Una vida entre el lúpulo

Un veterano en este cultivo, Gabriel González, y su vecino, Ángel Álvarez, relatan la cara b del lúpulo, un sector eminente manual y con baja rentabilidad pero con una gran proyección de futuro en la comarca del Órbigo

Los dos agricultores en el lúpulo.
Daniel melcón
DANIEL MELCÓNLeón

El Órbigo huele a lúpulo por los cuatro costados. Sobre todo, cuando llega la época de la cosecha, cuando el olor de este oro verde impregna cada esquina de sus pueblos, como Carrizo de la Ribera o La Milla del Río. De hecho, el 99% del lúpulo que se cultiva en España proviene de la ribera del Órbigo.

Un cultivo muy importante y clave para la economía de esta comarca, sustento muchas familias pero que también representa un trabajo muy arduo, que requiere de mucha dedicación.

Bien lo saben Gabriel González, dedicado desde más de cuatro décadas la lúpulo, y Ángel Álvarez, que apostó hace 10 años por cultivar el germen de la cerveza

Los dos agricultores de La Milla del Río, arrancan las labores de preparación del lúpulo en los meses de invierno, con las labores de arado y abono. En marzo, es el turno de la poda y en abril el del riego y el sulfato.

Después de esto, a finales de agosto comienza la cosecha, tarea que Ángel caracteriza de «cansada» y que pasa casi sin dormir.

El hecho de que esta labor sea tan dura y de escasa rentabilidad provoca que se tema el futuro. Por ejemplo, Gabriel lo ve como algo incierto debido a que por el lúpulo apuesta «poca gente porque es muy manual».

Ángel por su parte, es más optimista y espera que suban un poco el precio «y que esto salga para adelante. Veo un futuro, por eso me metí». Un precio que se mantendrá hasta 2024 debido a un contrato que hay firmado de kilos según hectáreas.

Pero no es la única razón por lo que muchos abandonan este oficio. Algunos no pueden asumir la cantidad de gastos que supone mantener sus hectáreas: «Los abonos suben, los sulfatos suben, el gasoil sube, hay que hacer inversiones de maquinaria, secaderos, prensas, etc», afirmó Gabriel.

Otro gran problema es que para sacar beneficio se necesita de una buena cantidad de hectáreas, porque «con cantidades pequeñas no sobrevivimos. El precio no es rentable para tener poca cantidad», asegura Ángel.

Hopsteiner, la nueva cara

Hace 4 años, la empresa Hopsteiner se hizo con el 80% de la Sociedad de Fomento del Lúpulo y su entrada obligó a que los agricultores tuvieran que mejorar sus instalaciones y su maquinaria.

Por ejemplo, han invertido en nuevos secaderos con la intención de que la flor no lleve humos y esperando «que el secado sea mejor y con más riqueza», expresa Ángel.

Inversión que provoca un gran desembolso, pero que ha ayudado mucho a esta ardua labor. «Ahora es mucho más fácil, está todo prácticamente a mano. Las peladoras se han modernizado y se hicieron secaderos en las peladoras», afirma Gabriel.

Un sector en el que se refleja la dureza de las labores del campo pero que se mantiene vivo y con una gran proyección de futuro, con una cosecha que, aunque no alcanzará los niveles del 2018, será satisfactoria.

Un cultivo del que es sostén de y que este de la tradicional Feria de la Cerveza de Carrizo de la Ribera.