Un remanso de vino en una antigua mina de oro

Fuentes del Silencio cumple cinco años desde sus inicios en Herreros de Jamuz y lo celebra después de que la empresa Biome Makers calificara su viñedo como uno de los más excepcionales de España, Italia y Estados Unidos

Una de las uvas de Fuentes del Silencio. /Campillo
Una de las uvas de Fuentes del Silencio. / Campillo
MIRIAM BADIOLA

Denominaciones de Origen de gran calidad, bodegas tradicionales, pagos que destacan por sus singulares características, enólogos que enseñan a amar el vino, amantes del vino que necesitan un nuevo caldo que regalar a sus paladares. España es una indudable cuna vinícola de una elevada fama pero, ¿es posible ofrecer algo diferente en este mercado?

Fuentes del Silencio, una pequeña bodega nacida en el año 2013 en la localidad leonesa de Herreros del Jamuz, ha demostrado que sí es posible, y que la manera de ofrecerlo es apostando por tierras de gran carga histórica, trabajo a la antigua usanza y una pequeña producción que permita mimar cada detalle.

Sin embargo, si hay algo que diferencie a esta bodega es su 'terroir', calificado recientemente por la empresa californiana Biome Makers como uno de los más excepcionales de España, Italia y Estados Unidos, debido a su singular microbiología, con 959 especies diferentes identificadas, que se encuentran asentadas sobre sedimentos auríferos.

Los viñedos de Fuentes de Silencio se encuentran asentados sobre una antigua mina de oro, «incluso si todavía coges un bateador y te vas al río, puedes llegar a encontrar pequeñas pepitas de oro en el agua», algo que para el vino «es espectacular» porque ofrece una levadura especial que ofrece sabores mucho más frutales.

Este sorprendente entorno hace que se trate de los únicos viñedos del mundo asentados sobre antiguas minas de oro, motivo por el que la bodega quiere estudiar cómo se traslada el terroir aurífero del viñedo al propio cuerpo del vino.

Una bodega con mucha historia

Al sur de la provincia de León, a orillas del río Jamuz, se encuentra un pequeño valle que a lo largo de la historia recoge una pequeña histórica vinícola que entre el siglo XIX y XX se relegó ante vinos de masas como el Prieto Picudo. Se trata de unas 25 o 27 hectáreas, divididas en 90 parcelas pequeñas.

Aislado del resto de regiones vinícolas de la provincia de León, el valle de Jamuz se caracterizó hasta hace muy pocos años por estar lleno de explotaciones en las que los vecinos cultivaban su propia uva para hacer el vino que beber en sus hogares.

Sin embargo, hace cinco años, el matrimonio formado por Miguel Ángel Alonso y María José Galera, supieron que toda esta tradición no podría dejarse perder. «Es un valle especial, está a gran altura entre 800 y 900 metros, y tiene unos viñedos muy diferentes a los del resto de todo León, al tener sobre todo Mencía y Garnacha tintorera, unas uvas completamente diferentes», ubicadas en 27 hectáreas repartidas en 90 parcelas pequeñas.

Con viñedos de gran edad, algunos de ellos prefiloxéricos, es decir, de finales del siglo XIX, la mayor parte de ellos plantados a principios del siglo XX, y los más jóvenes de 60 años, los propietarios de la bodega Fuentes del Silencio, en Herreros de Jamuz, quisieron trabajar seriamente para crear un vino especial.

Así, el enólogo berciano Raúl Pérez, calificado como el mejor del mundo en el año 2015, afirmó en sus inicios que la calidad de los viñedos «era de lo mejor que podría haber», pero la pregunta era siempre la misma, ¿por qué estos viñedos son tan diferentes?

Tras estudiar con geólogos la zona, fue entonces cuando los propietarios de la bodega descubrieron que el suelo en el que se encontraban sus viñedos era completamente diferente al del resto de León, ya que contaba con un fondo pizarroso, así como su clima, ya que la zona cuenta con una pluviometría similar a la de Sevilla.

