Radiografía del adolescente tirano: ¿Quién manda en los hogares de Castilla y León?

Jóvenes en un botellón. :/RODRIGO JIMÉNEZ
Jóvenes en un botellón. : / RODRIGO JIMÉNEZ

El 7% de los adolescentes de la comunidad creen ser la única autoridad en su familia

Ana Santiago
ANA SANTIAGOValladolid

¿Quién manda en casa? Todavía tienen su peso los padres; pero cada vez más los hijos ganan poder y se imponen incluso como única autoridad familiar. Un fenómeno que va en aumento y que preocupa a los expertos no solo por los desequilibrios y situaciones tensas en el interior de un hogar sino por el claro riesgo en la proyección de esos menores tiranos como adultos.

Un estudio de la Universidad de Valladolid realizado con alumnos de la ESO, Bachillerato y FP pone números a esta situación de tiranía. Y así establece que el 7% de los jóvenes entre 13 y 18 años se consideran no solo que mandan en casa, sino que son la única autoridad familiar. El trabajo revela también que el 31,7% se considera figura de mando en el hogar aunque no en exclusiva.

La investigación 'El adolescente tirano' de Leonor Liquete Arauzo, entre otros pediatras, fue premiada como la mejor comunicación en el pasado congreso de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y de Atención Primaria celebrado en Málaga, a finales del pasado mes. El trabajo detecta también que el 42,1% de los adolescentes consideran al padre, y solo a él, la autoridad en el núcleo familiar; el 19,5%, únicamente a la madre y el 11,8% a ambos progenitores. Datos que revelan también, aunque no indagaban en tal propósito, la conformación machista familiar.

Dedicar poco tiempo a los hijos e intentar compensarlos con caprichos impulsa su autoritarismo

Los datos también constatan que el también llamado síndrome del emperador tiene más espacio en los núcleos monoparentales (22,4%) y en las que los padres están separados o divorciados, en el 6,5% de los casos. Sin embargo, no hay diferencias –pese a lo que cabría intuir– entre los hijos únicos y los que tienen hermanos. Tratar con tiranía a los padres, enfrentarse a ellos e imponer sus decisiones se da de forma similar en individuos con estas diferencias de entorno.

«Normalmente estos casos vienen de largo, tienen un historial de rabietas e insultos»

En cuanto al sexo del menor, este comportamiento de mando es algo más frecuente en los chicos que en las jóvenes, pero de forma ligera. Los datos también establecen cierta relación con estos comportamientos de un nivel bajo de estudios de los padres, de ambos, y del padre en el paro o de la esperada falta de colaboración en las tareas del hogar. La dinámica familiar de estos casos es desfavorable, en general, y también establece correlación con la insatisfacción con sus progenitores en el sentido de no sentirse queridos, atendidos, escuchados ni apoyados.

La investigación se ha centrado en niños y adolescentes de entre 13 a 18 años, un tramo de edad elegida para evitar problemas porque, a partir de los 12 años, un menor puede contestar a este tipo de cuestionarios, una vez informados sus tutores o padres, sin necesidad de que estos últimos tengan que conocer las respuestas; lo que da más intimidad y aflora mejor la verdad.

«Los menores necesitan límites, un equilibrio entre autoritarismo y cariño en su educación»

Este trabajo arranca de otro mucho más amplio, la tesis doctoral de la ya doctora Liquete – 'Impulsividad, funcionalidad y dinámicas familiares en adolescentes de Castilla y León'–, dirigida por Luis Rodríguez Molinero y Manuel Marugán de Miguelsanz, premiada hasta en seis ocasiones por sociedades nacionales de pediatría de diferente índole, en la que se recogen datos que «permiten conocer los factores de riesgo sociofamiliares que favorecen la creación de un adolescente tirano», destaca su autora. Y, en cuanto a estos menores con importante dominio de su hogar, establece la relación con una mayor impulsividad que la media y reacciones no planificadas que, a su vez, están relacionadas con preocupantes conductas de riesgo como por ejemplo, precisa, el «mandar más fotos comprometedoras de otros jóvenes en la red».

Estos comportamientos tiranos, coinciden en señalar los doctores Rodríguez Molinero y Liquete Arauzo, «van claramente en aumento y responden a cambios sociales». «En las consultas, cada vez nos encontramos con más casos que, en realidad, comienzan en la niñez y toman fuerza y se descontrolan en la adolescencia. 'No puedo con mi hijo' es cada vez una frase más frecuente», destaca Rodríguez Molinero.

