El final de la búsqueda de Eloy en Picos de Europa: «Son los restos de tu padre»

Los restos del alcalde pedáneo de Sotres, que fue llevado al monte por los maquis en 1945, aparecen en una torca de Picos de Europa

En la torca, José Collado, amigo de la familia, señala hacia la sima en presencia de José Rodríguez y José Manuel Fernández, nietos de Eloy.. /María Gil
En la torca, José Collado, amigo de la familia, señala hacia la sima en presencia de José Rodríguez y José Manuel Fernández, nietos de Eloy.. / María Gil
álvaro machín
ÁLVARO MACHÍNLeón

José Manuel estuvo dándole vueltas. Cómo decírselo a Mercedes. Ella, que tiene 78 años, se quedó sorda y anda delicada de salud. Cómo decirle que los restos de su padre, al que vio por última vez siendo una cría antes de que se lo llevaran, habían aparecido en una torca perdida allá arriba.

En Picos de Europa, entre los roquedos de la ladera norte del pico Samelar, en un punto del mapa que pertenece a Cillorigo de Liébana (Cantabria). Cómo decirle, además, que encontraron esos restos seis meses antes y que se lo había ocultado hasta que el ADN confirmó que sí, que era él. Cómo explicar todo eso.

Al final, puso una foto de una bisnieta recién nacida de la mujer en el encabezamiento de un papel y empezó a escribir un texto que plantó ante ella al día siguiente. «Te traigo una buena noticia», puso al principio. Luego, una narración larga. Llena de detalles. Los espeleólogos, las sospechas, los contactos con la Guardia Civil, las gestiones, el análisis...

Y, a mitad de la tercera página, en negrita, la frase: «Son los restos de tu padre». Los restos de Eloy Campillo, guarda en Picos y alcalde de barrio en Sotres desaparecido en 1945. Los maquis le subieron al monte señalado como delator de una emboscada que les tendió la Guardia Civil en Pandébano, allí al lado, el 22 de abril de 1945. Hace 74 años. Este es el relato de un hallazgo casual que casi cierra una historia dura e increíble.

«En un pueblo pequeño las posguerras son más crueles que las guerras y 74 años dan para hablar mucho». Ana María Moradiellos reflexiona tras el mostrador de La Gallega, un bar tienda en Sotres de esos que casi ya no quedan. Vende de todo y sabe de casi todo. «Se ha especulado mucho y todo el mundo tenía algo que decir». ¿Sobre qué? Sobre lo que sucedió en Pandébano y los días posteriores en el 45.

El investigador Antonio Brevers (autor de 'Juanín y Bedoya, los últimos guerrilleros' o de 'La brigada Machado') lo ha estudiado con detalle. Él cuenta en sus textos que los guerrilleros y algunos vecinos de Sotres se juntaron para celebrar una comida ante la inminente caída de Berlín y la derrota de los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Alguien dio el aviso y once guardias civiles y un cabo rodearon la majada.

Lo siguiente fue pólvora y sangre. Un intenso tiroteo en el que resultó muerto el jefe guerrillero Ceferino Roiz, 'Machado', pero en el que los guardias salieron peor parados. Gildo, un compañero de los emboscados que no había acudido a la cita, escuchó los disparos desde su escondite y se acercó para ayudar. Disparó cambiando de posición y, además de alcanzar a dos agentes, que murieron en la refriega, hizo creer al resto que estaba siendo atacado por un número mayor de hombres, por lo que el grupo huyó en dirección Bulnes.

El hallazgo

Lo siguiente en este relato es una carrera de encuentros y casualidades. Investigando, Brevers entabló relación hace una década con Ana María y esa vía le acabó llevando hasta José Manuel (nieto de Eloy e hijo de Mercedes). «En casa nunca se habló de este tema. Sobre el suceso de Pandébano se escribió mucho, pero el primero que tocó la puerta familiar para pedir nuestra versión fue Antonio (Brevers). Desde ese momento, nosotros empezamos a buscar por nuestra cuenta».

José Manuel lo cuenta pegado a su primo, José. Dos de los nietos de Eloy. Buscaban a ciegas. De oídas. Que si en tal sima, que si por aquella zona... Nada. «Nunca pierdes la esperanza, pero estábamos ya en un punto en el que dijimos que hasta aquí podíamos llegar».

Fue entonces. Casi un milagro. El último día de la campaña de 2018 (finales de agosto) del grupo de espeleólogos pertenecientes al Interclub Tracalet-Flash (de Valencia y Madrid) en la zona, el destino quiso que accediese a la torca de La Topinoria Salvador Ibáñez.

