Una Academia de altos vuelos

La Academia Básica del Aire recibirá el 7 de noviembre la Medalla de Oro de las Cortes de Castilla y León a una institución que persigue «mantener el nivel de excelencia» alcanzado en sus 25 años

Un grupo de alumnos de la Academia Básica del Aire recibe una clase práctica./Peio García
Un grupo de alumnos de la Academia Básica del Aire recibe una clase práctica. / Peio García
S. GALLO

El próximo 7 de noviembre, la Academia Básica del Aire (ABA), ubicada en La Virgen del Camino (León), recogerá la máxima distinción que otorgan las Cortes de Castilla y León, la Medalla de Oro del Parlamento autonómico que pone el broche de oro a sus 25 años de historia de academia como tal. Detrás hay casi un siglo de vida de una institución que fue Maestranza Aérea y Escuela de Especialistas del Aire y que hoy continúa siendo referente aeronáutico español y cátedra de los suboficiales del Ejército del Aire.

El coronel José Antonio Gutiérrez Sevilla, director de la Academia Básica del Aire y jefe del Aeródromo Militar de León, reconoce que es «un orgullo y un honor» recibir esta distinción que supone el reconocimiento del «pueblo de Castilla y León», lo que le da «su verdadero significado». El acto arrancará a las 11.00 horas, en un hemiciclo que una hora después acogerá el debate de totalidad del proyecto de Ley de Presupuestos de la Comunidad para 2018.

Estas bodas de plata han sido la «chispa» para que Junta y Ayuntamiento de León propusieran el nombramiento, lo que no quita para reconocer el trabajo de todos aquellos que han pasado por la institución de la que le toca ser portavoz al coronel Gutiérrez Sevilla. A ella llegó hace apenas cuatro meses -tomó posesión el 13 de julio-, tiempo en el que ya ha podido percibir la proximidad y la complicidad que existe entre los integrantes de la Academia y la ciudad de León.

«Somos 1.200 personas que vivimos en León, que salimos, compramos... y eso se nota», estima. Además, se felicita porque «todo el mundo» le ha recibido «con los brazos abiertos». Este hecho facilita una tarea para nada sencilla en la que hay un reto claro por delante: «Mantener el nivel de excelencia en la formación de suboficiales».

A la vanguardia en formación

La concesión de la Medalla de Oro de las Cortes a la Academia está justificada «por su trabajo en la defensa de España, el elevado arraigo social con el pueblo leonés y la contribución a que León en particular, y Castilla y León en general, sean conocidas fuera de su territorio por la formación de suboficiales del Ejército del Aire». Esta formación es precisamente uno de los objetivos más inmediatos en los que se trabaja la ABA, ya que el próximo año está previsto que se implementen en La Virgen del Camino dos títulos nuevos de técnico superior –Administración y Finanzas, y Mantenimiento de Aviónica-. Además, también podría aplicarse una normativa sobre requisitos de aeronavegabilidad para el personal de mantenimiento de aviones, una normativa europea que España ha optado por incorporar a la formación.

En este cuarto de siglo, la evolución ha sido grande, paralela al desarrollo de la sociedad española. En los últimos años se ha experimentado una inmersión en el sistema educativo general, puesto que además de la formación militar «de toda la vida» ya se otorgan títulos reconocidos por el sistema educativo, como es el Grado de Ingeniería, en el caso de la Academia General del Aire de San Javier (Murcia), y en León el de técnico superior. Con la Universidad de León (ULE) se mantiene «una relación bidireccional».

Los ‘aviadores militares españoles’, como les gusta que les llamen a los miembros del Ejército del Aire, reciben en León formación en los valores de la Constitución Española, desde donde se avanza a otros conocimientos más específicos, como son los valores de las Fuerzas Armadas, en general, y los conocimientos aeronáuticos, en particular. «Lo primero y fundamental son los valores y principios constitucionales» a lo que sigue la formación militar en sus múltiples facetas, como son el aspecto físico o los valores militares y, finalmente, la capacitación técnica para desempeñar sus cometidos en sus diferentes especialidades.

Las nuevas tecnologías también han desembarcado en el Ejército del Aire. El reto es «mantener a los suboficiales al día permanentemente en las características tecnológicas que son necesarias para mantener un avión, gestionar un sistema de control aéreo o proteger una instalación aérea», reconoce el coronel Gutiérrez Sevilla. «Un avión hoy en día es tecnología pura, tanto en la parte del software como de equipos y armamento», lo que requiere estar al día, porque, incide, el fin último del Ejército del Aire no ha cambiado y sigue siendo «poder emplear la fuerza aérea para contribuir a la defensa y seguridad del Estado».

