Un país de contrastes: las empresas

Lucrecia Prieto, directora general de Priasa, y Gaspar Anabitarte, ganadero autónomo, dan su punto de vista sobre la salud de las pymes en España

Lucrecia Prieto y Gaspar Anabitarte./R.C. / SANE
Lucrecia Prieto y Gaspar Anabitarte. / R.C. / SANE
IRMA CUESTA
Lucrecia Prieto, directora general de Priasa

«La mediana empresa es la base de la economía de un país»

Ha pasado ya casi una década desde que Lucrecia Prieto Palacio (Zaragoza, 37 años) cogió las riendas de la empresa que fundó su padre a mediados de los años setenta. Arquitecta de profesión, aún se recuerda, recién acabada la carrera, llegando a las oficinas de Priasa (Tordesillas, Valladolid) decidida a demostrar a su padre de lo que era capaz. «Al principio hice de todo. La mejor manera de aprender era trabajar a pie de obra; cubriendo todas las facetas y aprendiendo de todo y de todos y muy especialmente de mi padre», explica, orgullosa de capitanear un proyecto que hoy factura 12 millones de euros anuales y que da empleo a casi medio centenar de trabajadores.

La cifra

2,8millones
de pymes había registradas en España en 2018, lo que representa el 99,8% del total del tejido empresarial español. Dan empleo a 8,5 millones de trabajadores. De hecho, el 66% de los puestos de trabajo de este país está bajo su paraguas.

Lucrecia es el perfecto representante del sector de la pequeña y mediana empresa de este país, en donde el 29,4% de los negocios están dirigidos por mujeres altamente cualificadas. Ella cree que, por más que se haya avanzado y se vayan alcanzado metas que hasta hace no tanto estaban al alcance de muy pocas, todavía queda mucho camino por recorrer. «Entiendo que con el esfuerzo y el empeño que hoy en día le ponemos las mujeres, junto con esa otra visión y normas de comportamiento que se registran en nuestra sociedad, llegará el momento en el que se logre una equiparación real».

Si Lucrecia es la imagen perfecta de la nueva clase empresarial, Priasa es la prueba de que hay empresas de construcción que supieron reinventarse cuando en este país las cosas pintaban fatal. Luis Miguel Prieto Sogo fundó Priasa en 1977 cuando llevaba una década de trabajo en el sector a sus espaldas. Eran tiempos en los que la mayor parte del trabajo llegaba de la mano de organismos públicos de la comunidad autónoma y de la edificación de viviendas de promoción propia a los que seguiría la peor crisis jamás recordada y la decisión de reinventarse. Quizá sea por eso, porque Luis Miguel Prieto lo vio venir y decidió que no era una buena idea anclarse en la promoción de viviendas, por lo que Lucrecia y sus hermanos, Beatriz y Nicolás, también parte de la compañía, hoy lo miran con absoluta admiración.

La clave

¿A qué se dedican? Numeros globales:
El 75% de las pymes españolas pertenece al sector servicios; el 9,6% a la construcción; el 8,3% a la industria y el 7% al sector agrario.

La readidad es que no es para menos. Hoy el Grupo Pria lo componen la constructora Priasa, su filial en Marruecos (Priasa Maroc), el almacén de material de construcción Prieto Palacio, la Residencial Vista Castro y la patrimonial Inpripa. Un conglomerado de empresas estrechamente ligado al sector de la alimentación que tiene a sus espaldas el orgullo de haber levantado bodegas y ampliado queserías de renombre. Por eso, ahora que a la vuelta de unos días toca elegir un nuevo Gobierno, Lucrecia Prieto no tiene problema en levantar la voz para reclamar medidas que impulsen a la mediana empresa como simplificar los trámites burocráticos y hacer accesible la contratación de mano de obra cualificada potenciando la formación profesional. «La mediana empresa es la base de la economía de un país. Es la que genera más empleo y riqueza, y entiendo que es la que proporciona más estabilidad para la región en la que se encuentra. Por esto el futuro es y tiene que seguir siendo de la mediana empresa», dice convencida de que es importante que interioricemos esa suerte de máxima sin dejar de pensar en nuevos proyectos.