Primer Pago de Castilla y León

A raíz de estos descubrimientos, los propietarios de Fuentes del Silencio han decidido solicitar la calificación de Pago, una indicación geográfica española para lo que la bodega debe demostrar que tanto el vino, en cata de sabor y de analítica, como las características de la tierra y la zona en la que se encuentran son características.

En estos momentos existen en España trece Pagos, de los cuales ninguno se encuentra en Castilla y León, motivo por el que el Miguel Ángel ya ha iniciado los trámites para pedir dicho reconocimiento a la Junta de Castilla y León. «No es que tengamos la obsesión por ser un pago, pero es la manera de ser diferentes y que la administración lo reconozca».

Variedades

En estos momentos, Fuentes del Jamuz cuentan con cuatro variedades de vino diferentes. 'Las jaras' es un vino tinto estructurado y fresco elaborado con variedades de Prieto Picudo, Mencía y Alicante Bouschet, que procede los viñedos al sur del Valle de Jamuz, asentados sobre suaves pendientes orientadas al norte y protegidas del viento por el Monte Teleno. Este vino realiza una fermentación maloláctica en tina de madera, donde reposa durante nueve meses.

'Las quintas', un vino con muchos aromas frutales y una ligera tanicidad, se realiza con variedades de Mencía, Alicante Bouschet y Palomino, procede del páramos norte del Valle, caracterizado por sueles muy pobres y muy ricos en limos y arenas, con gran contraste térmico, expuesta a corrientes de aire y con alta insolación. Su fermentación se produce en barricas de roble francés de gran volumen durante doce meses.

'La gándara' se elabora en la parcela histórica de Herreros de Jamuz, un viñedo viejo situado a 830 metros de altitud y con apenas dos hectáreas, que ofrece una variedad de Mencía de entre 70 y 100 años de edad, que posteriormente se combinará con pequeñas dosis de Alicante Bouschet y Palomino, para criarse durante doce meses en barricas de roble francés de gran volumen.

'Mataperezosa' es el vino blanco de Fuentes del Silencio, creado con cepas de Palomino, Doña Blanca, Godello y Verdejo, situadas en suelos fríos con mucho contenido en hierro y con perfil arcilloso, que dan pie a un vino rotundo y concentrado, con estructura, que se combina con la frescura que produce los contrastes térmicos existentes en la zona. Este vino fermenta en barrica de roble francés, donde permanece doce meses en contacto con sus lías y con battonages periódicos.

El mejor vino posible

«Será un vino bueno o menos bueno, pero estamos haciendo el mejor vino que podemos», asegura orgulloso Miguel Ángel Alonso, quien apunta que Fuentes del Silencio ofrece una producción muy limitada con dos o tres mil kilos de uva por hectárea, realizando todo el proceso de manera manual y sin utilizar ningún tipo de herbicida, para lo que están persiguiendo la calificación de Vino Ecológico.

Con tanques pequeños de 3.000 a 5.000 litros de vino, la bodega vinifica cada parcela por separado, juntándolas únicamente a final de año para producir el vino. La enóloga de la bodega, Marta Ramas, asegura que con ello se busca «no enmascarar el carácter de la parcela», lo que ofrece grados alcohólicos bastante controlados y una acidez natural, que da pie a «vinos frescos, afrutados, con gran potencial de guarda pero que se pueden beber muy jóvenes».

Con esta idea, el 2014 salió al mercado el primer vino de Fuentes del Silencio, «un vino tinto que salió bien», pero no es hasta 2015 cuando se produce el primer vino de relevancia, que fue incluido en la guía 2018 del ABC como uno de los diez mejores vinos de España, ganó la medalla de oro en el concurso de Bruselas y el Financial Times lo situó en el top tres de los mejores vinos de Castilla y León.

Por su parte, la añada de 2016 fue puntuada con 93 puntos en la Guía Peñín, «la mejor puntuación que se puede dar a un vino nuevo y que, de paso, fue la mejor para los vinos de todo León».

Ante la gran dificultad que supone despuntar en el mercado español, «copado por grandes vinos clásicos y de gran calidad», en este momento Fuentes del Silencio también ha establecido ya su pie en el mercado extranjero. Así, sus vinos se venden ya en Estados Unidos, Inglaterra, Japón o Alemania.

 

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