Antonio Colinas: «María Zambrano no era una filósofa sistemática o racionalista, sino de la razón poética»

El poeta leonés Antonio Colinas junto a María Zambrano en la casa de esta en Madrid, en 1985. /ICAL
El poeta leonés Antonio Colinas junto a María Zambrano en la casa de esta en Madrid, en 1985. / ICAL

Siruela publica el miércoles 'Sobre María Zambrano. Misterios encendidos', un ensayo donde el escritor leonés rememora el legado y su relación personal con la pensadora

césar combarros
CÉSAR COMBARROS León

Fue en las tertulias de 'Ínsula' en Madrid, a través de la admiración que le profesaba José Luis Cano, como Antonio Colinas descubrió a María Zambrano. Las colaboraciones de la malagueña en esa misma revista o sus 'Obras reunidas' que editó Aguilar en 1971 permitieron al poeta leonés profundizar en quien hasta entonces era «esa ilustre escritora del exilio». A comienzos de los 80, tras un escueto intercambio epistolar y después de publicar sendos artículos en 'El País' pidiendo su regreso a España, Colinas recibió una llamada de Zambrano en la cual ella pronunció una frase que nunca olvidará: «Usted y yo hace mucho tiempo que nos conocemos».

Entre ambos se produjo lo que ahora él califica como «una extraña sintonía», sobre la que ahora regresa para plasmar en un ensayo la relación que mantuvo con la pensadora en los últimos años de su vida, además de reproducir algunas de las misivas que intercambiaron o los cuatro poemas que a ella le ha dedicado (entre ellos 'La muerte de Armonía'). Fruto de su empeño, el próximo miércoles llegará a las librerías españolas 'Sobre María Zambrano. Misterios encendidos' (Siruela, 24,95 euros), un libro que arroja luz sobre algunos de los aspectos más desconocidos de la filósofa.

¿Qué le ha empujado a escribir este libro?

Es algo que tenía en mente hace tiempo. Era una asignatura pendiente. Inicialmente iba a ser otro tipo de libro, una semblanza de María Zambrano y de la amistad que tuve con ella, pero fue creciendo y cobró otra dimensión para recoger la metamorfosis que sufrió su vida, en el exilio. Los padecimientos que tuvo la condujeron a esa transformación tan significativa, que es en cierto modo la hipótesis de mi libro: de la filosofía a la poesía, y de la ideología a lo sagrado y a una espiritualidad heterodoxa pero muy suya. Esa idea primordial que late en el libro proviene sobre todo de fuentes directas, que es donde ella se muestra con mayor libertad.

¿Qué impacto le produjo su descubrimiento?

Un impacto muy especial, entre otras razones por su voz. Todos destacan que tenía una voz muy melódica, muy inspirada; alguno de sus amigos decía que era mejor incluso cuando hablaba que cuando escribía. Era una persona con un magnetismo y una sensibilidad especial, y sobre todo con un gran amor hacia la poesía y los poetas, ya desde su adolescencia en Segovia, cuando conoce a Antonio Machado y a Unamuno. Posteriormente, en los años previos a la guerra, tuvo mucha amistad con Miguel Hernández, con el pintor Ramón Gaya, con Emilio Prados… Siempre tuvo cerca los poetas y la poesía.

Como demuestra en el libro, la poesía fue en ella una influencia decisiva.

Sí, curiosamente la llevó al hallazgo de la razón poética. Ella no era una filósofa sistemática o racionalista, sino que gracias a ese diálogo con la poesía dio con ese concepto frente al de su maestro Ortega y Gasset, la razón histórica. Ella fue la alumna predilecta de Ortega; en los años de la República mantuvieron una cierta disidencia pero enseguida ella rectificó y, como su maestro, fue hacia una dirección más liberal en lo político.

El 22 de abril se cumplen 115 años de su nacimiento. ¿Su legado sigue hoy presente en España o este libro es una forma de reivindicar su importancia?

Con mi libro pretendo dar mi visión de María Zambrano. Yo no soy lo que se entiende como un especialista en ella, sino que disfruté de su amistad y su magisterio. La considero junto a Vicente Aleixandre uno de mis dos maestros. Hace unos días impartí una conferencia sobre ella en la Fundación Caballero Bonald de Jerez y el próximo mes participaré en el congreso que habrá sobre ella en Vélez (Málaga). Su nombre es una presencia viva en estos momentos desde el punto de vista intelectual.

En las notas finales, escribe: «Cierro las páginas de este libro y me parece que se cierra un círculo en mi vida, una etapa de ella». ¿Por qué?

Porque se cierra este libro que yo quería escribir y que no había escrito, Mantuvimos una relación muy especial y yo quería dejar testimonio de ella. En ese último capítulo intento condensar su obra o su mensaje en una palabra y elijo la palabra piedad, que explica muy bien cuál fue su evolución desde el punto de vista estético pero también espiritual. Hubo una María Zambrano republicana pero también hubo una María Zambrano cristiana, cristiana bizantina como ella decía.