Gaspar Anabitarte, Ganadero autónomo

«Mucha gente cree que la comida surge en el supermercado»

A Gaspar Anabitarte le gusta presentarse como campesino. Lo hace con el mismo entusiasmo con el que con 24 años, recién acabada la carrera de Biológicas, convenció a su novia, una madrileña que nunca había oído hablar con fervor (ni sin él) de una vaca, para hacer las maletas, instalarse en Cantabria y convertirse en ganadera. Cincuenta años después mantiene intacta, además de la pasión por la vida en el campo, la convicción de que la tierra es la única fuente de riqueza que perdura. «Hemos vivido una crisis financiera que traerá otra de mayor calado: la energética. Nos quedaremos sin petróleo, pero seremos ya siete mil millones de personas en el mundo que tendrán que alimentarse. Sé que es complicado de entender hoy, cuando muchísima gente cree que la comida surge en el supermercado», dice de forma pausada, pero firmemente.

La cifra

3,2millones.
Ese es el número de altas en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos registradas en diciembre de 2018.

En casa de este autónomo, patrón de una estabulación dedicada a la producción de leche ecológica con un empleado a su cargo, hay que levantarse pronto. Treinta y tres vacas que nos regalarán una leche de primera esperan desde el amanecer a ser ordeñadas. Dos veces al día, todos los días del año. Lo explica sin un ápice de victimismo, orgulloso de la vida que ha elegido. «Los ganaderos estamos en pleno cambio de régimen, nos está costando adaptarnos, pero vamos recorriendo el camino», dice, insistiendo en que si somos capaces de ejecutar nuestra soberanía alimentaria, la gente del campo recuperará el respeto social que ha perdido. «Resulta sorprendente el papel que juega el campo en una campaña. No digo que no tengan interés, pero es evidente que la mayor parte de los políticos no entiende nada de este mundo por importante que sea. Todo lo que somos y comemos ha salido de la tierra», afirma, sin poder esconder una sonrisa cuando le preguntan qué opinión le merecen los partidos que enarbolan la bandera en defensa de los animales. «Estamos ante una patología social que empieza con el ecologismo, evoluciona hacia el animalismo y termina con el veganismo. El problema de fondo es la ignorancia; el desconocimiento de que la naturaleza es un ciclo permanente en el que no hay momento para la piedad; la certeza de que todo y todos somos comida».

Las claves

Mayoría de hombres.
En España los autónomos siguen siendo mayoritariamente hombres que se dedican al sector servicios sin empleados a su cargo. Apenas hay jóvenes. Según los últimos datos publicados, menos del 1% es menor de 25 años y el 75% cotiza por la base mínima.

Lo que Anabitarte ha bautizado como la 'disneylización' del conservacionismo no parece tener sitio, ni en su vida, ni en la de los cientos de ganaderos y agricultores que aún resisten en este país. «Uno de los principales problemas actuales es que comemos manzanas traídas de Chile como si eso fuera algo natural. Los alimentos se producen y viajan, viajan mucho. Los políticos no quieren verlo, pero el hombre del campo volverá a tener la importancia que tuvo cuando traer y llevar toda esa comida sea tan costoso que no se pueda soportar». El suyo es una suerte de aviso a navegantes que suelta mientra lamenta que hayamos entregado la alimentación al negocio de las transnacionales y que ellas nos hayan robado hasta la cartera. «La cadena de valor se ha organizado al revés. Por ejemplo, en Cantabria, en donde se producen algo más de un millón de litros diarios de leche, no se bebe leche de aquí. Sorprendentemente se compra leche de Nueva Zelanda. Pero no en casa, que cada uno compra lo que quiere, sino en hospitales, colegios...».

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