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Valdeón o el deber de la coherencia

Valdeón junto a Juan Vicente Herrera.
Valdeón junto a Juan Vicente Herrera. / Ical
  • Implicación, firmeza y sensibilidad social han marcado la vida política de la hasta hoy vicepresidenta de la Junta de Castilla y León

“Seré coherente con lo que siempre he dicho”. Con esta expresión, la hasta hoy vicepresidenta de la Junta, Rosa Valdeón, adelantaba su decisión de renunciar en una jornada que, según confiesa, ha sido una de las más duras de una vida que, por sí, ya ha tenido situaciones dolorosas para esta médico zamorana.

Es esa misma coherencia la que le ha convertido en una figura incómoda por sus opiniones en un sector del PP partidario de la estrategia del gatopardo. Rosa Valdeón no se ha callado y ha puesto muchas veces el dedo en la llaga, aún a riesgo de encontrarse el reproche y la incomprensión de sus correligionarios. “Hay momentos puntuales en los que haces lo que crees y no lo contrario. Dar la cara por algo cuando estoy convencida no me asusta. A veces, los partidos -y no hablo sólo del PP- mantienen planteamientos rígidos y es necesaria una voz crítica porque si es escuchada puede cambiarlos”, afirmó en una entrevista hace unos meses dejando claro que no le molesta el papel de verso suelto. De ahí que no tuviese empacho en mostrar su vergüenza por el (fallido) nombramiento de Soria como director ejecutivo del Banco Mundial o de criticar la designación de su compañera de partido y sucesora en la lista por Zamora, Clara San Damián, como nueva coordinadora regional de la Unidad contra la Violencia de Género. Por ello, y porque estaba alineada cien por cien en el proyecto de Juan Vicente Herrera, ponía cara con gusto a los reproches hacia algunas políticas del Gobierno central. La implicación y la coherencia, dicen sus cercanos, son más importantes para ella que la corrección política. Dos líneas rojas marcan este pensamiento: las cuestiones relacionadas con la mujer y con la defensa de una política social fuerte y humana.

Junto con la coherencia, la firmeza - “el presidente me conoce y sabe que soy muy firme en algunas decisiones”, dijo ayer ante las dudas de que Herrera le aceptara la dimisión-, el compromiso y la preocupación social son los valores que han presidido la vida política de Valdeón y que recibió en un proceso de aprendizaje vital que no ha estado exento de heridas en el alma. Desde pequeña lo vio en casa -dicen quienes la conocen-, sus padres eran maestros en Toro, gente sencilla muy comprometidos con la enseñanza y con los niños. También lo aprendió de su abuela, maestra como sus padres, y con gran fortaleza de carácter, comprometida en el tiempo que le tocó vivir “y muy moderna para su época”, lo que le valió la censura de la régimen de Franco.

Tras el bachillerato en el instituto Cardenal Pardo Tavera de Toro, esa vertiente de implicación con los problemas le lleva al mundo sanitario. Licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad de Salamanca, pronto se da cuenta que le 'tiraba' la gestión e inicia una carrera en la inspección de los servicios sanitarios que le lleva a ser jefa de Área de Inspección del Instituto Nacional de la Salud de Zamora entre 1990-1997. Es en este momento, donde la vida le dio uno de sus golpes más duros: su marido fallece de un cáncer detectado apenas unas semanas antes y le deja viuda al cargo de dos niños: Jaime, que entonces tenía cuatro años, y Victoria, con apenas uno y medio. Valdeón tuvo entonces que ejercer de madre coraje y sacar adelante una carrera profesional, pero sobre todo una familia que apenas entendía lo que pasaba. No sería la última vez que la vida le dio la oportunidad de afrontar retos con implicación y valentía: años después, llegó a su corazón su tercer hijo. Se trata de un niño saharaui a quien acogió por motivos humanitarios y que ha supuesto mucho de los desvelos personales de los últimos años de la vicepresidenta.

La política se cruzó en la vida de Rosa Valdeón en 1998 sin esperarlo. Fue José Antonio de Santiago-Juárez, entonces secretario general de la Consejería de Sanidad, quien vio en la recién nombrada directora del hospital de los Montalvos a una persona técnica, eficiente y con ganas de implicarse, por lo que el carné político e, incluso, sus posiciones ideológicas quedaron en segundo plano. De su mano comenzó la carrera en la Administración como jefa del Servicio Territorial de Sanidad en Salamanca, una responsabilidad que tiene más de coordinación técnica que de características políticas. Después, con Carlos Fernández Carriedo como consejero de Sanidad llegó a Valladolid para hacerse cargo de su primer puesto estrictamente político: la Dirección General de Salud Pública de la Junta (1999-2003) desde la que ya dejó clara una apuesta personal por las medidas de tinte social que iba más allá de lo político.

