Ana Belén Arcones Tejedor, directora general de Grupo IMF

«El error es que se sigan tratando los temas de las mujeres en mesas en las que solo hay hombres»

Ana Belén Arcones, durante la entrevista. /Óscar Chamorro
Ana Belén Arcones, durante la entrevista. / Óscar Chamorro

Por segundo año consecutivo, la directora general del Grupo IMF, Ana Belén Arcones, está entre las diez mejores directivas de España

J. I. Foces
J. I. FOCESValladolid

He aquí una persona perseverante. La segoviana Ana Belén Arcones. Creyó desde joven en que el trabajo, la constancia, el esfuerzo son el único secreto para conseguir en la vida lo que te propones y aquí la tienen: dos años seguidos entre las diez mejores directivas de España. Creó la que hoy en día es una de las escuelas de negocio más prestigiosas del panorama internacional, IMF Business School, y desde siempre ha trabajado para que la igualdad entre la mujer y el hombre deje de ser una reclamación para convertirse en un hecho.

–¿Cuando una está dos años seguidos siendo premiada como una de las diez mejores directivas de España a qué se siente obligada?

–Le debo devolver a la sociedad lo mucho que me ha dado. Las mujeres no estamos pidiendo unos privilegios, estamos hablando de igualdad de oportunidades siempre que la mujer quiera optar al mundo laboral. Entonces, las mujeres en este caso debemos ser agentes de cambio y esa es la obligación que yo tengo: intentar ser agente de cambio para que se visibilicen las mujeres dentro de lo laboral.

–¿De qué se siente usted ejemplo?

–De trabajadora constante. Creo que he sabido elegir un buen equipo y creo que fuimos pioneros dentro de una institución académica en ofrecer una formación on line. Yo no soy nada sin mi equipo. Me siento orgullosa de que IMF sea una de las escuelas de negocio que no tiene políticos, que no tiene nadie del poder detrás. Somos lo que se ve. Hemos sido unos currantes y me siento superorgullosa de ello.

–¿Un joven qué puede aprender de su ejemplo?

–Que con formación y trabajo puedes conseguir mucho de lo que te plantees. Yo estoy en contra de eso de 'Si quieres, puedes'. Si trabajas, puedes. Hay que trabajar. Y un joven puede ver en mí esfuerzo. Yo soy nieta de un pastor trashumante, mis padres son de una familia socioeconómica media y he tenido que combinar estudios y trabajo. Puedo ser ejemplo para los jóvenes de haber nacido en un pueblo de Segovia y de ahora mismo poder decir que tengo una escuela de negocios de las más importantes a nivel internacional.

–¿Otras mujeres qué habrían de ver de ver en usted?

–Me gustaría que todos estos reconocimientos sirvan de ejemplo. Tú no puedes ser de niña lo que no sabes que se puede ser.

–No entiendo...

–A ver. Tú no puedes ser matemática si no sabes que hay mujeres matemáticas. Tú no puedes ser ingeniera si no ves a mujeres ingenieras. Yo creo que nuestro ejemplo, más allá de mí, ¿eh?, debería servir para que los jóvenes, para que las mujeres, para que cualquier persona tenga esos referentes femeninos. Insisto, sin personalizarlo en mí.

–¿Una directiva de otro sector de cualquier otro nivel qué puede encontrar en su ejemplo?

–No lo sé... Ahí me pillas. Son más ejemplo para mí muchas mujeres que lo que yo puedo ser para ellas. El trabajo y la constancia me caracterizan mucho y podrán ver que todo ha sido construido en base a un trabajo. Un trabajo en el que no me han ayudado los de arriba porque no he tenido a nadie arriba.

–¿Nadie, nadie?

–He tenido referentes, pero a nadie que me haya echado una manita. Debo todo lo que soy a mi familia, a mis compañeros de vida, a mis compañeros de abajo, metafóricamente hablando, mucho más que a cualquiera de arriba. No he recibido una subvención en mi vida. He sido madre y he renunciado a cualquier tipo de prestación, a la baja por maternidad... No he cobrado un euro en mi vida ni en el desempleo. Sí que puedo hablar de que estoy orgullosa de que nadie... No de que nadie me haya regalado nada, porque yo le debo todo a mi equipo, a mis padres, que han estado siempre ahí ayudándome; cuando he querido tirar la toalla ellos han estado. Pero, no sé, otras directivas creo que pueden ver en mí el esfuerzo. Porque yo sé que no todas las directivas probablemente estemos por méritos; tampoco los hombres, ni en broma...

