Los expertos alertan de los efectos del cambio climático en los vinos de Castilla y León

Pancho Campo en una de sus conferencias./S. G.
Pancho Campo en una de sus conferencias. / S. G.

El especialista Pancho Campo advierte de que la amenaza es seria

Susana Gutiérrez
SUSANA GUTIÉRREZ

El plazo marcado por los científicos para poner freno al calentamiento global del planeta se fija en doce años, a partir de ahí no habrá vuelta atrás. «Tenemos que hacer algo y ya, para que cuando lleguemos a 2031 lo podamos frenar», sentencia Pancho Campo, director de la Cumbre contra el Cambio Climático que se celebrará en Portugal del 5 al 7 de marzo. Campo apuesta por poner solución a los problemas inmediatos, pero al mismo tiempo, trabajar en la adaptación de sector: reduciendo la emisión de gases de efecto invernadero, la huella de Carbono, con una mejor gestión de la energía y la racionalización de los recursos hídricos. En cualquier caso, destaca que tanto la Federación Española del Vino como los consejos reguladores están tomando algunas medidas, aunque apela a la participación más activa de los protagonistas de la industria del vino. «Tienen que tomar conciencia de que hay que parar de hablar y ponerse a actuar. Básicamente ese es el mensaje, que todos entendamos que el protagonista del cambio climático somos nosotros, y tenemos que hacer algo». En cualquier caso, recuerda que el problema afecta a todo el sector, no solo a los viticultores, sino a todo el colectivo que trabaja en el sector del vino de forma directa o indirecta.

A pesar de que en las zonas cálidas de viñedo, como Castilla-La Mancha y Extremadura, los efectos del cambio climático son más palpables y negativos en la actualidad; si no se pone freno, los problemas se extenderán también a las denominaciones de origen de Castilla y León donde, de momento, el calentamiento global no ha tenido consecuencias tan nocivas. Así lo mantiene, Pancho Campo responsable del Protocolo de Oporto, un organismo sin ánimo de lucro, nacido para aunar los esfuerzos del sector del vino para mitigar los efectos del cambio climático.

«El planeta entero está siendo afectado, en las zonas más frías como puede ser Castilla y León ha tocado menos, pero hay que alertar de que no hemos conseguido frenar el ascenso de las temperaturas y esto que ahora es bueno, si siguen subiendo, se convertirá en muy negativo», insiste. Pone el ejemplo de Ribera del Duero, una de las zonas en las que, debido a la configuración del río y por las características del terreno, el impacto ha sido más leve, «pero esto no quiere decir nada de cara al futuro». En este sentido, resalta que el problema es global «lo tenemos que entender como uno» y, a pesar de que de momento ha afectado menos en esta región «está todo conectado y nos va a llegar de la misma manera».

El experto destaca que una de las características principales en Ribera es la diferencia de temperaturas entre el día y la noche, que se cifra en un promedio de 15 grados. «Estamos viendo que eso está disminuyendo, no tanto porque estén subiendo las temperaturas diurnas, sino porque están subiendo las nocturnas. De noche es cuando la uva descansa, se recupera, acumula su acidez. Si durante el día es un poco más agresivo y durante la noche la uva no puede descansar, va a tener peores condiciones para recuperarse», afirma.

El impulsor del Protocolo de Oporto comenzó su cruzada particular en la concienciación del sector en el año 2006. Por aquel entonces, indica, nadie veía la relación del cambio climático con el sector del vino, «nos llamaban locos». A fecha de hoy, considera que hay una mayor concienciación y se entiende que «el buen vino se hace con buenas uvas y las buenas uvas están influenciadas por la cantidad de lluvia, la temperatura media del aire, la humedad relativa, los rayos ultravioletas, parámetros a los que el cambio climático afectan directamente». Si estos parámetros cambian, según Campo, también variará la calidad de la uva y provocará una variación en el estilo del vino, «obligando al bodeguero a intervenir más y adaptarse, en una industria que promueve la menor intervención posible en el vino y entonces ya tenemos un problema».

La maduración

La descompensación entre el grado y la maduración es otra de las consecuencias del cambio climático. «El aumento de la temperatura lleva a que la uva tenga mayor azúcar, lo que resulta en mayor contenido alcohólico, pero a la vez baja la acidez y se desdobla las maduraciones, la fenólica y la alcohólica. El alcohol se dispara rápidamente, pero la uva sigue estando demasiado verde, no está todavía madura y podemos perder calidad en el vino». En lo que se refiere a las plagas, si las temperaturas son más benevolentes «esos bichos se multiplican con más faci