La tristeza acompaña de forma rutinaria la vida de la mitad de los adolescentes

Una joven protege su tristeza con los brazos. /Ramón Gómez
Una joven protege su tristeza con los brazos. / Ramón Gómez

Salud Pública detecta que la mayoría de los menores de la región perciben tener una salud buena; aunque el 37% tiene diagnosticada alguna enfermedad

Ana Santiago
ANA SANTIAGOValladolid

¿Están sanos los adolescentes de Castilla y León?, ¿Se sienten bien?, ¿Tienen diagnosticadas muchas enfermedades?, ¿Y su estado de ánimo? Para contestar a estas y otras preguntas que acerquen la realidad de los menores en plena adolescencia, entre los 15 y los 17 años, a futuras necesidades preventivas o asistenciales, la Dirección General de Salud Pública ha realizado un descriptivo estudio sobre sus hábitos y estilos de vida.

La incidencia en las conductas de riesgo del equilibrio emocional de los jóvenes a estas edades de desarrollo es importante. Así lo apuntan los especialistas y este trabajo recoge, en coincidencia con otros estudios, que esta no es una etapa especialmente feliz para los jóvenes. La apatía, irritabilidad y ansiedad son muy propios de esta edad; pero ello no implica que haya que desatenderlo a la espera de la madurez.

Los síntomas relacionados con aspectos psicológicos están más presentes en las chicas que en los varones. Así la tristeza y apatía acompañan con indeseada frecuencia al 52,9% de las menores y a casi el 31,8% de los chicos. No es el único dato que habla de emociones. La irritabilidad, –como sentimiento reconocido en los últimos seis meses que pregunta la encuesta– está presente en el casi 53% de estos estudiantes de cuarto de la ESO –un marco de referencia pero extensible a toda la adolescencia– y el nerviosismo, en el 52,5%. Las chicas lo padecen más y con mayor frecuencia. Casi a diario.

El bajo estado de ánimo es más habitual en familias con problemas económicos o sociales

Otros aspectos muy frecuentes son el padecimiento de mareos (21,6%); dificultades para dormir (29,3%); dolor de estómago (31,2%); de espalda (43,8%) o cefaleas (37,1%). Todos ellos, en buena medida, pueden correlacionarse con los problemas de ansiedad y bajo estado de ánimo.

La adolescencia es una etapa de la vida en la que se desarrollan nuevas capacidades mentales que permiten a los adolescentes construir sus propias ideas y adoptar estilos de vida. Es por ello una edad en la vida especialmente vulnerable. Otros trabajos al respecto como el vallisoletano 'Estado de ánimo de los adolescentes y su relación con conductas de riesgo y otras variables', realizado por pediatras de Atención Primaria y del Clínico recoge haber encontrado una clara asociación de estados mentales negativos con situa- ciones familiares de baja o negativa convivencia con el padre, la madre o los hermanos y con unos progenitores que carecen de ingresos por falta de empleo. También relaciona dicho estudio un mal estado de ánimo con tener notas peores que la media, agobiarse por no tener conexión a internet, acceso frecuente a fotografías o vídeos de contenido sexual, robar, sentirse maltratado física o psicológicamente, haber sufrido acoso sexual o tener un peso por encima de lo normal. Como factores de protección, este trabajo publicado en la Revista de Atención Primaria estaría el tener hermanos, y más aún si es más de uno con el que compartir estas situaciones o buscar amparo.

El 30% de los estudiantes de la ESO tiene dificultades para dormir y el 7,2%, jaquecas

Destaca tal trabajo, por lo tanto, que «diversas variables sociodemográficas, económicas y conductas de riesgo se asocian a estados de ánimo negativos» y recomienda la valoración de estos aspectos en la consulta, dado que puede ser útil para detectar adolescentes de riesgo. «El profesional debe sospechar y reconocer los problemas de salud mental. La valoración en la consulta mediante una adecuada historia clínica en un ambiente de confianza y confidencialidad puede ser útil para la detección de adolescentes en riesgo de adoptar o, incluso, que se hayan iniciado, estilos de vida no saludables, con el fin de dirigirlos a programas preventivos específicos».

El trabajo

1.004
estudiantes participaron en el nuevo estudio de 'Hábitos y estilos de vida en la población joven de Castilla y León', realizado en cuarto de la ESO, es decir, a los 15 y 17 años.
88,2%
de los adolescentes consideran que su salud es buena o muy buena; aunque el 37,9% de los chicos eleva mucho más su consideración que ellas que se quedan en el 18,9%.
1,7%
de los estudiantes de la ESO considera que tiene una mala salud.
21,6%
de los jóvenes han sufrido mareos, dolor de estómago (31,2%); de espalda (43,8%) o cefaleas (37,1%).
36,8%
de los jóvenes han sido diagnosticados de alguna enfermedad física; especialmente alergias (20,7%) pero también hipercolesterolemia, diabetes (0,4%) o hipertensión arterial (0,2%).
29,3%
del alumnado tiene dificultades para dormir El insomnio se mucho más habitual de lo esperad en estas edades.
52,8%
de los adolescentes reconocen su irritabilidad y el 52,5% padecer un frecuente nerviosismo.
52,9%
de las chicas tienen una frecuente apatía. Su bajo estado de ánimo es casi diario. En los chicos es más bajo, del 31,8%, y menos permanente.

