Descenso del Sella | Y dos días antes no tenían ni piragua

El asturiano Miguel Fernández Castañón y el leonés José Julián Becerro se llevan el triunfo en el Sella tras una mala salida y un gran demarraje final, con polémica incluida

Castañón y Becerro celebran de forma entusiasta el triunfo después de atravesar el puente de Ribadesella./damián Arienza
Castañón y Becerro celebran de forma entusiasta el triunfo después de atravesar el puente de Ribadesella. / damián Arienza
JOSÉ ÁNGEL GARCÍA

Hace apenas unos días, José Julián Becerro y Miguel Fernández Castañón no tenían piragua para bajar el Sella. Aterrizaban con un bronce logrado en el Campeonato de Europa de Maratón, pero aturdidos y sin poder preparar de forma específica una prueba tan especial en sus carreras. Un amigo les prestó una embarcación con siete años para encarar una competición a la que, según sus palabras, llegaban sin presión, pero conscientes de que su pico de forma podía empujarles en los momentos decisivos del Descenso. En los últimos kilómetros soltaron un ataque demoledor, llegando desde atrás, que les permitió pasar los primeros por debajo del puente de Ribadesella, dejando atrás a todos sus rivales. Segundo triunfo para el avilesino Castañón, que mantiene todavía el récord de la prueba cuando hizo pareja con Julio Martínez que, a sus 49 años, volvió a ser protagonista dessde la primera palada.

El guion saltó por los aires sobre las piedras por las que portan las piraguas en la salida de la prueba. Becerro, que soñaba con ganar en K-2 después de hacerlo años atrás en solitario, tropezó y perdió unos segundos preciosos, que pudieron suponer su adiós precipitado en el camino hacia el podio. Más allá del tiempo, el palista de La Bañeza quedó magullado, con golpes que dejaron sus brazos agarrotados, cuando el río demandaba fuerza y concentración para no perder la buena estela, la misma que marcaron desde el primer metro Julio Martínez y Emilio Llamedo, que aprovecharon su privilegiada posición en la crono para encabezar la prueba y marcar el ritmo, aprovechando las zonas más caudalosas para sacar rédito de sus paladas.

Hasta ocho embarcaciones llegaron juntas a La Remolina. Los sudafricanos Hank McGregor y Wayne Jacobs se pegaron al K-2 del cántabro y el parragués, siempre por delante, aprovechando las sequeras para distanciarse levemente. En un plano más secundario, siguiendo la ola de los primeros, los galos Quentin Urban y Jeremy Candy, que desembarcaban en el Sella con la vitola de ser campeones de Europa, hace apenas una semana en su país.

Camino de Triongo, el grupo seguía estirado, con cinco piraguas en apenas un margen de unos segundos. En ese punto, se descabalgaron los sudafricanos y su lugar privilegiado lo ocuparon los riosellanos Juan Busto y Roberto Geringer, que se pegaron literalmente a Martínez y Llamedo, que mantenían un ritmo sostenido con el afán de descolgar a sus rivales. Esa intensidad de paleo les permitió marcar las primeras diferencias. Solo Busto y Geringer eran capaces de agarrarse al río y no perder de vista la cabeza de una competición que volvía a dar la espalda a Hank McGregor, eterno candidato al título. El sudafricano se quedaba atrás por el paso por El Arcu junto a su compañero Wayne Jacobs. El Sella es otra historia y te pone en tu sitio. De nada sirve llegar como campeón del Mundo. Los piragüistas locales hacían valer su conocimiento del río y marcaban el paso, conduciendo las embarcaciones por los lados más propicios, utilizando las zonas que presentan un mayor nivel de caudal.

Los pasos por los rabiones son fundamentales para bien o para mal. Es difícil superar este obstáculo y muy fácil dejarse ahí las opciones de triunfo. Más de una pareja extranjera, que aspiraban a romper la hegemonía española, sufrieron los rigores de una bajada que no perdona los errores.

Atravesar el Rabión del Diablo es una prueba de fuego para los aspirantes. Por ahí pasaron por delante, mandando, Julio Martínez y Emilio Llamedo. Detrás, siguiendo la ola buena, los riosellanos Busto y Geringer. A unos metros, por detrás, los franceses Quentin Urban y Jeremy Candy, que encaraban la segunda parte de la prueba con el ánimo de remontar y alcanzar a las dos primeras embarcaciones. Desde atrás, en busca del podio, llegaban Becerro y Castañón, que hicieron una carrera de menos a más. Su irrupción fue paulatina. Detrás habían dejado la penuria de los primeros kilómetros. El avilesino, en palabras de su compañero, «se multiplicó por siete» para tirar de la pareja que recortaba de forma paulatina distancia con los primeros después de dejar atrás los tramos de Requexada, Fríes y Cueves. Martínez y Llamedo seguían a lo suyo, ajenos a la reacción por detrás de los galos, que tiraban de Becerro y Castañón, cuya estrategia empezaba a tomar  forma.

La prueba, al paso por los Campos de Ova, confirmaba la recuperación del palista de La Bañeza y el avilesino. Sin hacer ruido se situaron terceros y llegaron a la altura de las dos parejas que lideraron la prueba desde el disparo de salida. Quedaba por saber cómo iban a gestionar Julio Martínez y Llamedo este nuevo escenario, con una K-2 tan experimentada a su rebufo.

Castañón y Becerro no titubearon, superaron a la pareja cántabra-parraguesa a la altura de Norniella y soltaron un demarraje espectacular, dejando sin respuesta a sus rivales. El esfuerzo pasó factura a Julio Martínez y Emilio Llamedo, incapaces de cambiar, después de llevar el peso de la competición. El veterano palista cántabro se quejó amargamente a la conclusión de que les habían cerrado contra las piedras y les habían roto la embarcación, dejándolos sin opciones a la altura de la Requexada, después de encabezar la prueba desde el inicio.

Un ataque tan contundente como definitivo. Castañón y Becerro se lanzaron a por el triunfo, disponiendo incluso margen para celebrarlo debajo del puente de Ribadesella, con los galos Urban y Candy en segunda posición, mientras que los locales Busto y Geringer se conformaron con el tercer lugar del podio del que quedaron fuera Julio Martínez y Emilio Llamedo.

En la prueba de K-1, triunfo para el favorito Mads Pedersen, un auténtico diamante en bruto que puede hacer historia los próximos años en el Sella. El desconocimiento del río no fue óbice para que el danés exhibiera sus condiciones y superara al cangués Alberto Plaza, que después de una brillante remontada arrebató el segundo puesto a Fidalgo, que no pudo reeditar el triunfo logrado hace un año.