«Estoy en contra de eso de 'Si quieres, puedes'. Si trabajas, puedes. Hay que trabajar»

–¿Qué quiere decir?

–Que hay gente que está por enchufe, claramente. Otros que están porque se saben mover muy bien. En hombres y en mujeres, ¿no? Y en mí pueden ver que esto mío lo he construido yo, lo he creado yo. No sé si me estoy sabiendo explicar...

–Perfectamente. ¿Qué nos falta por conseguir en España para que de verdad la igualdad entre hombre y mujer deje de ser un deseo y sea una realidad?

–Precisamente eso, la igualdad real. Yo creo que la educación, que es el mundo en el que me muevo, que me apasiona, es una de las palancas que deberíamos tocar de verdad. Educar en igualdad en los colegios. Eso rompería los estigmas sociales, eso haría que tanto niños como niñas quisieran fomentar juntos la corresponsabilidad, que pudiéramos conciliar, que tuviéramos jornadas de trabajo mucho más reducidas. La educación es clave.

–De todo lo que se ha conseguido en España, ¿con qué se quedaría?

–El derecho al voto de la mujer. Debemos mucho a eso. No estamos hablando de que queramos privilegios; es que estamos hablando hasta de derechos humanos. No sé si recuerdas la frase de Herbert Marcuse 'Seamos realistas, pidamos lo imposible'. Yo acuñaría en mí y en la gente que me rodea esta otra: 'Seamos feministas, pidamos lo posible'. Estamos pidiendo algo tan básico como una igualdad de oportunidades en tareas que tengan un mismo valor o en el mismo puesto de trabajo. No creo que estemos pidiendo... hala... Lo que sí creo es que sí se debería informar de qué es el feminismo.

«Defiendo que la mujer que quiera trabajar tenga las mismas oportunidades que un hombre»

–¿Qué es el feminismo?

–Si se sigue tratando en las mesas en las que solo hay hombres el tema de la mujer, es un error. Tanto como el intentar ponernos en oposición al hombre y a la mujer. Sin hombres yo no sería nada. Bueno, sería huérfana, sería viuda y no tendría vida porque tengo hijo. Se debería informar bien de qué es el feminismo porque o soy yo la única que tiene amigos feministas y todos entienden lo que es estar casados, tienen hijas, tienen hermanas... Todos queremos una igualdad. Y si la hubiera real, le vendría muy bien a todas las familias porque nuestras pensiones de jubilación serían más altas. Podríamos optar a puestos de trabajo más altos, en los que se gana más, el PIB crecería... ¡No sé de verdad qué es lo que no se entiende de lo que se está pidiendo! Si lo empiezan a vender como que somos cuatro locas que quieren hablar de la supremacía de la mujer, hablar de 'miembras', lo estamos trivializando mucho. Es otra cosa.

–¿Qué opinión tiene usted de las cuotas en las direcciones de las empresas y en las listas electorales?

– Partiendo de la base de que cuando hablas de una cuota de alguna forma estás hablando de que detrás hay una deficiencia, las cuotas no le gustan a nadie. Pero yo sí estoy a favor de las cuotas y de lo que se consigue con ellas. Igual que los hombres tienen unos espacios de 'networking', donde pueden hablar de unos contactos que te pueden hacer posicionar laboralmente mejor, hay muchas mujeres que salen los niños del cole y se tienen que ir a buscarlos. Estoy a favor de las cuotas para que algún día dejen de existir las cuotas. Y lo creo de verdad.

–Y del lenguaje inclusivo, ¿qué piensa? Lo digo porque se ha empezado a ironizar mucho sobre eso en muchos ámbitos sociales...

