La enfermedad que hunde a los youtubers

Los efectos secundarios de un estrellato preso de algoritmos implacables y audiencias infieles provocan el hartazgo de muchos de estos influencers que dicen adiós a las Redes

Rubén Doblas Gundersen, alias El Rubius./R.C.
Rubén Doblas Gundersen, alias El Rubius. / R.C.
ISAAC ASENJOMadrid

La era digital trajo consigo una necesidad de aplausos fáciles y aluvión de 'likes' que engordan nuestra autoestima; sin embargo, la 'performance' en la que se han convertido ciertos comportamientos en las redes sociales han dado paso a unas cuantas bofetadas de realidad para los considerados 'dioses' de Internet. Los 'youtubers' están estresados, exhaustos y con cuadros de ansiedad. Sufren 'burnout', como lo denominan en el mundo anglosajón; o, como es más común en España, están 'quemados'. Los efectos secundarios de un estrellato preso de algoritmos implacables y audiencias infieles y variables han provocado el hartazgo de muchos de estos influencers que deciden darse un tiempo con la plataforma y con su público.

El caso de Rubén Doblas Gundersen (1990), alías El Rubius -uno de los youtubers más seguidos del planeta con 30 millones de suscriptores (las poblaciones de Portugal, Bélgica y Suecia juntas)- es el más reciente, aunque no el único en decir «¡basta, no puedo más!».

Su repercusión es tal que ha llevado a la revista Time a incluirle en su lista de líderes de la próxima generación (Next Generation Leaders).

Demonios en la cabeza

Dicen los expertos que lo que le ocurrió a este malagueño de madre noruega es normal y sucede en profesiones que se ven muy expuestas a la presión del público. Se hizo millonario sin salir de su habitación. Famoso gracias a Internet por subir vídeos comentando videojuegos y con una legión de fans millennial similar a la de los Backstreet Boys en los 90.

«Cada vez siento más y más presión y me pongo más nervioso y me cuesta más respirar, me dan bajones y en algunos directos he tenido que acabar super pronto porque sentía que me desmayaba por los nervios de intentar ser la mejor versión de mí. Estoy luchando con estos demonios que tengo en mi cabeza», decía el youtuber hace cuatro meses cuando abandonó la plataforma digital para tomarse un respiro hasta hace unos días, cuando confirmó su vuelta. Veremos si curado de ese «cuadro de ansiedad» del que habló allá por el mes de mayo o si en un tiempo necesita de otra 'desintoxicación' digital.

La empresa que lo representa dice que detrás de sus vídeos hay mucha preparación y lo compara con Cristiano Ronaldo o Messi en el terreno de los vídeos de Internet. «Hay un trabajo detrás de cada filmación», cuenta Antony Dumas, CEO de Webedia. Los psicólogos que tratan la ansiedad y el estrés en personas expuestas al público coinciden en que el primer paso para superarlo es aceptar que siempre serás juzgado. «Nunca vamos a gustar a todo el mundo, cuando pueda aceptar que cuando hago una cosa haya quien esté en contra y otro tanto, quizá una minoría, esté favor, ahí es cuando puedo vivir y seguir creciendo», explica Sergio García, psicólogo experto en estrés y ansiedad.

«Las nuevas tecnologías nos facilitan mucho la comunicación pero supone también más demanda. Nuestro estrés aumenta con las personas más significativas y en el ámbito público esta demanda es insostenible. A más presión, mayor es la probabilidad de sufrir un trastorno de ansiedad como por ejemplo un ataque de pánico», cuenta Antonio Cano-Vindel, catedrático de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid y presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés. El Rubius afrontó una «ansiedad de evaluación», propia de hablar en público o en televisión, que se suma a un «carácter muy perfeccionista, de una persona que se exige mucho», ha manifestado.

Emoción aversiva

Cada mes tiene de media 120 millones de reproducciones, lo que supone que al día hay cuatro millones de personas que ven alguno de los vídeos del Rubius. De hecho, más de uno ha intentado jugar a adivinar la cantidad que gana este chaval y no resulta nada sencillo. Aunque algunos estudios basados en el coste de la publicidad en la plataforma, teniendo en cuenta el número de seguidores, calculan que vendría a ganar 2,5 millones de euros al año. Más de 200.000 euros al mes.

«Es un examen continuo. Día a día se ven sometidos a una presión de dar a sus seguidores lo que les demandan y esto puede provocar estímulos aversivos», analiza Cano-Vindel.

Lo que en un principio era una pasión terminó convirtiéndose en una profesión. Infinitas horas de trabajo que provocaron en él y en otros youtubers una sobrecarga a nivel emocional y de rendimiento que les ha supuesto ser esclavos de las redes y que sea un infierno el publicar vídeos. Se han perdido a sí mismos. Hace unos meses, otro popular youtuber en España, Jordi Wild (7 millones de suscriptores), también comentaba que tenía síntomas de hartazgo. «Es una plataforma que es extremadamente esclava», decía.

«Los youtubers están supeditados a la tiranía de los clics, de la financiación, y de la publicidad. En este tipo de profesiones tiende a difuminarse la frontera entre lo que es profesional y lo que forma parte del ámbito mas íntimo y personal, y la autoestima y la salud psicológica y emocional de las personas puede llegar a resentirse gravemente a causa de una confusión entre lo que de verdad informa acerca de la calidad del propio trabajo y lo que sencillamente responde a otros ámbitos y escapa a la responsabilidad propia. Ese tipo de exigencias pueden llegar a provocar verdaderos episodios de desbordamiento emocional, sensaciones de fracaso, ansiedad galopante y desmotivación», explica Ana Villarrubia, psicóloga y directora del Centro de Psicología Aprende a Escucharte.