«A diario, nos encontramos con padres que se lamentan en la consulta de las dificultades para convivir con sus hijos adolescentes, y se preguntan: ¿Qué he hecho mal? O dicen: le he dado todo lo que necesitaba, nunca le ha faltado de nada y mírale... A continuación surge la súplica: 'por favor, arréglemelo'. Creen que un niño es como un ordenador que viene con un programa de fábrica que le permite saber 'lo que está bien y lo que está mal', y que el suyo tiene un virus en el sistema operativo que hace que no funcione como debería», destaca la doctora Liquete.

Señalan ambos especialistas que estos casos, normalmente, en realidad «vienen de largo», y, en sus historiales clínicos, «hallamos variadas consultas por trastornos de conducta como esos berrinches incontrolables pasada la etapa preescolar, insultos a los padres y profesores... y, a veces, justificaciones dolosas por parte de sus familiares del comportamiento del menor. 'Es frecuente es una etapa, ya se le pasará, total no nos vamos a pegar con él por esa tontería...' son disculpas frecuentes», indican.

Estas conductas, insisten ambos pediatras, son las señales de que un niño «quiere tener el control absoluto en su casa». Y si no se establecen cambios en la dinámica familiar y se acude a especialistas a tiempo, «se puede convertir en un menor violento y peligroso, en un adolescente tirano».

Destacan los expertos que estos comportamientos aumentan y tienen detrás diversas causas, y especialmente el cambio social y laboral en el que los padres dedican poco tiempo a los hijos, se sienten mal e intentan compensarlos con caprichos y concesiones. O están cansados y prefieren ceder o, incluso, claudican por miedo a que la bronca familiar se les vaya de las manos.

Las razones del auge del niño tirano son variadas según analiza este estudio y sus autores. Por un lado, la concepción de la infancia y la adolescencia «en nuestra sociedad ha cambiado y ha pasado de ser una etapa para formarse y asumir progresivamente responsabilidades en un medio de amor, que es la familia, a ser un 'carpe diem', considerando que hay que disfrutar porque luego vendrá el duro trabajo adulto».

El problema de esta nueva concepción, surge de que «no entendemos lo qué necesita un niño y un adolescente de su familia y medio escolar, y por qué lo necesita. No se puede formatear un adolescente con 20 años y hacer que pase del 'carpe diem' a ser un trabajador responsable», insisten. La rebeldía propia de una etapa de maduración y desarrollo unido a la falta de límites, indica Molinero, «provoca importantes consecuencias cuando llegan a adultos, como poco que sufran las consecuencias del fracaso escolar, laboral o social», añade.

Etapa de cambios

La adolescencia es una etapa de reflexión, de cambios importantes y, por lo tanto, «es un periodo de gran vulnerabilidad. Los adolescentes son más impulsivos, por causas biológicas, y necesitan tener una educación, unas normas y valores que les permitan no dejarse llevar por sus impulsos», añade Liquete.

Por otra parte, las familias actuales se cuestionan los modelos de educación tradicionales. Hay progenitores que piensan que poner límites y normas a sus hijos es «ser un padre autoritario y no es totalmente cierto. Los diferentes modelos educativos se caracterizan por diferentes proporciones de autoridad y de afecto».

Insisten estos facultativos en que «los niños necesitan saber que hay límites. Si no, cuando lleguen a la adolescencia, si quieren pegar a un profesor, pues lo harán, porque nadie les ha dicho que no pueden hacer todo lo que quieran. Todos los estilos de educación, salvo el democrático, hacen más vulnerable e impulsivo al adolescente».

No obstante, apuntan a que es cierto que existen predisposiciones genéticas y biológicas como el conocido TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad) o el trastorno negativista desafiante. Pero si a esta vulnerabilidad biológica «le sumamos la sobreprotección y la falta de límites claros, la mezcla puede ser explosiva», añaden.

Por último, un punto fundamental es la falta de conciliación de la vida familiar y laboral. Indican que un estudio realizado por psicólogos de la Universidad de Santiago de Compostela, concluyó que los padres de hoy en día son más incompetentes –entendiendo esto como la falta de competencias para educar asertivamente ante los retos actuales– de lo que lo eran los de anteriores generaciones. Entre las variadas razones de esta conclusión encuentran que no saben cómo tratar a sus hijos porque apenas conviven con ellos. Tienen jornadas prolongadas y tratan de compensar su ausencia con regalos materiales o con privilegios que no deberían y básicamente están educando desde la culpa.

 

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