El otro museo de la radio de Ponferrada

Sebastián Prieto conserva una colección privada de receptores de la que forman parte cerca de 330 aparatos antiguos, algunos de los años 40 y 50 del siglo pasado

Sebas Prieto, junto a varias de sus radios de su colección privada en Ponferrada/César Sánchez
Sebas Prieto, junto a varias de sus radios de su colección privada en Ponferrada / César Sánchez
DAVID ÁLVAREZPonferrada

La ciudad de Ponferrada dispone desde hace más de 15 años de un Museo de la Radio, bautizado con el nombre del locutor Luis del Olmo, nacido en la ciudad, donde se exhiben unos 200 aparatos de distintas épocas con los que ilustrar al visitante sobre la evolución técnica y estética de estos ingenios tecnológicos. Sin embargo, existe en la capital berciana otra colección capaz de eclipsar a la que alberga el centro museístico, compuesta por cerca de 330 receptores, algunos de ellos de la década de 1940. El propietario de ese tesoro es Sebastián Prieto, un referente en el mundo del motocilcimso en Ponferrada al que todos conocen por ''Sebas'' o ''El Gurú'', que las conserva con cariño como recuerdo de su tío, con el que compartía nombre y apellido, y que fue uno de los introductores de las tecnologías de imagen y sonido en la ciudad a mediados del siglo pasado.

Sebastián Prieto era también el nombre de la tienda que el propietario original de los aparatos regentaba en la céntrica avenida de La Puebla, desde donde se vendieron los primeros electrodomésticos que llegaron a la capital berciana. «El primer televisor que se hizo en Ponferrada lo hizo él, por componentes, porque no había tiendas de televisores. Tuvieron que venir con un aparato para instalar la antena y coger la señal porque había un partido de la selección, y cuando lo puso en casa, había gente subida por las escaleras para ver qué era aquello, nadie sabía lo que era», recuerda su sobrino.

Al respecto, Sebas recuerda a su tío como «un enamorado del sonido» que había estudiado en su juventud un curso de radiotécnico. «Él decía que le hubiera gustado que yo heredara el negocio, pero a mi me tiraban más las motos», reconoce Sebas, que en la actualidad regenta un taller mecánico y una escuela, Sebastrial, por la que han pasado decenas de pilotos, entre los que se cuentan los ganadores de las tres últimas ediciones del campeonato autonómico de este deporte que hasta hace pocos años contaba con poca afición fuera de Cataluña.

Piezas de artesanía

Entre los más de 300 receptores que integran la colección, todos en perfecto estado de funcionamiento, Sebas destaca la existencia de verdaderas piezas de artesanía, especialmente las anteriores a los años 70, que todavía cuentan con una caja tallada en madera. «Hay un aparato, que lleva en la parte de abajo un amplificador, encima un receptor de radio de onda media, que era lo único que había, y arriba del todo un plato de tocadiscos, pero a los lados lo abres y es un mueble bar», explica.

Esas piezas más antiguas y elaboradas, la mayoría con caja de madera y su tradicional capilla tallada, provienen de las décadas de los 40 y los 50 del siglo pasado, mientras que en la colección también destacan otros modelos más recientes, fabricados ya con materiales derivados del plástico. «Hay hasta una radio a galena, de las primeras que se fabricaron», añade Sebas, que desconoce el año de fabricación de este aparato que utilizaba un cristal de sulfuro de plomo para detectar las distintas frecuencias.

La tienda de la avenida de La Puebla fue el epicentro de la distribución de estos aparatos de marcas tan míticas como Iberia, Telephunken o Saba y el punto al que acudían los más interesados en esas por aquel entonces nuevas tecnologías. Una vez retirado del negocio y con la tienda ya cerrada, el propietario del establecimiento continuó volcado en su pasión y se dedicó a buscar y adquirir nuevos receptores con las que engrosar su colección. «A principios de los 90 aún hizo un viaje a La Coruña en furgoneta para comprar una colección de ''lámparas'', término con el que se conocía a las válvulas que formaban parte de las radios anteriores a la invención del transistor.

Además, como algunos de los aparatos que adquiría estaban en mal estado, Sebastián también se dedicó a la reparación y restauración de los mismos, ayudado por su sobrino, que se encargaba de lijar, pintar y lacar las cajas, así como de volver a tapizar la tela que cubría los altavoces de algunas radios. «A veces teníamos que hacer hasta el cristal del dial», recuerda Sebas, que explica que su tío se hizo también con una máquina para bobinar y un torno para modelar los botones de madera de algunos de los receptores. «Tenía un amigo tornero que trabajaba en Endesa que le enseñó», afirma.

Familia de pioneros

Sebastián, el dueño de la tienda, era uno de los hijos de Ángel Prieto, conocido como ''el Guarnis'' por su pasado como guarnicionero. Este personaje claves en la historia del deporte de la ciudad, fue uno de los fundadores de la Sociedad Deportiva Ponferradina y uno de los pioneros del ciclismo en la comarca del Bierzo, donde fundó una tienda de bicicletas desde la que organizó las primeras carreras que se celebraron en la zona.

La pasión del Guarnis por las dos ruedas la heredó su hijo Ángel, padre de Sebas, que encaminó el negocio hacia el mundo de la motocicleta, mientras que Sebastián se volcó hacia un universo poblado por potenciómetros, amplificadores, ecualizadores, fusibles y discos de ruido rosa. «Recuerdo que una vez mi tío compró una cámara a un importador de Barcelona y durante las fiestas de La Encina la colocó en el escaparate, conectada a un televisor para que la gente pudiera verse por primera vez», explica Sebas.

Aunque la tienda de electrodomésticos lleva cerrada más de 20 años, el recuerdo de Sebastián sigue vivo en su colección de radios, así como de equipos de sonido domésticos de alta fidelidad de las principales marcas. «Cuando llegaba un viajante, me lo mandaba al taller», recuerda su sobrino, que aprovechó la ocasión para introducirse en el mundo del sonido en el coche. «Los aparatos de radio no me llamaban tanto la atención, pero hubo un tiempo en que saqué más dinero instalando equipos de sonido en coches que vendiendo motos», asegura Sebas.

A la venta

Pese al cariño con el que conserva la colección de radios antiguas que perteneció a su tío, Sebas reconoce que, en la actualidad, el hecho de necesitar un local de grandes dimensiones para almacenar los aparatos supone un obstáculo cada vez mayor. «Yo estaría dispuesto a venderlos, pero no hay manera y eso que no pido el oro y el moro», lamenta el actual propietario de los receptores.

En el pasado, el mismísimo Luis del Olmo, cuya familia es vecina de los Prieto, se interesó por adquirir alguno de los aparatos para llevarlo hasta el Museo de la Radio que lleva su nombre en Ponferrada o a su instalación gemela en Roda de Barà (Tarragona), aunque finalmente las negociaciones no llegaron a buen puerto por la intención del locutor de comprar parte de la colección en lugar de adquirirla íntegramente.

En los últimos años y gracias a la expansión de internet, coleccionistas de varios países se han puesto en contacto con Sebas para mostrar su interés por estos tesoros de la radiofonía del siglo XX, aunque el último intento se torció a la hora de formalizar la operación con un contrato privado. «Antes la palabra y un apretón de manos eran la máxima garantía de algo, pero ahora hay que andar con mucho cuidado», asegura Sebas, con un tono de nostalgia en la voz.

 

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