«Escribir es una forma de vivir los acontecimientos antes de que ocurran»

Manuel de Lorenzo./
Manuel de Lorenzo.

El escritor gallego Manuel de Lorenzo relata una historia de amor y azar en 'Todo lo demás era silencio'

Baqueteado siempre en la «corta distancia», esto es, en el columnismo, Manuel de Lorenzo (Orense, 1981) da el salto a la novela con 'Todo lo demás era silencio' (Suma), la historia de una pareja, Lucía y Julián, que debe enfrentarse a una noticia inesperada. «Todos tenemos obsesiones, pensamientos que nos cercan cada noche. En mi caso, me pregunto cómo sería mi vida si todo da un vuelco y las circunstancias me ponen frente al precipicio. ¿Qué haría yo si me ocurriera?», se pregunta De Lorenzo.

La respuesta es este libro que no tiene tintes biográficos, pero sí está anclado en la realidad. «No creo en la ficción absoluta. Me parece imposible crear un personaje o un paisaje de la nada», continúa el autor, que concibió su primera novela durante una convalecencia en el hospital, en el verano de 2016.

«Escribir es una forma de catarsis, un modo de vivir los acontecimientos antes de que ocurran, de manera que, cuando llegan, amortiguas su impacto y los vives con menos intensidad», asegura el escritor. Lucía, su protagonista femenina, es una personalidad fuerte a la que la golpea el azar, «y eso la debilita». Julián, que vive anticipándose a la adversidad, deberá mostrarse fuerte, en una suerte de apoyo mutuo. «Las parejas se contagian sus debilidades y sus fortalezas hasta que los dos miembros se equilibran», sostiene De Lorenzo.

La suerte es un personaje principal en 'Todo lo demás era silencio'. «El azar funciona como lo contrario del destino. Son pequeñas piezas que se van engrasando para que las cosas sean como son», dice el escritor. «Que una tercera persona tome una decisión pequeña puede influir en la vida de alguien muy alejado de él. Lo que le ocurre a uno depende del modo en que las piezas se hayan dispuesto», reflexiona el escritor, que, sin embargo, encuentra un contrapeso al azar: el amor. «El amor es una forma superior al propio azar», concluye.