El consumo de antibióticos cae en Castilla y León, pero la sombra de las resistencias planea sobre el sistema

Cajas de diferentes antibióticos./Gráfico
Cajas de diferentes antibióticos.

El uso inadecuado está poniendo en riesgo la capacidad de tratar infecciones comunes y ya afecta a más de un 3% de procesos clínicos diagnosticados en los centros de salud

S.CALLEJA

El problema va en aumento y no es exclusivo de Castilla y León, ni de España, ni de la Unión Europea. Es un asunto mundial que ya provoca unas 25.000 muertes cada año en Europa y que en 2050 se cobrará más vidas que el cáncer por falta de un tratamiento alternativo. Tal es su impacto que desde hace una década cada 18 de noviembre se celebra el Día Europeo para el Uso Prudente de los Antibióticos, y ya se 'ha colado' entre la líneas estratégicas de Sacyl.

En Castilla y León, los datos más recientes dibujan una tímida caída del consumo en los últimos tres años en la población general, excepto entre los mayores de 75 años, donde crece 4,83 puntos. Así figuran en el último informe de los indicadores de prescripción de medicamentos de Sacyl, que destaca un mejor uso en algunos antibióticos habituales, y que pone de manifiesto un descenso del 0,57 por ciento desde 2015, al pasar de una prevalencia de uso global del 34,3 al 33,46 por ciento. Si se mide por dosis diarias definidas por cada 1.000 habitantes y días, se observa una caída de casi un punto y medio, de 25,6 a 23,9, mayor que el valor nacional de referencia del 22,46 por ciento.

Esta contención no es suficiente en un contexto en el que la resistencia bacteriana se ha convertido en una amenaza global para la salud pública, y donde el consumo y prescripción responsable son una de las claves para frenar el problema que la Red Centinela Sanitaria lleva midiendo dos años en el nivel de Atención Primaria, donde se prescribe el 90 por ciento de estos medicamentos.

El informe

El informe, que acaba de ver la luz, lo firman José Eugenio Lozano y Tomás Vega, coordinador de la Red. Concluye que las sospechas de resistencias presentan un patrón ascendente a lo largo de la vida. En el 3,4 por ciento de los procesos clínicos de estudio asociados a la prescripción de un antibiótico hubo entre uno y cinco cambios de principio activo. En concreto, en el 4,3 por ciento de los procesos diagnosticados en adultos, y en el 1,5 por ciento en niños.

De todas las prescripciones, los autores estiman que un 3,3 por ciento pudieron deberse a una resistencia antibiótica, con un mayor porcentaje en mayores de 75 años (5,8 por ciento), seguidos por los grupos de más de 35 (3,4 por ciento) y más de 55 (4,1 por ciento). En niños, pese a representar la cifra de prescripción de antibióticos más elevada, las sospechas de resistencias fueron menores, con un 1,5 por ciento. Por procesos, la mayoría de estas sospechas en niños (59 por ciento) se relacionaron con enfermedades del aparato respiratorio, y en adultos con estas patologías (36,6) y con enfermedades del aparato urinario (33,3 por ciento).

Los autores consideran que «la resistencia a la antibioterapia está poniendo en riesgo la capacidad de tratar infecciones comunes, y compromete las intervenciones más habituales den el sistema sanitario», ya que infecciones frecuentes como las del aparato respiratorio y del urinario tardan más en resolverse, con el consiguiente incremento del coste sanitario y farmacéutico. «Este grave problema de salud pública necesita soluciones sostenibles de los servicios de salud para limitar el uso excesivo e inadecuado de los antibióticos, y colaboración de pacientes, profesionales e industria farmacéutica, sobre todo en Atención Primaria», donde se prescribe la mayoría de los antibióticos, sentencian.

La recopilación de datos se realizó entre el 1 de enero de 2016 y el 31 de diciembre de 2017, en 146 demarcaciones sanitarias de Castilla y León, 123 de familia y 23 de pediatría, con una población de estudio de 96.055 personas. En este tiempo, a más de la mitad de la población estudiada se le prescribió antibiótico, al 58,2 por ciento. Por edades, en menores de cinco años la cifra alcanzó el 95,4 por ciento, y entre el 60 y el 75 por ciento en menores de diez y el grupo de mayores de 55, en cada caso. El resto estuvo entre el 40 y el 50 por ciento.

