Promonumenta se emplea a fondo en la limpieza de las ruinas de Santa María de Nogales

Asociados de Promonumenta, tras las labores de limpieza. /David Gustavo López
Asociados de Promonumenta, tras las labores de limpieza. / David Gustavo López

Los trabajos, en los que intervinieron veintitrés asociados, consistieron en la eliminación de la maleza que cubría la fachada del monasterio y de la iglesia, incluso por el lado interior

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Las ruinas del monasterio de Santa María de Nogales, situado en San Esteban de Nogales, a orillas del río Eria, fueron en varias ocasiones motivo de hacendera de la Asociación de Amigos del Patrimonio Cultural de León Promonumenta. Y una vez más lo ha sido el pasado sábado, aunque en esta ocasión ocho años habían pasado sin atención alguna.

La nueva hacendera de Promonumenta, en la que intervinieron veintitrés asociados, ha eliminado la maleza que cubría la fachada del monasterio y de la iglesia, incluso por el lado interior, pero ha quedado mucho trabajo pendiente para nuevas intervenciones que se programarán para próximas fechas.

Imponen las ruinas asomando entre la inmensa chopera que acompaña al Eria, pero más impone comprobar la desidia en que se encuentra este enorme edificio del patrimonio leonés, fundado en el año 1150 por el matrimonio Vela Gutiérrez y Sancha Ponce de Cabrera para monjas cistercienses, aunque la imposibilidad demostrada por éstas de hacerse cargo de tan ambiciosa obra, ocasionó que en 1164 la abandonaran para ser entregada a los monjes del monasterio de Moreruela, primera comunidad cisterciense de España, quienes culminaron la enorme iglesia en el año 1172, permaneciendo en este edificio hasta la exclaustración de 1836.

Tuvieron aquí sepultura los miembros de la familia Ponce de Cabrera y, hecho poco conocido, también el famoso Suero de Quiñones, el caballero de las justas de Hospital de Órbigo, y su esposa Elvira Zúñiga, aunque sus sepulcros fueron vendidos hacia 1908 a la Hispanic Society of America, de Nueva York. En esta situación, otras muchas piezas valiosas, incluido el famoso Abaciologio, han escapado hacia Barcelona y varias ciudades Europas.

Si el citado Don Suero levantase la cabeza, no podría creer semejante abandono: ruinas de un enorme monasterio cuyas estancias son todavía fáciles de reconocer, aunque su restauración, excepcionada parte de la iglesia –«morisca, la más pujante acaso y atrevida que se construyera», escribe de ella Gómez Moreno- y la panda monástica del lado de poniente, del siglo XVIII -1731 se lee en la portada-, no podría pasar de una consolidación de muros y de la recuperación de alguna estancia.

En cualquier caso, solo a la dejadez se debe que semejante monumento ni siquiera haya sido declarado Bien de Interés Cultural ni cuente con la más mínima intervención por la Junta de Castilla y León ni por institución alguna, incluidos los ayuntamientos de San Esteban, con buena voluntad pero cortísimos recursos, y La Bañeza, en cuya comarca y a solo 18 km se halla, que son los máximos beneficiarios de los visitantes que sin duda atraería.

Varios momentos de la jornada. / David Gustavo López

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