El de El Rubius no es un caso aislado. Muchos otros influencers, como el primero del mundo con 66 millones, PewDiePie, también decidieron en el pasado abandonar la plataforma durante un tiempo por el estrés que les generaba, al igual que otros conocidos como Casey Neistat, Kaiman Wong, Erik Phillips, Benjamin Vestergaard, Tyler Blevins -más conocido como Ninja- que habría perdido unos 100 mil dólares por dejar de subir contenido durante solo 48 horas o Matt Less. Este último reconocía recientemente en una entrevista con The Guardian que llegó a trabajar 20 horas al día durante el mes que derivó en su despertar, pues estaba completamente dormido, inmerso en una burbuja donde solo dejaba de mirar el ordenador para comer, ir al baño o dormir. «Es tóxico: el momento en el que te rompes es el momento en el que el algoritmo más te quiere», contaba. Se dio cuenta que los últimos cinco años habían sido los mejores de su vida, pero también los más difíciles. Una doble sensación de estar forrándose económicamente y hundiéndose personalmente. También se tomó un respiro.

Más grave y sin posibilidad de descanso han sido los casos de Celia Fuentes y Hannah Stone. Famosas en las redes sociales, ambas terminaron con su vida. La primera, bloguera y modelo española con 270.000 seguidores en Instagram. Se suicidó tras contar a una amiga por WhatsApp que «era todo fachada y se sentía sola». La segunda, una popular bloguera estadounidense de 16 años, con más de 350.000 seguidores en la Plataforma YouNow. Puso fin a su existencia tras desaparecer dejando un mensaje en el que se leía: «Estoy en modo no me molesten».

Esclavos de sí mismos

El rotativo británico reunía hace unos días a las caras más famosas de Youtube que en los últimos tiempos decidieron frenar o pausar su carrera. Y según se desliza en el extenso artículo, todos coinciden en el agotamiento y sobrecarga a nivel emocional, de rendimiento y de expectativas. Una línea delgada entre ser youtuber y esclavo de sí mismo.

«Son esclavos de un mundo -el de las redes sociales- que se rige por sus propias normas, de acuerdo a parámetros que no se ajustan siempre a la realidad, que no dependen necesariamente del ámbito de actuación de uno mismo y que pueden no ser susceptibles de ningún tipo de cambio o control por nuestar parte. Es más, se trata a veces de varas de medir que puede que no resulte siquiera saludable tener en cuenta porque son en muchas ocasiones contrarios a los valores y a la ideología del propio individuo que los sufre», explica Ana Villarrubia. La psicóloga se refiere a los algoritmos caprichosos de Youtube, creados por los sumos sacerdotes de Silicon Valley. ¿Qué vídeos se verán antes, cuáles estarán los primeros y con qué prioridad? De esto depende el número de visualizaciones y de la posición que ocupen los vídeos para los miles de millones de usuarios del servicio. El talento no es suficiente en una plataforma en la que cada minuto se suben 400 horas de vídeo. No es solo la frecuencia y consistencia en la creación de contenido es lo que provoca el agotamiento, sino la naturaleza específica del trabajo requerido para mantener al público involucrado, según se recoge en la investigación de The Guardian. Esto incluye estar activo en las redes sociales, interactuar con los fans y otros roles más allá de la escritura, presentación y edición.

«Fidelizar en el mundo digital sumerge en una espiral de autoexigencia y superación permanente que puede acabar quebrantando a la persona», escribe en una columna de opinión Liliana Arroyo, Doctora en Sociología, Investigadora especializada en revolución digital y transformación social (UB y ESADE).

En ella cuenta sobre la audiencia, que deja de ser «simple espectadora y establece un diálogo». ¿Con cuánta gente estamos preparados para interactuar en las redes sociales? «Si antes te comunicabas una vez cada cierto tiempo y ahora hablamos todos los días con varias personas, imagina alguien que tiene millones de seguidores», dice Cano-Vindel. Y eso sin atender a los 'trolls', que es caso aparte y no merecerían ni menciones.

El anteriormente citado Matt Lees afirma que el cerebro humano no está preparado para interactuar con esas cantidades a diario. Sin querer descubrió el número de Dunbar, antropólogo evolutivo que descubrió la relación entre el tamaño del cerebro y el tamaño del grupo estable de relaciones. La respuesta para la especie humana sería 150, lo que cualquier persona podría tener de amigos en las redes hoy en día. «En lo que tenemos que pensar es en lo que conllevan 150 interacciones diarias… Creo que hay muchas preguntas que debemos hacernos al respecto, para asegurarnos de que no es la inercia la que nos empuja, que nuestra actividad en las redes sociales no es compensatoria de ninguna otra carencia y camufla otras dificultades. ¿Es ese el modelo de relación social que de verdad queremos establecer con el mundo? ¿Con qué intención me relaciono con los demás a través de las redes y qué función cumplen esas relaciones en mi vida? ¿Es esa una función que debería poder cumplir otra conducta de manera más adaptativa que esta?», se cuestiona Ana Villarrubia.

Más del 10% de la población adulta ha sufrido trastornos afectivos, según un estudio publicado por la Sociedad Internacional de trastornos afectivos. En el mundo hay más de 300 millones de personas que sufren depresión, y más de 260 millones padecen trastornos de ansiedad.

 

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