Casi medio millón de personas viven en riesgo de pobreza en la región

Una mujer, que pasa el invierno sin calefacción, conversa con una técnico de intervención familiar de Cruz Roja/
Una mujer, que pasa el invierno sin calefacción, conversa con una técnico de intervención familiar de Cruz Roja

Cáritas y Cruz Roja advierten de la «precarización» del trabajo y de que el inicio de curso es una de las épocas con más demanda de ayuda

Alicia Pérez
ALICIA PÉREZ

Unas 469.000 personas se encontraban en riesgo de pobreza o exclusión social en Castilla y León en el año 2018, lo que representa el 19,5% de la población y una de cada cinco personas que habitan en la comunidad. Estos datos del año 2018 que han sido publicados en la 'Encuesta de Condiciones de Vida' del Instituto Nacional de Estadística (INE) representan un repunte de la tasa de población en riesgo de pobreza o exclusión social respecto a 2017, cuando la tasa era del 18,4%, con unas 443.000 personas. Esto supone que 26.000 personas más se encontraban en 2018 en riesgo de sufrir pobreza o exclusión social. A pesar de este repunte en más de un punto porcentual, la tasa de riesgo de pobreza o exclusión social sigue siendo inferior a la media nacional, que se sitúa en el 26,1% tras bajar del 26,6% de 2017. En ambos casos la situación es peor que en la comunidad.

Castilla y León tiene la séptima mejor tasa Arope del país. Tienen tasas más favorables País Vasco (12,1%), Navarra (12,6%), Aragón (17,7%), Islas Baleares (18,1%), Cataluña (18,9%) y Madrid (19%). En el otro lado de la balanza, con los peores porcentajes, se sitúan Ceuta (49,3%), Extremadura (44,6) y Andalucía (38,2).

El indicador Arope, incorporado por la Estrategia Europa 2020, se utiliza para medir la población en riesgo de pobreza o exclusión social. Tiene en cuenta no solo el nivel de renta, sino que utiliza un concepto multidimensional que incluye la tasa de riesgo de pobreza, la carencia material severa de bienes y los hogares que presentan baja intensidad en el trabajo. Si se tiene en cuenta solo el riesgo de pobreza, la tasa en Castilla y León es del 16,1%, por encima también del 15,4% de 2017.

Llama la atención el incremento sufrido respecto a la carencia material severa, que casi se ha duplicado, al pasar del 1% en 2017 al 1,9% en 2018. En este sentido, los datos apuntan a que el 25,6% de la población de la comunidad no puede permitirse ir de vacaciones al menos una semana al año, el 1,3% no puede permitirse una comida de carne, pollo o pescado al menos cada dos días y el 5,2% no puede mantener la vivienda con una temperatura adecuada. Además, el 23,6% no tiene capacidad para afrontar gastos imprevistos de 650 euros, el 2,9% tuvo retrasos en el pago de gastos relacionados con la vivienda principal en los últimos doce meses, el 2% no puede permitirse disponer de un automóvil y el 2,3% no puede permitirse comprar un ordenador personal.

Llegar a fin de mes

Según los datos de la 'Encuesta de Condiciones de Vida', el 3,8% de la población de Castilla y León tiene mucha dificultad para llegar a fin de mes, un 13,6% tiene problemas y el 25,7% se enfrentan a una cierta dificultad. El resto no se encuentra con dificultades para llegar a fin de mes. Esto sitúa a los castellanos y leoneses por debajo de los índices que hay de media a nivel nacional.

En cuanto al número de personas que viven en hogares con baja intensidad de trabajo, hay que destacar que han descendido los habitantes de la comunidad con edades comprendidas entre los 0 y los 59 años que viven en hogares en los que sus miembros en edad de trabajar lo hicieron menos del 20% de su potencial total de trabajo. Este indicador se situó en 2018 en el 8,8% y en 2017 era del 9,2%. Es el porcentaje más bajo de los últimos siete años, aunque sin embargo no es suficiente para alcanzar las cifras de 2008, cuando los hogares con baja intensidad en el trabajo representaban el 5,5%.

Desde Cáritas y Cruz Roja, entidades que trabajan con las personas más necesitadas en Castilla y León, advierten de la «precarización» del trabajo que se está creando en la comunidad y de que el inicio de curso es una de las épocas del año, junto al invierno, en la que más ayuda demandan las familias por las dificultades para la adquisición del material escolar.

El presidente de Cáritas Autonómica de Castilla y León, Antonio Jesús Martín de Lera, señala dos factores que «siguen lastrando» la situación de exclusión y de pobreza de muchos habitantes de la comunidad. Se trata, por un lado, de que muchas personas que quedaron en exclusión social por la crisis siguen actualmente en esa situación y, por otro, que se sigue creando empleo pero en precario, es decir, «empleo inestable o por horas».

La licencia de comer

«Alguien que trabaja tres o cuatro horas diarias y que cobra 500 euros al mes no va a poder pagar todos los gastos que implica mantener un hogar o una familia. Estas personas no cuentan como paradas, pero ese trabajo no les permite ninguna licencia nada más que comer», explica. Por este motivo, insiste en que «mientras no seamos capaces de generar empleo y empleo de calidad para nuestra gente y sobre todo nuestra gente joven, tendremos serios problemas de exclusión y de pobreza».

Las ayudas más solicitadas en Cáritas son las referentes a la vivienda, concretamente al pago de suministros, alquileres o mensualidades de hipotecas, y al empleo, a través de la intermediación laboral y la formación.

Reyes Revellado, directora de Intervención Social de Cruz Roja en Castilla y León, también pone el énfasis en los efectos de la crisis, ya que aunque los datos económicos apuntan a una tendencia de recuperación, esto no se ha traducido en una mejora de las condiciones de vida de toda la población. «Los sectores más vulnerables afrontan incluso un empeoramiento de sus condiciones de vida», destaca y añade que la crisis ha afectado de manera más severa, intensa y por más tiempo a aquellas personas que se encontraban en una peor situación de partida. Además, incide en que el acceso al empleo no está siendo actualmente una garantía de seguridad y sostenibilidad para las familias, porque aunque aumentan las tasas de empleabilidad, lo hacen en un marco «de temporalidad o de precariedad laboral».

Las principales ayudas de Cruz Roja en 2018 en cuanto a entregas de bienes se destinaron a alimentos, juguetes, material didáctico y productos de higiene. En cuanto a las entregas económicas, las más numerosas son las ayudas de primera necesidad y el pago de recibos de suministros.