El corazón de Goya «inflamado de amor»

Autorretrato del pintor Francisco de Goya. /Efe
Autorretrato del pintor Francisco de Goya. / Efe

La correspondencia con Zapater, su 'amigo amoroso', «no permite afirmar ni negar que fuera homosexual»

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

«Ni la correspondencia de Goya ni su obra permiten afirmar o negar que fuera homosexual. La imaginación es libre, como las interpretaciones». Así responde José Manuel Matillla, jefe de conservación de dibujos y estampas del Museo del Prado, cuando se le inquiere por la orientación sexual del genio de Fuendetodos. Y es que las especulaciones sobre la presunta homosexualidad de Goya se han disparado tras la compra por el museo de una carta a su amigo del alma, Martín Zapater, encabezada con el dibujo de un corazón «inflamado de amor» y que se cierra con otro dibujito con dos hombre abrazados.

El Prado, junto a La Fundación Botín y la Fundación Amigos del Museo pagaron 85.000 euros por esta misiva datada el 10 de diciembre 1790, la última de Goya en manos privadas. En ella el pintor da cuenta a su amigo de la grave enfermad de su hijo, aquejado de viruela y «hecho un monstruo», y de que la cuarentena le impedirá entrar en palacio. Escrita con tanta urgencia como intensidad -«lo que hoy sería un WhatsApp», dice Matilla-, denota la profunda intimidad entre Goya y Zapater en la que hay quien se empeña en ver una relación homoerótica.

«No conocí a Goya y no confirmo ni desmiento nada. El texto de la carta confirma la existencia de una extraordinaria y emotiva amistad, fraguada desde la infancia y con distintos niveles de comunicación», apunta Matilla. «Trasmitir profundos afectos entre hombres no implica género ni orientación sexual, por más que a alguien le extrañe, y menos en el caso de Goya a quien también se tildó de nacionalista, afrancesado, torero, antitaurino, machote y amante del duquesa da Alba», enumera el experto. «No hay evidencia de su homosexualidad ni de lo contrario, pero sí la hay de la existencia de una honda amistad sostenida desde la niñez, de que Goya tuvo seis hijos y de que murió en Burdeos acompañado por una mujer, Leocadia Zorrilla», señala Matilla.

Una de las cartas de la correspondencia de Goya.
Una de las cartas de la correspondencia de Goya. / Museo del Prado

Dos cartas semanales

Goya escribía a su amigo del alma, el comerciante zaragozano Martín Zapater y Clavería, dos cartas cada semana. Lo hizo durante más de treinta años y hasta sus últimos días. Muchas de las misivas denotan la íntima complicidad que les unía. Una proximidad y una confianza extremas. Pero ¿tanto como para sospechar que Goya fuera homosexual?.

Como Matilla, cree Manuela Mena «es imposible deducirlo de esas cartas, aunque hay quien lo cree». «Eran muy amigos, pero no hay manera de saber hasta dónde llegaron, si se acostaron o no. Sabemos que un sobrino nieto de Goya expurgó las cartas más comprometidas, pero creo que lo hizo por razones políticas, no sexuales», reitera Mena, una autoridad mundial en el pintor, partícipe del catálogo razonado en el que se incluye la carta de marras, y jefa de conservación del área de pintura del siglo XVIII y Goya del Prado.

Mena describe a Zapater como «el afecto más profundo de Goya». «La persona que más quiere, lo que los franceses llaman 'amitié amoureuse'» (amistad amorosa), dice Mena reiterando que la correspondencia no permite colegir la homosexualidad del pintor. Algo que sí plantean estudios como los de Roxana Pagés Rangel en 'Del dominio público. Itinerarios de la carta privada', o Natacha Seseña, quien habla de «un homoerotismo de alto voltaje» en 'Goya y las mujeres'. Citan frases de la correspondencia como «con tu retrato delante me parece que tengo la dulzura de estar contigo, ay mío de mi alma», de otra carta fechada en diciembre de 1790. Frases que alimentan las especulaciones, como los escabrosos dibujos de otras misivas. «Los hay satíricos, procaces y convencionales: hay bocas, ojos, orejas y penes y vulvas», aclara Matilla.

«Quedan muy pocos documentos verdaderos de Goya y sin las cartas conoceríamos menos al artista y las leyendas sobre él serían aún más y más disparatadas», zanja Mena la cuestión.

Una de las cartas de la correspondencia de Goya.
Una de las cartas de la correspondencia de Goya. / Museo del Prado

La carta que recibe el Prado fue escrita por Goya al regresar a Madrid tras un urgente viaje a Zaragoza para visitar a Zapater el 12 de octubre de 1790, acompañado de otro amigo común, José Yoldi. Se publica en el primero de los cinco volúmenes que tendrá el catálogo razonado de sus dibujos que la Fundación Botín y el Museo del Prado presentaron en Santander la pasada semana.

Fue adquirida el 3 de julio de 2007 en Christie's por José María Cervelló. A su muerte, sus herederos se la vendieron al Prado por los mismos 85.000 euro que pagó el abogado y mecenas. Era la última misiva conocida de Goya en manos privadas y se suma a la colección de Prado que atesora con ella 121 misivas de Goya, el 90 % de todas las conocidas, y casi 500 dibujos del millar que incluirá el catálogo.

El primer lote de 61 cartas de Goya a Zapater lo adquirió el Prado en 1976 a la marquesa Casa Riera. En mayo de 2000 compró otro lote de 40 misivas a los herederos de María Brey, y en mayo de 2004 un tercero de 19 de la colección Marqués de Casa Torres.

 

Fotos