–Lo de 'miembros' y 'miembras' me parece que es trivializar. El lenguaje genera pensamientos. Es verdad que el lenguaje de los hombres no les beneficia a ellos ni nos beneficia a las mujeres. Yo estoy a favor de un lenguaje que no sea sexista, que sea inclusivo. No quiero trivializarlo, pero hay que escuchar cuando nos dicen que hay que fomentar un lenguaje inclusivo; hay que considerarlo. Independientemente de que yo sea la primera que meto la pata. Si es verdad que el lenguaje genera pensamiento, cuando menos a nuestros hijos les tenemos que enseñar a hablar en un lenguaje que no sea sexista.

Ana Belén Arcones, durante la entrevista.
Ana Belén Arcones, durante la entrevista. / Óscar Chamorro

–Este año es la madre de todos los años electorales. Va a votarse para todo. ¿Ofrecerán los partidos a la mujer todo con tal de tener su voto y luego, si te vi no me acuerdo?

–Hay personas dentro de los partidos que son capaces de vender lo que haga falta con tal de mantenerse. Espero que las mujeres no seamos una moneda de cambio. Este es un asunto muy serio. El 8 de marzo pasado se demostró en las manifestaciones que no solo había mujeres: había familias enteras. Luego creo que la sociedad ahí dijo lo que quería. Claro que seremos una moneda de cambio.Me preocupan los aires que se le pueden dar a esto. Simone de Beauvoire decía algo así como que bastará una crisis, económica, religiosa o de cualquier tipo, para que otra vez se pongan a cuestionar los derechos que hemos adquirido las mujeres. Y yo creo que tenemos que estar vigilando ese tema.

–¿Sería el ejemplo de caminar hacia una igualdad efectiva real el que de una vez en España, después de cuatro décadas de democracia, hubiese una presidenta del Gobierno?

–¡Ójala! Sería la mejor palanca. La presencia de las mujeres dentro de cualquier organización, junto con los hombres, te da una visión poliédrica mucho más completa.

«Estoy a favor de las cuotas para que algún día dejen de existir las cuotas»

–Si hubiese un aspecto por encima de los demás cuya introducción en la legislación laboral desbloquease ipso facto el camino hacia la igualdad real, ¿cuál sería?

–Jornadas reducidas, permisos de paternidad y fomento del teletrabajo.

–Ha hablado de la discriminación salarial. Está surgiendo, es verdad que en el ámbito masculino, un cierto negacionismo hacia eso de que las mujeres ganen menos.

–Hay dos tipos de brechas salariales, la ajustada y la no ajustada. Hay una en la que sí se compara todo y eso es dificilísimo. Es que al parecer no hay datos porque no se pueden comparar los mismos títulos con el mismo puesto de trabajo, incluso ya le meten el trabajo de igual valor. Por ejemplo, cajeras de hipermercado y reponedores; hay más mujeres en la línea de caja y más hombres en almacén. Ahí se intentó equiparar y, claro, no es lo mismo. Hablamos de brecha ajustada y brecha no ajustada. Una sí que conlleva discriminación. No es un tema de hombres-mujeres, porque los hombres tienen mucha más presencia en puestos altos y en actividades donde se paga más dinero. Entonces, si tu trabajas en profesiones de estas de ciencias, tecnología, matemáticas e ingeniería, el problema que hay es que ahí se paga muy bien, pero a las mujeres nos están educando para dedicarnos a la enseñanza y a la sanidad, donde se cobra menos. Más que de discriminación hablaría que hay puestos en los que no tenemos presencia, no optamos.

–¿No optan o no pueden optar?

–No pueden optar, tiene razón en el matiz. Pero, ojo, que la mujer o el hombre que quiera quedarse en casa, perfectamente. ¿Aquí quién va a decirme si quiero quedarme en casa o si lo quiere hacer mi marido? Eso lo tenemos que apoyar. ¿Qué es lo que yo defiendo? Que la mujer que quiera optar a trabajar tenga las mismas oportunidades que tiene un hombre con igual titulación, esfuerzo...

–¿Cómo está afrontando 2019 después de haber sido los dos años anteriores una de las diez mejores directivas de España? ¿Cree en el dicho de 'no hay dos sin tres'?

–¡Sería una gran noticia! Me siento absolutamente privilegiada. No me he visto en otra.

–¿De mayor qué quiere ser usted?

–Quiero dar a mis hijos el equilibrio suficiente para que sean felices. Así seré feliz yo.

 

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