El día que se llevaron el ayuntamiento

Acta de la sesión plenaria en la que se aprobó el cambio de capitalidad de Albares a Torre./
Acta de la sesión plenaria en la que se aprobó el cambio de capitalidad de Albares a Torre.

Hace 75 años una agrícola Albares de la Ribera se vio obligada a entregar la capitalidad del municipio a Torre del Bierzo, que reclamaba su hegemonía tras su enorme crecimiento al calor del carbón y el ferrocarril

VANESSA SILVÁNponferrada

Me acuerdo como si fuera hoy cuando se lo llevaron. Llegaron con una camioneta de las minas, con dos guardias civiles, uno a cada lado, cargaron dos armarios, dos mesas y unas sillas y se marcharon. No tardaron nada. Así recuerda el momento en que se llevaron el ayuntamiento de Albares de la Ribera uno de sus vecinos, José Antonio Álvarez 'Patón', que apenas tenía siete años cuando ocurrió, unos días después de ese 9 de mayo de 1941, cuando el Boletín Oficial de la Provincia (BOP) hacía oficial el cambio de capitalidad del municipio a Torre del Bierzo -hasta ese momento llamado Torre de Santa Marina, ya que era una venta de esa localidad-.

Este lunes se cumplen 75 años de ese importante cambio para este municipio del Bierzo Alto, uno de los más extensos, y cuyos trámites ya se habían iniciado hacía casi un año antes. El 2 de agosto de 1940, el entonces alcalde del Ayuntamiento de Albares de la Ribera, el empresario minero Virgilio Riesco, sometía a la deliberación y acuerdo de la Corporación municipal la propuesta de aprobación de la justa demanda de cambio de capital de este municipio y de denominación del mismo al pueblo de Torre, con el nombre de Ayuntamiento de Torre del Bierzo.

Según recoge el historiador José Antonio Balboa en 'Tierra de Montes', en este hecho hubo sin duda motivaciones políticas y económicas, aprovechándose Torre de contar con poderosos empresarios mineros y jerarcas falangistas, además de una situación jurídica irregular y provisional: no era realmente una Corporación sino una gestora quien gobernaba entonces el municipio. A su frente estaba Virgilio Riesco como alcalde, con otro empresario minero, Avelino Silván, como teniente de alcalde, junto a Manuel Merayo. A ellos se sumaban Pedro Ribera, Laureano Fernández, Jesús Álvarez y Manuel Martínez como gestores y José Laurel como secretario.

Los ocho firmaron el acta de esa sesión plenaria, no exenta de debate, que aprobó el cambio con el apoyo de las dos terceras partes, con los únicos votos en contra Manuel Merayo y Jesús Álvarez. Ellos contestaron a los argumentos dados por Riesco, destacando que esa Corporación no tiene facultad para tomar acuerdos más allá de la simple gestión. Su nombramiento sólo fue por las circunstancias extraordinarias en las que se haya la nación, no representa la voluntad del municipio, requisito imprescindible para tomar acuerdo de tal trascendencia, señalaron Merayo y Álvarez, según recoge el acta, que añaden que, en todo caso, sería necesario un referéndum con el voto favorable de la mayoría absoluta del censo electoral.

En su opinión, la propuesta no respondía a la necesidad ni a la conveniencia general, menos aún a un acto de justicia, sino que sólo trataba de resucitar el viejo pleito que parecía enterrado y la lucha política de siempre por la hegemonía. Así, les acusaron de actuar contra la ley y la justicia, aprovechando que la mayoría de los gestores nombrados eran de Torre, para lograr lo que no pudieron conseguir durante más de treinta años porque, a pesar de todo, ha estado la ley que se oponía a sus infundadas pretensiones.

¿Un cambio justificado?

Pero el cambio también tenía sus razones y estaban bien fundamentadas, reconociendo la realidad existente en aquellos momentos y que no era otra que la ubicación más céntrica de Torre y su enorme crecimiento en los últimos años por la importancia que estaba adquiriendo la minería de carbón y el ferrocarril. A ese respecto, Virgilio Riesco recordó los intentos realizados en años anteriores para el cambio, por entender que en esa localidad concurrían todas las circunstancias para albergar la casa ayuntamiento, presentando un cuadro en el que se relacionaban los diez pueblos que formaban el municipio y las distancias respecto a Torre y Albares, así como los datos de población del último censo.

No ofrece, pues, la menor duda que el pueblo de Torre es el más céntrico, de mayor núcleo de población y de más importancia industrial y comercial, defendía el alcalde, que presentaba un municipio de 3.329 habitantes, de los que 2.249 se concentraban en Torre (916) y las localidades cercanas de Santa Cruz de Montes (368), Santa Marina (272), La Granja de San Vicente (421) y Santíbañez (272). El resto de la población, 1.230 habitantes, se repartían entre Albares de la Ribera y Las Ventas (691), San Andrés de las Puentes (219), Fonfría (142), Matavenero y Poibueno (110) y San Facundo (68).

A estos argumentos, se unía también que por esa localidad pasaban las líneas telefónicas y telegráficas, la carretera general de Madrid a La Coruña, al tiempo que era centro de importantes explotaciones de carbón como Antracitas de Brañuelas y Antracitas de Santa Cruz de Montes y contaba con las empresas mineras de Benito Viloria Albares, Avelino Silván Silván, Francisco Moy y Virgilio Riesco, con un importante número de obreros. No hay que olvidar tampoco la importancia del ferrocarril, ya que tenía estación y reserva de máquinas del Ferrocarril del Norte de España -según el Mapa Nacional de Suministros en 1945 llegó a haber 221 ferroviarios en Torre-.

