Ovejas-bombero para evitar fuegos

Deme González con su rebaño de ovejas./S. R.
Deme González con su rebaño de ovejas. / S. R.

Mas de un millón de cabezas en extensivo contribuyen al cuidado del medio natural

Silvia G. Rojo
SILVIA G. ROJO

Castilla y León es una de las comunidades de referencia en el sector del ovino. Primera productora de leche de oveja y de toneladas de carne, tampoco se puede despreciar la labor medio ambiental que realizan muchos de los rebaños que todavía optan por el sistema extensivo de explotación, aprovechando miles de hectáreas de montes y bosques que de otra manera se convertirían en una capa seca de combustible lista para arder en el tiempo más seco.

Alrededor de 1,3 millones de ovejas se encuentran bajo ese modelo extensivo en la región, ocho millones en todo el país, «y ese es el perfil del denominado ganado bombero», explica el director de la interprofesional del ovino (Interovic), Tomás Rodríguez. «En Castilla y León son alrededor de 5.000 las explotaciones que aprovechan esos pastos. Las ovejas-bombero están pastando en las zonas más desfavorecidas, y en lugares de montaña actúan sobre los cortafuegos, los montes y los pastos comunes con la prevención de incendios».

La teoría parece clara. «Si esas ovejas aprovechan los recursos naturales para su alimentación y consumen entre dos y tres kilogramos de materia vegetal seca por día, cumplen una labor medio ambiental muy importante», comenta José Manuel Domínguez, técnico de Urcacyl.

Según cuentan los expertos, en este caso Tomás Rodríguez, «la cabra es más eficaz con los leñosos y las ovejas aprovechan más los brotes tiernos». «Al final, la oveja controla y mantiene los arbustos a raya favoreciendo la biodiversidad», agrega, y remacha: «Después de la abeja, las ovejas son las que hacen más polinización, porque se llevan las semillas de un lugar a otro».

Tradicionalmente, ha sido el ganado el que ha mantenido limpio el monte, pues limpiarlo mediante trabajos forestales es algo inviable, por mucho que siempre se diga aquello de que «los incendios se apagan en invierno». Ahora bien, a nadie se le escapa que ese perfil del pastor que pasa jornadas enteras con sus ovejas en el campo parece condenado a desaparecer y cada vez son menos los que mantienen el oficio como lo hacían los profesionales de otros tiempos. Se opta cada vez más por tener el ganado en extensiones considerables pero cercado. Un ejemplo perfecto de ese pastor que sale cada día con sus animales y mantiene a raya una parte del monte es Deme González, un joven de la localidad salmantina de Martiago que desarrolla su vida diaria entre riscos.

«Las ovejas son miedosas»

Deme convoca a este medio de comunicación a las siete de la mañana a la entrada de su pueblo, porque «después empieza a hacer calor y las ovejas se amontonan y no se puede salir con ellas con esas temperaturas». Su rebaño lo conforman 720 ovejas, aunque también se dejan ver varias cabras, que tienen una misión muy concreta: «Son más valientes que las ovejas, que son miedosas, y van abriendo camino por donde las ovejas no se atreven a entrar», apunta.

Hace muchos años, la abundancia de ganado en la zona no obligaba a labrar partes del terreno, como sucede hoy en día, porque «es la manera de que entren mejor las ovejas». «Con el monte cerrado tardan más, así que en alguna parte pasamos el arado», añade.

Aclara, por otra parte, que en el caso de las vacas «solo comen el carrasco o la encina; del resto, olvídate, a diferencia de las ovejas, que comen tomillos, jaras, escobas y lo que se encuentran».

Deme sale prácticamente todos los días con su rebaño. «Si no, no pienses que habríamos bajado por donde lo hemos hecho», deja constancia. «Esto no puede ser cosa de un día, hay que venir con ellas de forma habitual hasta que logras que se metan. No las puedes empujar con el perro, porque van con miedo y son las cabras las que abren el camino llamándolas con un taco de pienso. Un día, las llevas un tramo y al siguiente van avanzando otro poco. No puede ser algo puntual», apostilla.

Pasar un rato en el campo con Deme permite conocer muchos otros detalles, y que esa frase de que los incendios se apagan en invierno tome sentido pleno. «En el caso de la jara, las ovejas la comen en diciembre y en enero, lo que no quiere decir que en otros momentos no lo puedan hacer, pero es en esos meses cuando lo hacen como cosa buena, porque la jara tiene la savia parada, así que cumplen totalmente con esa labor de prevención de incendios en invierno».

A medida que avanza detrás de su ganado o delante cuando el terreno lo permite, va mostrando esos arbustos y plantas. «Si no hubieran entrado en esta zona en invierno, las jaras estarían mucho más grandes, ahora las tienen cortadas».