¿De dónde surge el título 'Misterios encendidos'?

Es un verso de un poema que a ella le gustaba mucho, el 'Himno a las estrellas' de Quevedo. Con él aludo a que en el libro se cuentan cosas que se conocían mal o no se habían explicado, como el hecho de que ella tuvo en su juventud un hijo durante su estancia en Segovia que murió a los pocos días de nacer, o la relación que las hermanas mantuvieron con el compañero de Araceli, su hermana, que fue un político señalado que luego fue fusilado. Son aspectos que a veces van en letra pequeña pero que quedan clarificados, como su escepticismo hacia el que es el más ideológico de sus libros, 'Los intelectuales en el drama de España', sobre el cual recojo correspondencia en la que ella, pasados los años, está en otra órbita. Ella tiene libros que están en sintonía con la literatura y con la historia, pero la suya es sobre todo una superación de la historia, por vía del conocimiento interior de la soledad, del amor a la poesía, de fidelidad a lo sagrado, y eso es lo esencial en su vida.

¿Qué le llevó a escribir en 'El País' a comienzos de los 80 aquellos dos artículos pidiendo su regreso a España?

Aquellos artículos nacieron de aquellos días, los días del cambio. Íbamos ya hacia ese hecho concorde que fue la Constitución y había que explicar esa idea de que ella era la última exiliada. A María Zambrano se le concede el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación antes de regresar, y ese es otro de los factores que creo que influyó en su regreso. Poco después de llegar se le concede el Premio Cervantes, cuando ella ya está muy enferma, pero los reyes la visitan en su domicilio y ahí también se cerró un círculo de enfrentamiento que creíamos ya dado por cerrado, pero a veces hoy a través de algunos comportamientos nos parece que sigue esa lamentable doble España de la que Antonio Machado nos dijo que teníamos que guardarnos.

El hecho de haber propiciado, aunque fuera indirectamente, su regresó a España tras 45 años de exilio será motivo de orgullo para usted.

Sí, porque como se dice en el libro ella dudó hasta última hora si regresar o no. Está esa anécdota donde contaba que, el día antes de regresar, dijo: 'No sé si cuando esté en el avión no me bajaré de él', y no lo decía por que no quisiera volver, sino precisamente por su gran amor a España, como sucedió en Unamuno y en todos los autores del 98 y del 27, como en tantos intelectuales republicanos para quienes el nombre de España era incuestionable. Otra de las cosas que se subraya en el libro es el concepto de España, el amor a España y el orgullo de España que sentía. Eso se ve también muy bien en Unamuno, y quizá de ahí esa sintonía que ella tiene con el rector de Salamanca en sus días de juventud, cuando su padre lleva a Unamuno a Segovia para dar una conferencia.

Dice de ella que fue «una intelectual española que siempre dejó a salvo su dignidad personal y creadora». ¿Cómo logró eso?

Primero con una gran independencia. Ella siempre subrayó que nunca aceptó cargos oficiales. En los días de las elecciones republicanas le ofrecen un escaño en el Parlamento y ella no acepta, y aunque vivió unos años juveniles muy encendidos políticamente, por encima de lo político en ella siempre fue primordial lo intelectual y lo espiritual. Ella contaba que siempre viajó con el catecismo de su infancia, o cuando murió Lezama Lima le dijo a su mujer en una carta que cada noche encendía una vela y decía las plegarias de su infancia. Había una María Zambrano interior, que sobre todo vivió muy intensamente en su etapa de soledad y retiro en La Pièce.

El libro también recoge 'Sobre la iniciación', una conversación que mantuvo con ella en 1986 y que fue una de las cuatro o cinco entrevistas que ella concedió tras su regreso a España. ¿Cómo surgió?

La idea partió de ella. No concedía entrevistas, cuando le preguntaban sobre la guerra siempre decía: 'Yo de eso no hablo, todos ustedes ya saben lo que pasó', y rehuía ese pasado por el que también es conocida. Hablamos de la idea de grabar una charla y decidimos centrarla sobre el tema de la iniciación. Ella quería que tuviera un contenido, que no fuera una entrevista al uso, y surgió de una manera muy espontánea. A ella le gustó mucho y la publicamos en la revista 'Los cuadernos del Norte', que dirigía Juan Cueto. Ella la leyó, le gustó mucho y me dijo que teníamos que continuarla, pero cuando nos reunimos de nuevo para ello fue la última vez que nos vimos. Fue un año antes de que muriera, ella ya estaba muy enferma, apenas podía hablar, y aunque yo llevaba mi grabadora ya no pudimos reanudar la conversación.