Un pueblecito sin importancia

La decisión de pleno no convenció y Albares de la Ribera hizo frente común con San Andrés, Fonfría, San Facundo y Matavenero y Poibueno, presentando un escrito al Gobernador Civil, denunciando la ilegalidad del cambio e intentando desmontar las razones dadas por el alcalde, Virgilio Riesco. Según recoge el libro 'Tierra de Montes', estos pueblos explicaban en ese inorme que, si bien merecían mención empresas como Antracitas de Brañuelas y Antracitas de Santa Cruz, ninguna tiene allí su domicilio y gerencia y recordaban que también había explotaciones mineras en Albares y San Andrés.

Así, destacaban también la enorme producción agrícola de Albares de la Ribera, primera de todo el Bierzo Alto, y en menor escala la del resto de estas localidades, con una importancia mucho mayor que la de todas las explotaciones mineras de Torre y sus pueblos, contribuyendo al sostenimiento de su población. En esta línea, advierten ya que el depósito de máquinas del ferrocarril, con el añadido del movimiento de las minas, ha sido hasta la fecha la razón de la existencia de Torre y que eso cambiará.

Cuando la Compañía de los Ferrocarriles del Norte de España realice el proyecto que tiene de establecer los depósitos en Ponferrada porque Torre carece de espacio para las necesidades de hoy, y en rápido descenso y próximos a agotarse los yacimientos de antracita -que por otra parte en un régimen normal de precios no puede soportar la competencia por su inferior calidad-, Torre volverá a ser lo que era, un pueblecito sin importancia, recoge el documento. Y no les faltó parte de razón, pero pasó más de medio siglo y el cierre de las minas no fue por falta de carbón.

A la hora del recreo

Ya no son muchos los que recuerdan ese día en el que el ayuntamiento fue trasladado a Torre del Bierzo, pero entre ellos está José Antonio Álvarez 'Patón', que con sus 82 años asegura recordar como si fuera hoy ese momento, cuando jugaba y corría en el recreo en la que ahora se llama plaza Antonio Alonso, donde estaba ubicada la casa consistorial en Albares de la Ribera. La escuela estaba abajo y el ayuntamiento estaba en la parte de arriba, se entraba por esas escaleras, apunta con el dedo Patón, mientras explica como colocaron la camioneta y cargaron los armarios con los libros de actas y otra documentación, algunas mesas y sillas, escoltados por dos guardias civiles.

Sentimos que nos lo habían quitado, que lo habían secuestrado, pero aquí no se movió nadie. Albares lo había pasado mal, cuando la Guerra Civil y después apresaron y mataron a mucha gente. Nadie hizo nada para evitarlo, apostilla José Antonio Álvarez, cuya mujer, Teresa Merayo, también tiene ese recuerdo del miedo de esos años y el trasfondo político que había detrás del cambio. Esa gente era franquista a tope y yo no sé, pero los chavales nada más que veíamos asomar los tricornios por algún sitio nos metíamos debajo de la mesa en casa, del miedo que teníamos a la Guardia Civil. Estábamos ya muy amenazados, añade Teresa.

Ella recalca que al término de la dictadura Albares tuvo la oportunidad de recuperarlo, pero que al pedáneo que estaba en ese momento no le interesó y, en lugar de enseñar los papeles y darlo a saber, lo metió debajo del tapete, lo dejó pasar. Una cuestión que también recuerda el primer alcalde del pueblo elegido democráticamente, Antonio Alonso, ante la vieja casa consistorial, sobre la que luce la placa de la plaza que lleva su nombre y que los vecinos decidieron dedicarle. Antes era la plaza Francisco Franco Caudillo de España, apostilla Alonso, que estuvo 20 años como pedáneo.

Del otro lado, en Torre del Bierzo, el cambio del ayuntamiento es también un vago recuerdo para vecinos como José Rodríguez Campos y Nino Martín, que tenían 11 y 9 nueve años cuando ocurrió. Hace tantos años, que sólo recuerdo cuando Virgilio Riesco compró la mina y entró de alcalde, sólo algunos comentarios a los mayores, apunta José, que explica con Nino el lugar en el que se ubicó ese primer ayuntamiento, en la que ahora es la casa de Cándida, en la calle Santibáñez. Teníamos la pelea normal, a los de Albares les quitaron el ayuntamiento y cómo iban a querer bien a los de Torre, aunque nosotros no teníamos la culpa de nada. La política es así, valora Nino.

El pueblo se había comprometido a dotar de una casa consistorial al nuevo Ayuntamiento de Torre del Bierzo para que ese gasto no recayera en otras localidades del municipio y hace 75 años se instalaba en esa casa de piedra, en una estrecha calle, subiendo las escaleras de Paredes y próxima a las vías del tren. En ese lugar se celebró su primera sesión plenaria, el 18 de mayo de 1941, en la que se dio cuenta de ese cambio de capitalidad en virtud de orden del Ministerio de Gobernación y una vez que se ordenó traslado de toda la documentación municipal, mobiliario, y demás enseres a esta localidad, el cual se efectuó el día 16 del mes en curso y quedando instalada la casa ayuntamiento y dependencias municipales en el edificio que venía ocupando la jefatura local de FET de las JONS (Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista).

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