En los dos años, los procesos clínicos asociados a estos pacientes se elevaron a 118.755, lo que implicó 135.479 prescripciones. De media, los menores de cinco años tuvieron 3,3 procesos clínicos, con un índice de prescripción de 3,6 por paciente; los de entre cinco y nueve, 2,1 procesos con 2,3 prescripciones, y los de 75 y más, 2,2 procesos, que se saldaron con unas. El resto de grupos se situó por debajo de los dos procesos y unas dos prescripciones.

Medidas

Dentro de las medicas desarrolladas por Sanidad, ya se han desplegado los programas de optimización de uso de los antibióticos (PROA) en Atención Primaria y Especializada, y se está formando a profesionales de farmacia hospitalaria, para poder intervenir con acciones concretas en el abordaje de una enfermedad infecciosa o en el uso de uno o varios antimicrobianos.

Los equipos PROA se asientan en un grupo de trabajo multidisciplinar, integrado por un profesional de Medicina Interna, un farmacólogo y un microbiólogo, que son el grupo base, junto a un preventivista, entre otros profesionales. Su misión reside en mejorar los resultados clínicos de los pacientes con infecciones; reducir efectos adversos ligados al uso de antibióticos y garantizar el coste-eficiencia. Para ello, valoran la oportunidad de un tratamiento con un antibiótico o lo cambian por otro más adecuado.

Además, se han incluido algunas medidas dentro de la estrategia del 'No hacer', que busca reducir determinadas prácticas que se ha demostrado que son poco eficaces, aportan escaso beneficios para el paciente, consumen recursos económicos, tiempo e incluso podrían causar daños. En el caso concreto de los antibióticos, las sociedades desaconsejan, por ejemplo, suministrar antibióticos de forma rutinaria a niños con gastroenteritis; descartan el uso de antibióticos de forma sistemática en cirugía oral menor y tras una extracción dentaria sin signos de infección previa, y consideran innecesario prolongar más de 24 horas tras una intervención quirúrgica el tratamiento con antibiótico.

Primeros pasos

En el ámbito de Atención Primaria, ya se ha difundido entre los profesionales una batería de recomendaciones sobre prescripción de antibióticos en adultos entre las que figuran, por ejemplo, no recurrir en el caso de faringoamigdalitis, salvo que exista una alta sospecha de etiología estreptocócica y/o que el resultado de la prueba rápida de detección de antígeno, que ya se realiza en varios centros. También, se pide no tratar con un antibiótico diferente al de primera elección, las faringoamigdalitis estreptocócicas no recurrentes si el paciente no es alérgico a la penicilina; no utilizar en la sinusitis aguda, salvo que persista rinorrea purulenta y dolor maxilofacial o dental durante más de siete días, o cuando los síntomas hayan empeorado después de una mejoría clínica inicial, y no prescribir antibióticos orales para la otitis externa aguda no complicada. Así, hasta 13 recomendaciones que afectan a varios procesos.

Plan de choque

La medidas de choque de la Consejería de Sanidad se enmarcan en el Plan Nacional de Resistencia a los Antibióticos (PRAN), cuyo coordinador autonómico es Rufino Álamo Sanz. Con esta estrategia se busca dar una respuesta integral desde una perspectiva multisectorial al problema, tanto en el campo de la medicina humana como animal. La estrategia es global e involucra a la sociedad en su conjunto desde pacientes, hasta ganaderos, pasando por instituciones, universidades, sociedades científicas, organizaciones colegiales, médicos de atención primaria y hospitalaria, veterinarios clínicos, farmacéuticos, profesionales de enfermería y todos los actores involucrados en la asistencia sanitaria y el uso racional de medicamentos. También, implica a investigadores y empresas farmacéuticas para que se esfuercen en el desarrollo de nuevos antibióticos o alternativas.

La misión reside en desplegar acciones concretas sobre vigilancia del consumo; control de resistencia; identificar e impulsar medidas alternativas y/o complementarias de prevención y tratamiento; definir prioridades en materia de investigación; formación e información a los profesionales sanitarios, y comunicación y sensibilización de la población en su conjunto y de subgrupos de población.

 

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