La contaminación del aire provoca 800.000 muertes prematuras en Europa

Una mujer se asoma al balcón de su casa, en Megápolis, Atenas. / Archivo

Un nuevo estudio dobla las estimaciones anteriores, como las del último informe de la OMS o las de la Agencia Europea de Medio Ambiente

Elena Martin Lopez
ELENA MARTIN LOPEZMadrid

La contaminación atmosférica podría estar causando el doble de muertes de lo que se pensaba. Así lo estima un nuevo estudio publicado este martes en el 'European Heart Journal', que cifra en casi 800.000 las muertes prematuras que se producen cada año en toda Europa.

Esta nueva estimación prácticamente dobla los resultados de informes anteriores como el de la OMS (2016), que cifraba en 4,2 millones el número de muertes prematuras en ciudades y zonas rurales de todo el mundo; o el de la Agencia Europea de Medio Ambiente, que elevaba a 422.000 los fallecimientos en Europa, de los cuales alrededor de 391.000 se daban en la Unión Europea.

«Los nuevos datos sobre las concentraciones altas y bajas de partículas finas indican que el impacto en la salud de estas es mucho mayor del que se pensaba anteriormente», ha expresado el coautor del estudio Jos Lelieveld, del Instituto Max-Plank de Química en Mainz y el Instituto de Chipre Nicosia.

Para la investigación se utilizó un nuevo método de modelización de los efectos de diversas fuentes de contaminación sobre las tasas de mortalidad, y los resultados mostraron que la contaminación del aire causa unas 8,79 millones de muertes prematuras en todo el mundo, de las cuales 790.000 se producen en Europa, 659.000 de ellas en la Unión Europea.

Como consecuencia, las partículas finas presentes en el aire -aquellas con un diámetro inferior a 10 micras (PM10) o a 2,5 micras (PM2,5)- podrían estar reduciendo 2.2 años la esperanza de vida media en los países europeos, con una tasa de mortalidad per cápita anual media de 133 defunciones por cada 100.000 personas, superior a la media global, situada en 120 por cada 100.000 habitantes. Bulgaria, Croacia, Rumania, Ucrania y Alemania son los países más perjudicados y con mayores tasas de mortalidad provocadas por la contaminación ambiental; mientras que en Noruega, Finlandia, Islandia e Irlanda el riesgo es menor. España, con una media de 105 muertes por cada 100.000 habitantes, se posiciona en un nivel similar al de Francia, Suiza o Reino Unido.

Los investigadores asocian entre el 40 y 80 por ciento de estas defunciones con enfermedades cardiovasculares, lo que parece significar que la contaminación ambiental tiene un impacto mayor en el corazón y el aparato circulatorio que en los pulmones. Además, consideran las PM2,5 especialmente dañinas, pues su pequeño tamaño les permite acceder fácilmente al organismo. Cabe destacar que un solo pelo capilar es aproximadamente 30 veces más grande que la partícula más grande de PM2.5.

Acabar con el «asesino invisible»

Los investigadores advierten que, mientras que la gente tiene muy presentes los peligros que el tabaco o la mala alimentación pueden suponer para la salud, la contaminación ambiental, provocada por los combustibles fósiles o la biomasa, es una amenaza que no cobra tanto protagonismo, pero que tiene un riesgo igual o mayor.

Para apoyar su teoría, han comparado la tasa de mortalidad producida por el tabaco y la causada por la contaminación del aire. «La OMS estima que la tasa de mortalidad por tabaquismo es de 7,2 millones de personas al año, por lo tanto, la contaminación atmosférica se considera ahora como un mayor factor de riesgo», aseguran en el estudio.

En la presentación del último informe de la calidad del aire de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), su director ejecutivo, Hans Bruyninckx, definió la contaminación atmosférica como «un asesino invisible» y pidió reforzar las medidas «para reducir las emisiones causadas por el transporte, la energía y la agricultura», y aumentar las inversiones destinadas a hacerlas más limpias y sostenibles.

Actualmente, el límite PM2,5 en el aire dentro de la UE es de 25 g/m3 (micras por metro cúbico), aunque la OMS sugiere que no se superen los 10 g/m3. Los autores del estudio coinciden con la AEMA y consideran que los políticos deberían actuar para reemplazar los combustibles fósiles con energía limpia y renovable, con el fin de «reducir sustancialmente la pérdida de esperanza de vida por la contaminación del aire».

«Muchos otros países, como Canadá, Estados Unidos y Australia, usan las directrices de la OMS. La UE se está quedando muy por detrás en este sentido», opina el coautor del estudio Thomas Münzel, de la Universidad de Mainz. «De hecho, estos nuevos datos podrían provocar en un futuro próximo una reducción adicional de las recomendaciones de la OMS», concluye.