Kamala Harris, nueva estrella demócrata

La senadora Kamala Harris./REUTERS
La senadora Kamala Harris. / REUTERS

Joe Biden recurre a su trayectoria de defensa de los derechos civiles para defenderse de las acusaciones de racismo que le lanzó la senadora

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nuea York (EE UU)

Quién tiene lo que hay que tener para ganar a Donald Trump? Eso es lo que quieren saber los seguidores del Partido Demócrata, que empezó esta semana a pasar revista a los aspirantes. Esto no es 'The Apprentice', no se elimina a un concursante por capítulo, pero en el primer asalto el favorito, Joe Biden, salió magullado y el gancho más potente se lo propinó con premeditación y alevosía la senadora californiana Kamala Harris, que emerge como la gran ganadora del debate y nueva estrella ascendente.

Hubo que dividirlo en dos noches, con diez candidatos en cada ronda, y aún así quedaron fuera cuatro que ni siquiera llegan al 1% de la intención de voto. A algunos la mayoría los veían por primera vez, como Andrew Young, el ejecutivo tecnológico que propone dar a cada estadounidense mil dólares al mes. O Mariam Williamson, autora de media docena de libros de autoayuda y espiritualidad que acusa a Trump de haber ganado las elecciones manipulando los miedos ajenos y propone como único antídoto posible utilizar el amor con fines políticos. Su nombre fue el más buscado en internet tras el debate del jueves, seguido del de Kamala Harris.

Williamson no es tan etérea como parece. Cuando denuncia un «sistema de salud» transformado en «sistema de enfermedades» porque el Gobierno se limita a hacer pactos con las farmacéuticas y seguros médicos para pagar por curarlas, en lugar de prevenirlas y promover la salud, la gente la entiende. Los tribunales han respaldado con indemnizaciones multimillonarias sus ataques a las grandes petroquímicas, a las que acusa de comprometer nuestra salud. Y su promesa de compensar económicamente a los afroamericanos por el daño histórico que causaron la esclavitud y el segregacionismo responde a una vieja aspiración de ese grupo demográfico, el más codiciado de las próximas elecciones.

Si de voto negro se trata, Kamala Harris y Cory Booker tienen el color de piel de Obama. El senador de Nueva Jersey y exalcalde de Newark se destacó en el tema de las armas al afirmar sin rastro de duda que era el único de los candidatos en cuyo barrio habían matado esa semana a siete personas con armas de fuego. «Oigo tiros por las noches», contó. Alcanzó también a chapurrear español, pero en eso le ganó Julián Castro, el único latino de la contienda dispuesto a decir «Adiós, Trump», frase que desde ayer imprime en camisetas.

Joe Biden, Bernie Sanders y Kamala Harris.
Joe Biden, Bernie Sanders y Kamala Harris. / REUTERS

Historias personales

Su rival más directo era Beto O'Rourke, el exalcalde y excongresista de El Paso que casi le arrebata el asiento a Ted Cruz en las elecciones pasadas, pero si entonces se quedó corto esta semana se desmoronó. Su decisión de contestar la primera pregunta en español sin venir a cuento fue ampliamente criticada y dio paso a una mala actuación que le hundió en las encuestas.

En lo que se suponía que iba a ser un debate de ideas triunfaron las historias personales. Y ninguna tanto como la de la niña californiana que en los años 70 esperaba un autobús custodiado por la Policía para llevarla hasta un colegio de niños blancos. Esa niña es hoy la senadora Kamala Harris, la que puso orden en el escenario cuando sus compañeros se gritaron unos a otros, criticó a Obama por haber deportado a más inmigrantes que ningún otro presidente y echó en cara a Biden haberse opuesto a la política de los autobuses en los años 70, sin la cual ella no podría aspirar hoy a ser la primera mujer presidenta de EE UU.

Faltan 500 días y once debates hasta las elecciones del 3 de noviembre de 2020. A Biden no se le noqueará con un asalto, este viernes mismo defendía con furia su historial de lucha por los derechos civiles con el reverendo Jesse Jackson. Ni el socialista Bernie Sanders va a rendirse en la última oportunidad de su vida de conquistar la más alta oficina de gobierno para hacer frente a la avaricia y la corrupción empresarial que ve como los pecados capitales del país. Los demás tendrá que seguir sumando puntos para demostrar que están a la altura de Trump, un rival formidable que a estas alturas de 2015 nadie se imaginaba ni de lejos que pudiera ser presidente.

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