Más de 5.500 personas extranjeras han logrado la nacionalidad española desde 2013 en Valladolid

Dina Senaida, Rita Contreras y Gina Luzón, con su profesora Azucena, en clase para preparar las pruebas. /Alberto Mingueza
Dina Senaida, Rita Contreras y Gina Luzón, con su profesora Azucena, en clase para preparar las pruebas. / Alberto Mingueza

El reconocimiento, que llega después de acreditar la integración en el país, abre la puerta a nuevos derechos

Víctor Vela
VÍCTOR VELAValladolid

Hamid Saidi (Marruecos, 1977) es, desde el pasado mes de marzo, español. Con todas las letras. Con sus derechos y obligaciones. Ha adquirido la nacionalidad –como otras 543 personas en Valladolid durante el año pasado– después de acreditar que lleva más de diez años de residencia en el país, que ha mantenido una «buena conducta cívica» (algo que va más allá de carecer de antecedentes penales), «suficiente grado de integración en la sociedad española» y que ha superado los exámenes de idioma y conocimientos sobre España que le dan vía libre para obtener la nacionalidad española. Hamid ha cumplido todos los requisitos, ha superado todas las pruebas. Y ahora, además de marroquí, es español. Doble nacionalidad. ¿Qué supone? «Un descanso personal, mental. Yo ya vivía en España de forma legal. Vine a León en 2007 con un contrato de trabajo. Al principio, en la construcción. Mi jefe siempre me trató muy bien, como a un hijo. En agosto de 2008 me dijo que podía empezar a trabajar en otra de sus empresas, en el sector de telecomunicaciones, en Valladolid. Que era un trabajo con futuro. Y aquí sigo, con la fibra óptica», explica Hamid, vecino del entorno del paseo de Zorrilla, casado, tres hijas (de seis, cuatro y dos años).

¿Ventajas? «La primera es que ya no voy a tener que renovar el pasaporte cada tres años. Era un problema. Tenía que pedir días en el trabajo, ir hasta Madrid a la embajada, volver a las dos semanas a recogerlo...». Una incomodidad que ahora se ha resuelto. Se puede olvidar de tener al día tantos papeles. Se ahorra mucha burocracia. Pero hay más beneficios. Por ejemplo, al adquirir la nacionalidad española, también accede a la libre circulación por Europa. Obtiene derechos políticos (puede votar y ser votado en las elecciones generales). Y se le abren posibilidades laborales en el sector público: puede optar a oposiciones de funcionario en la Policía Nacional o la Guardia Civil.

Judith Sobrino, responsable legal de Procomar-Valladolid Acoge, recuerda que obtener la nacionalidad española también conlleva facilidades de acceso a países en los que habitualmente tienen la puerta cerrada con el visado. Por ejemplo, EEUU. «Durante la crisis, muchos ciudadanos de Latinoamérica optaron por agilizar los trámites de su nacionalización para poder irse a trabajar allí», indica Sobrino.

Entidades como Procomar o como la Fundación Rondilla trabajan en el proceso de acompañamiento a personas extranjeras en su camino para obtener la nacionalidad española. La mayor parte (el año pasado, 392 de las 543) fueron por la vía de residencia. «El criterio general son diez años, de forma legal, continuada e inmediatamente anterior a la petición, pero el periodo se acorta a cinco años en el caso de refugiados y a dos en determinados países con los que se tienen ciertos vínculos, como Iberoamérica, Portugal, Andorra, Filipinas, Guinea Ecuatorial o las personas sefardíes», indica Sobrino, quien recuerda que hay situaciones en las que vale con un año de residencia (sobre todo por vínculos familiares). Hay otras opciones para recibir la nacionalidad, como los nacidos de padre o madre española o «por carta de naturaleza», cuando las autoridades reconozcan «circunstancias excepcionales».

Prueba de idioma

Además, estas entidades preparan a los aspirantes para afrontar los exámenes finales. Son dos. El primero (DELE) otorga el diploma de español como lengua extranjera y es requisito obligatorio para aquellas personas que no tienen el castellano como lengua materna. La prueba –establecida por el Instituto Cervantes– busca acreditar la competencia de los aspirantes a la hora de leer, escribir, comprender y mantener una conversación en español. «No es complicada, pero hay que llevarla preparada», explica Loly Díez, profesora de la FundaciónRondilla, maestra de Hamid durante quince meses, quien acudió a clase dos días a la semana hasta que estuvo convencido de que aprobaría el examen.Y lo aprobó.

La segunda es la prueba de conocimientos constitucionales y socioculturales de España (CCSE). Son 25 preguntas tipo test en las que los extranjeros que quieran optar a la nacionalidad española han de acreditar que saben cómo funciona el Gobierno, la legislación y participación ciudadana en España, y que están familiarizados con la cultura e historia del país. «Siempre recomiendo a los alumnos que vean el Telediario y el tiempo en La 1. En las otras cadenas hay muchos sucesos, pero en Televisión Española también informan sobre tradiciones (las fallas, la SemanaSanta...) y con la predicción del tiempo repasan la geografía», indica Azucena Pisonero, educadora de la Fundación Rondilla y preparadora de los exámenes para obtener la nacionalidad.

Desde Sudamérica

Hoy en clase tiene tres alumnas: Rita, Dina y Gina. Dina Senaida llegó hace 12 años desde Ecuador, cuando su país vivió una profunda crisis (cambió de moneda, del sucre al dólar) y decidió salir para «sacar aquí el aire» y conseguir dinero con el que financiar los estudios de sus hijos. La mayor es hoy ingeniera empresarial. El pequeño estudia mecánica. «Los dos viven en Ecuador. Yo estoy muy lejos, pero si vivo aquí es por ellos, para ayudarles». Trabaja en el servicio doméstico y aspira a conseguir la nacionalidad española porque eso le permitirá además pasar más tiempo en su país de origen sin tener problemas para renovar luego la documentación: «Si vuelvo a Ecuador para ver a la familia y paso allí más de seis meses, luego se complica mucho el regreso por los papeles». Un motivo similar es el que anima a la boliviana María Rita Contreras a presentarse al examen. Llegó hace 14 años procedente de La Paz y ahora trabaja también en el servicio doméstico. Gina Luzón se casó a distancia con el padre de sus hijos en el año 2003. Él ya estaba en España. Ella vivía todavía en Ecuador. Después de la boda, vino para Valladolid. Trabajó en una granja avícola («como dicen en España, pasé una temporada tocándome los huevos», bromea)y ahora, ella también, es empleada doméstica. «En 2014 me fui a Ecuador. Y también tuve el problema de que si pasaba allí demasiado tiempo podía perder los papeles», asegura Gina. Este es uno de los grandes motivos que empujan a muchas personas extranjeras a aspirar a la nacionalidad española.

De acuerdo con los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, desde el año 2013 hay 5.542 inmigrantes que la han obtenido. El 56% son mujeres. El 31% tienen menos de 19 años. Solo el 9,7% han rebasado los 50. La mayoría, por lo tanto, es gente joven, entre los 20 y los 49 años, que llegó a España a principios de siglo (sobre todo entre 2004 y 2011, en los años previos a la crisis) y que ahora, una vez cumplidos los años que establece la ley, se prepara para obtener la nacionalidad española. En Valladolid viven, a 1 de enero de 2019, 519.444 personas. De ellas, 24.697 tienen nacionalidad extranjera.