Implicación en India, Etiopía y Sahara

Un viaje en estos momentos marca los recuerdos de la vicepresidenta. Fue a la India, donde pudo conocer la labor y la persona de Vicente Ferrer. La imagen de la inmensa obra social realizada quedará grabada en el alma de Valdeón y le reafirmará en esos principios. Después de la India llegaría Etiopía, aprovechando los parones estivales y su implicación le vuelve a llevar al Sahara donde llegó a ser expulsada por la Polícía marroquí.

La percepción de la vida pública como espacio para hacer la vida más fácil a las personas es lo que la vincula a Juan Vicente Herrera. Dos años de cohabitación, él como presidente y ella como directora general, son suficientes para ver que la visión de la política de Valdeón encaja como un guante con el aire que quiere dar Herrera a su mandato. Por eso, cuando el presidente de la Junta, una vez ganadas sus primeras elecciones en 2003, quiere marcar perfil propio, diseña una Consejería que visualizase su apuesta por lo social: fue el departamento de Familia y para ponerlo en marcha se fijó en la directora general que había dado ya muestras de compromiso y, además, había dado un paso más en implicación al aceptar ir en las listas de los 'populares' salmantinos en las elecciones.

Comienza en ese momento, el reto de poner en marcha un departamento -el de los servicios sociales- que se consideraba ajeno al PP. En ese periodo se aprobaron leyes como la de prevención, asistencia e integración social de drogodependientes de Castilla y León y la de medidas de apoyo a las familias de la Comunidad de Castilla y León, lo que a juicio de Herrera la convierte en “santo y seña de las políticas sociales del PP”, dijo en un mitin en Zamora. Esa vertiente, junto con los encontronazos con el Ministerio de Asuntos Sociales, dirigido entonces por el salmantino Jesús Caldera y con la leonesa Amparo Valcarce como secretaria de Estado le dieron un perfil político propio y le pusieron en el radar del PP, necesitado ya en 2007 para algunas alcaldías en dificultades de personas conocidas. Génova presionó a Herrera para que prescindiera de una de las personas con mayor identificación con el presidente para intentar salvar la plaza. Ella, obediente y resignada, lo hizo aunque no ocultó su disgusto por renunciar a la Consejería con la que casi se había mimetizado.

Sin embargo, no logró mayoría absoluta y tuvo que depender de la formación Adeiza, en una legislatura muy difícil en la que la oposición, que era mayoritaria, prácticamente le vetó cualquier proyecto. Es una de las heridas que todavía sangra en la vida política de Valdeón. Otra, su falta de sintonía o “distintas formas de ver las cosas”, como ha dicho ella, con el presidente del PP de Zamora, Fernando Martínez Maíllo que, como buen verso suelto, no ha ocultado en público.

Finalmente, en 2011 gana la Alcaldía por mayoría absoluta en un momento en el que las urgencias de la crisis obligan a establecer prioridades. Son años duros en los que se pone en juego la capacidad de las administraciones para solucionar los problemas reales de la gente. Es una época de sensibilidad a flor de piel ante una situación que, en ocasiones, no se percibe desde los despachos de sus compañeros de Madrid, más preocupados en cuadrar balances que en las personas.

Tras ocho años en la Alcaldía, y en medio de fuertes tensiones con la organización del PP en la provincia, Valdeón decide renunciar a repetir como candidata de la formación. Herrera la estaba esperando en las Cortes al menos desde 2011, cuando le propuso compatibilizar su trabajo municipal con el puesto de procuradora en el Parlamento autonómico y ella le dio, por primera vez, calabazas con el argumento de que prefería dedicarse en la totalidad al Ayuntamiento. Era el momento de volver a la gestión autonómica, su verdadera pasión política, y hacerlo, una vez más, por la puerta grande como vicepresidenta de Herrera, a quien considera su referente político y el modelo a seguir. En poco más de un año, “un error o una imprudencia, llámenlo como quieran”- la obligará a abandonar su vida política, pero no sus convicciones: “Yo voy a estar implicada siempre, si no es en política estaré en otro lado”. Valdeón dixit.