Pura fortuna porque a él le había tocado estudiar otras cavidades y porque, acostumbrado a dibujar huesos humanos en la asignatura de Anatomía Morfológica en Bellas Artes, supo reconocer en un saliente de la sima, a 130 metros de profundidad, un fémur humano. Fue el principio. Encontró trozos de un correaje (una pista clave como prenda habitual en su día a día para pensar en un guarda desaparecido) en otra repisa, más abajo, y más huesos ya en el fondo, a 180 metros.

Siguieron las carambolas. Primero, porque el grupo de espeleólogos acudía a reunirse a menudo a La Gallega y, segundo, porque uno de sus miembros conocía los libros de Brevers y más de una vez le habían dicho que a ver si se iban a encontrar «por ahí abajo al guarda de Sotres...». El grupo dio parte al Greim de Potes y Ana María, a José Manuel. Todo empezó a moverse.

El Grupo de Rescate Especial de Intervención en Montaña encontró más restos y la médico forense de Torrelavega seleccionó una serie de piezas para su traslado al Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses de Madrid. El papel de la Guardia Civil, que hizo constar en las diligencias el posible vínculo con la historia de Eloy, fue determinante. Paso clave.

Memoría histórica y permiso

Asociados por inercia a un bando -izquierdas-, ella acudía para hablar de un funcionario y alcalde de barrio de la administración franquista -derechas-. Sus temores se disiparon al minuto. «Aquí no se distingue. La memoria histórica es esto», le respondieron. Y más. Porque, a raíz de la aparición de los restos, en torno a la familia hay ahora un amplio grupo de expertos que se ha ofrecido desinteresadamente para acometer la recuperación de lo que queda. El despacho jurídico Rodríguez Palomares, Brevers, los profesores forenses Fernando Serrulla y Francisco Etxebarria, los especialistas del Equipo de Antropología Física de la Sociedad de Ciencias Aranzadi -artífices de más de 250 exhumaciones vinculadas a la Guerra Civil-...

La 'gallega' toma la palabra. Habla de represaliados en su familia, de campos de concentración y del mandato que le dio su padre antes de morir. «La posguerra fue un 'sindios'. Las nuestras serían historias vinculadas a personas que diríamos de izquierdas. Mucho sufrimiento. Y mi padre me dijo: 'Ayuda a esta gente'. A alguien que estaría vinculado a la derecha. Aquí estas trincheras están cerradas. El dolor es el mismo». Los nietos de Eloy, a su lado, asienten.

Ellos piden ahora con insistencia al Gobierno de Cantabria el visto bueno a «los permisos administrativos» necesarios para «que este grupo de gente pueda sacar los restos de Eloy». Han solicitado ayuda al vicepresidente del Ejecutivo cántabro, Pablo Zuloaga, y están en contacto con la directora general de Patrimonio Cultural y Memoria Histórica, Zoraida Hijosa. Debe ser rápido. Primero, por una cuestión técnica. Cuando el tiempo empeore (más lluvia o nieves, que están a la vuelta de la esquina) será ya imposible trabajar en la torca. Y también porque las personas que se han ofrecido cuentan con compromisos por todo el mundo. Están disponibles ahora. Más tarde, quién sabe.

«Nos hemos pasado toda la vida pendientes de esto. Acabar será un alivio. Coger los restos, enterrarlos con el resto de la familia y descansar todos». Sobre todo Mercedes, con un vacío abierto durante 74 de sus 78 años. Todos sus hermanos -los otros tres huérfanos que dejó Eloy- murieron antes de los cuarenta. Quedó ella. Cuando leyó el papel que le escribió su hijo, se empeñó en subir hasta la Topinoria. Un todo terreno por pistas imposibles, un buen trecho a pie peña arriba... Dos días después, tuvo que ser ingresada en el hospital. Hace poco le han dado el alta médica y lo primero que ha hecho es preguntar si puede subir cuestas.

La familia -que no deja de agradecer a la Benemérita su apoyo- se personó en las Diligencias Previas instruidas por el Juzgado de San Vicente de la Barquera y, seis meses después del hallazgo, la prueba dio una probabilidad del 99,99999996% respecto a que los restos fueran del padre de Mercedes.

El juzgado entendió que, dado el tiempo transcurrido, cualquier delito estaba ya prescrito. Eso, a la familia le daba igual. «A nosotros no nos interesa buscar culpables, ni perdones. No reivindicamos nada. Solo recuperar sus restos», explican los dos nietos. De hecho, Mercedes ya acudió en su día a un grupo por la Memoria Histórica asturiano a pedir ayuda con la búsqueda y a informarse. Con cierto temor.