Indican que la conducta de riesgo de los adolescentes «es un proceso muy complejo y multifactorial donde intervienen factores diversos». A mayor número de factores, mayor riesgo, diversos estudios han demostrado una asociación entre determinadas prácticas sexuales, alimentación y ejercicio físico, la violencia y el acoso escolar, con ciertos estados de salud mental. Algunos han establecido relación entre la depresión y el consumo de tabaco y de drogas».

Las familias con problemas sean económicos o sociales son obviamente un caldo de cultivo para la inseguridad y la tristeza de los más jóvenes en el hogar que buscan además fuera el entorno afectivo que no logran en casa y, en la calle, pueden establecer conexiones no precisamente adecuadas y que conduzcan a fumar, beber y otros consumos como salida de escape.

Pero la tristeza en el adolescente no solo tiene que ver con un entorno desestructurado sino con el propio hecho de la edad, la inseguridad frente al aspecto físico, los amigos o los estudios.

Buen estado de salud

El nuevo estudio de 'Hábitos y estilos de vida en la población joven de Castilla y León' recoge, no obstante, que los jóvenes de la comunidad se sienten bastante bien. La mayoría (88,2%) consideran que su salud es 'buena' o 'muy buena'; aunque el 37,9% de los chicos eleva mucho más su consideración que ellas que se quedan en el 18,9%. Sin embargo, la categoría de 'buena' dispara la valoración femenina al 67,8% frente a la masculina, del 51,7%. El 'mala' o 'muy mala' baja a porcentajes del 1,6% y 1,8%, respectivamente. Son datos incluso más positivos que los del anterior estudio de Salud Pública realizado en 2016.

También recoge la información de la Consejería de Sanidad, datos sobre el estado físico de estos menores. Así, el casi 37% de estos estudiantes de la ESO tiene algún diagnóstico establecido, ligeramente más ellos que las féminas. Aunque es la alergia (20,7%) la más frecuente, especialmente en los varones; seguida de jaquecas, migrañas y dolores de cabeza frecuentes, algo que sufren el 7,2%. Las cefaleas parecen escribirse sobre todo en femenino, un 7% más. Sin embargo, una comparativa con el trabajo de 2016 muestra unos resultados con una evolución positiva.

Al valorar en qué momento se encuentran en ese momento de su vida con una puntuación de hasta 10, la peor es la de las chicas del medio rural en las que la media es de 6,95 y la mejor es la de los varones que viven en ese mismo medio. Ambos sexos registran puntuaciones similares (algo por encima del 7) en los entornos urbanos.

Fueron 1.004 los estudiantes de toda Castilla y León en una selección aleatoria de los centros escolares, tanto de institutos públicos como de colegios privados, los que participaron en esta encuesta; de los que el 55,5% fueron mujeres y el 44,5%, varones.

El trabajo recoge también prácticamente por igual la situación y respuestas de las zonas urbanas y semiurbanas y de las rurales.

El equipo de Salud Pública realizó la selección eligiendo una edad que no creara problemas legales que establecieran la obligatoriedad de, por la edad de los menores, tener que hacer participar también a los padres y, además, en una época de la vida en la que las decisiones y actuaciones ya pesa más la forma de ser del adolescente que la de sus progenitores. El trabajo, que se repite aproximadamente cada dos años, también permitió conocer el perfil social de los jóvenes a estas edades, repartidos casi a la mitad entre chicos y chicas (un 0,1% más de ellas) y donde ocho de cada diez vive en un entorno urbano.

Las chicas y de ciudad se perciben a sí mismas como mejores estudiantes que los varones

La consideración personal de los demás y del propio individuo inciden también de forma im portante en el estado de ánimo de cualquier persona y más en plena adolescencia.

El trabajo valora así la autopercepción de los resultados académicos en comparación con los compañeros de clase. El 17,5% de los estudiantes manifiestan encontrarse en el grupo de clase que obtiene las mejores notas y el 31,6%, en el colectivo que obtiene unas evaluaciones entre medias y altas. El 36,6% se sitúan a sí mismos en un grupo medio, el 12% en el medio-bajo y el 2,3%, en el de las peores notas.

Casi el 20% de las chicas se clasifican en el grupo de las mejores notas de la clase y el 31% en el medio-alto en comparación con las posiciones masculinas con el 15,2% y el 32,2% respectivamente. Los chicos se posicionan, el 37,8%, en el medio frente al 35,4% de las féminas y el 3,6% en el colectivo de las más baja donde las mujeres solo se posicionan a sí mismas el 1%.

Influye también en este aspecto académico el entorno urbano o rural. En las ciudades, más de la mitad (51%) están por encima de la media en comparación con el 41,5% de las zonas rurales.

En cuanto a su entorno familiar, el 91,9% de los padres trabaja frente al 71,4% de las madres y el 20,6% de ellas son amas de casa, y solo el 0,6 de los hombres realizan las tareas del hogar. Además, el 3,6% de los progenitores están en el paro y son pensionistas el 2,9% frente a las madres, con porcentajes del 5,5% y el 0,8%, respectivamente. Sin embargo, de estudios universitarios pueden presumir más ellas con un 49,2% frente al 34,5% de las madres.