El ganadero se muestra, además, como un gran defensor de las razas autóctonas. Su apuesta, en concreto, es por la castellana, reconociéndose muy cuidadoso con la selección. «Si traes por aquí una oveja que no esté adaptada, le entra depresión», bromea, al tiempo que recuerda que hay que combinar a la perfección la cantidad de comida que se las echa cuando llegan al redil y lo que comen en el campo, pues «si las echas mucho pienso o alpacas, cuando llegan aquí, al campo, no comen, se dedican a mirar y hay que tratar de que se busquen un poquito la vida».

El joven pastor, profesión que considera se encuentra en peligro de extinción, supone una auténtica lección, pues no deja de contar esos pequeños trucos que hacen su tarea más fácil. «Si en invierno pones el redil cerca del monte, ellas a última hora saben que las vas a encerrar y desbrozan que es una barbaridad, eso sí, hay que estar con ellas para que estén tranquilas porque son muy miedosas».

Vocación

Este profesional, absolutamente vocacional, asume que «todo se acaba» y que son muy pocos los jóvenes que hoy en día quieren apostar por este tipo de explotación y, en definitiva, por este modelo de vida. «Alguno habrá que lo haya visto en casa y quiera seguir, pero esto es muy sacrificado y la gente prefiere un trabajo de lunes a viernes. ¡A ver quién se quiere estar aquí todo el día!», exclama. Aunque matiza que las mejores horas para el pastoreo son a primera de la mañana y a última de la tarde. Deme González ha buscado siempre la inspiración en las personas más mayores, que son las que le enseñaron el oficio, y señala que «hace unos años todavía te encontrabas con gente por el campo, pero ahora ya con nadie».

En su mente está Ignacia, ganadera ya mayor, pero que llegaba con su ganado del lado de Villarejo. «Se notaba muchísimo que cuando ella estaba con sus ovejas, estaba todo el monte mucho más limpio», dice. Como anécdota, explica que además de pasar buenos ratos de tertulia, la mujer se llevaba al campo su labor para entretener mejor el tiempo.

Deme es más de libros, siempre lleva alguno en su mochila, de pensar y de escribir poesía, algunas muy acordes con todo este asunto: «Castellanas por ser recias y finas en los riscos, y mansas y buenas madres en los apriscos».

Desde la interprofesional del ovino entienden que todo este modelo de producción tiene una importante carga social. «Si comes lechal o cordero criado, de esta manera estás contribuyendo a mantener el bosque a raya. Es una carne que tiene un valor ético», opina Tomás Rodríguez. En comunidades como Cataluña hay zonas en las que esa marca se comercializa con un marchamo específico para que quede claro de dónde procede y el valor añadido que genera tanto su cría como el consumo.

Tampoco se olvida el director de Interovic que este tipo de ganadería de pastoreo y producción «fija población, pues todos los ganaderos viven al lado de su ganado». «Esto no es como el que vive en un sitio y tiene las tierras en otro: aquí hay que estar», al tiempo que suma el aspecto de lucha contra el cambio climático.

Concluye apuntando que a pesar de que el perfil de oveja-bombero es el de la que se cría en extensivo, las ovejas estabuladas cumplen con su parte ya que «hay una época del año, durante varios meses, que también salen al campo».

El programa de desbroces de la Junta reduce un 40% los fuegos en esas zonas

Entre los años 1993 y 2002 los datos indican que el 75% de los incendios fueron causados por tareas agroganaderas. Apartir del año 2003, la consejería de Fomento y Medio Ambiente puso en marcha un programa enfocado «no tanto al desbroce con ganado sino a que los propietarios mantengan el terreno», indica Ángel Sánchez, jefe de servicio de Promoción Forestal. «La mayoría de los incendios estaban causados por las limpiezas ganaderas para crear pastos y empezamos a trabajar con los ganaderos para que vieran qué otras formas de gestión son posibles y para que tomaran conciencia y aprendieran a gestionar su terreno», explica.

Independientemente de las labores con maquinaria que se puedan llevar a cabo, para optar a estas ayudas para «labores de mejora y prevención de daños en terrenos forestales con vocación silvopastoral», también hay que contar con un número mínimo de cabezas de ganado en extensivo y hay que comprometerse a gestionarlo durante un periodo de cinco años. La acción se incluye dentro del Programa de Desarrollo Rural (PDR) de Castilla y León.

Otras comunidades han optado por acciones puntuales con ganado, por ejemplo, para la limpieza de un monte o de un cortafuegos, pero desde la Junta se entiende que el sistema que aquí se ejecuta es un modelo más integral de gestión de una explotación. «No solo mejora un cortafuegos».

Los datos también son contundentes, y según un estudio de la Universidad de Valladolid, en esas zonas donde se están ejecutando estos expedientes de gestión ganadera en extensivo, el número de incendios ha bajado en un 40%. «Se consigue reducir y prevenir», insiste el técnico.

En la convocatoria de 2015 se aprobaron 93 expedientes para llevar a cabo este modelo de gestión, que en dinero supusieron 4,6 millones de euros. La cifra aumentó de manera sustancial en la convocatoria de 2017, con un total de 258 expedientes y 12,1 millones de euros en ayudas que contribuyen a la mejora de las explotaciones y del entorno.