la eliminación de las huellas que efectúa el tiempo. «Los restos esqueléticos de los dos individuos estaban fragmentados, lo que dificultaba la identificación de lesiones perimortem», explican los científicos en un adelanto del artículo, que se publicará en la revista 'International Journal of Paleopathology' de diciembre.

No obstante, «los individuos presentan signos de violencia interpersonal» que «pueden haber contribuido a la muerte de los individuos». Por la naturaleza de las heridas se piensa en el homicidio. «Ninguno de los dos individuos examinados presentan fracturas en esqueleto poscraneal, lo que sugiere que no fueron producidas por una caída», declaró a Efe Lydia Sánchez-Barba, investigadora del Laboratorio de Antropología de la Universidad de Sevilla.

Varios indicios han permitido presumir de la importancia que tuvieron estas personas en la cultura de la época. «Lo más significativo es que ambos fueron enterrados en la tumba más monumental y una de las que presentaba uno de los ajuares más destacados de toda la necrópolis», aseguró Eduardo Vijande, del área de Prehistoria de la Universidad de Cádiz, en un comunicado. Además del esplendor del nicho, con forma circular y de unos dos metros de diámetro, los cuerpos estuvieron rodeados de elementos elaborados con ámbar, por ejemplo, de escasa presencia en la zona.

Las víctimas fueron inhumadas en momentos distintos. El primero que ocupó la fosa tenía menos de 35 años y el segundo, más de 40. «La identificación de la violencia interpersonal en los dos individuos enterrados en la tumba, junto con el contexto arqueológico de los entierros, proporciona una visión única de las prácticas funerarias neolíticas en la península ibérica y el papel que la paleopatología puede desempeñar en el reconocimiento de la complejidad social», concluye el estudio.