Una pareja de sargentos alumnos, frente a un Sabre F-86 en la Academia Básica del Aire.
Una pareja de sargentos alumnos, frente a un Sabre F-86 en la Academia Básica del Aire. / Peio García

La misma esencia

El brigada García entró en la ABA en el año 1992, en la primera promoción y, salvo dos años, ha desarrollado su carrera en León. «La ABA no es una unidad típica del Ejército del Aire, porque no es la vida real, es una burbuja, pero con un ambiente muy peculiar», explica, para reconocer que el mundo digital ha cambiado la forma de enseñar, pero la esencia sigue siendo la misma.

En este sentido se expresa la sargento primero Sutil. «El discurso que te dan cuando llegar a la academia lo puede dar cada año uno, pero no varía, el mensaje siempre es igual», señala. Donde también se percibe un desarrollo positivo es en la unión de fuerzas. Antes cada Ejército podía actuar «por su lado», ahora «no son el uno sin el otro» y se presentan como «un conjunto y entre países», apuntan. «Todos vamos a un mismo fin», insiste la sargento Sutil.

Una auténtica familia

La formación en la ABA suponen muchas horas de trabajo y de convivencia con los compañeros. Desde primerísima hora de la mañana hasta el mediodía se desarrollan las clases, que por la tarde se ven complementadas con alguna actividad o con tiempo ‘libre’ que se dedica al estudio. Cuando es posible, siempre se puede hacer alguna escapada, lo que además favorece la relación entre los alumnos, muchos de ellos procedentes de diferentes puntos de la geografía española.

Como profesor en la Academia desde el año 1997, el brigada García reconoce que le conoce todo el mundo en el Ejército del Aire. «Yo a ellos también, pero de vista, y tengo que preguntarles de qué promoción son, porque han pasado por aquí más de 4.000 personas», pero la conclusión a la que se llega es que el Ejército del Aire «es muy pequeño». «Es una gran familia».

«De aquí no solo salen compañeros, sino también amigos, porque son tres años conviviendo con ellos a todas horas», explica el sargento alumno Jaldo. En su último año en la Academia y procedente de Granada, reconoce las dificultades para ir a su casa más allá de los periodos vacacionales. «Es en Navidades y Semana Santa cuando vemos a nuestras familias, pero existe el teléfono, y si pasa algo, tenemos a nuestros compañeros, porque es una gran familia», insiste. Y es que, al margen de la finalidad laboral de la ABA, también destaca «el carácter humano», puntualiza la sargento alumno Castillo Lozano, quien apostilla que saldrán como sargentos o mecánicos pero, ante todo, se va a llevar «un gran recuerdo de la gente». «De lo que hemos vivido y lo que hemos llorado».

Un grupo de alumnos de la Academia Básica del Aire recibe una clase práctica.
Un grupo de alumnos de la Academia Básica del Aire recibe una clase práctica. / Peio García

También cosa de mujeres

Que el Ejército sea una cosa de hombres quedó desterrado hace tiempo. De hecho, en la primera promoción de la ABA ya estaba permitido el acceso de mujeres, aunque no fue hasta la segunda promoción cuando ingresaron las cuatro primeras alumnas. Precisamente, una de las mujeres que ha finalizado sus estudios en la ABA es la sargento primero Sutil, natural de León, que a los 18 años se sintió la llamada por la vida militar. «Le dije a mi padre que quería ser paracaidista y me dijo que para eso tenía que ser militar, y lo tenía clarísimo», explica, con la satisfacción de haber ido consiguiendo en 23 años de carrera militar todos los objetivos marcados.

Accedió a la escuela en Zaragoza y desde ahí fue destinada al Ala 35 en Getafe (Madrid), donde estuvo cinco años en la especialidad de hostelería como auxiliar de vuelo. Animada por el teniente coronel, optó a una vacante en el 45 Grupo y, al conseguirla, empezó a volar durante cinco años en aviones como el Boing o el Air Bus que dan servicio a los miembros de la Casa Real, Presidencia y ministerios. Siendo consciente de que estaba disfrutando de «unas vacaciones gratis durante todo el año», decidió «formalizar» su situación y materializar su vocación. Así que decidió prepararse para acceder a la ABA, desde donde fue a Zaragoza para estudiar su especialidad de Seguridad y Defensa y elegir, después, el Escuadrón de Apoyo al Despliegue Aéreo (EADA). «Pasé de ser una princesa e ir con mi maleta Samsonite a hoteles de cinco estrellas, a ser una guerrera con una mochila y dormir en el suelo», explica.

A pesar de este cambio «brutal», la sargento primero reconoce haber llorado el día que consiguió la vacante para el EADA. «Lo tenía clarísimo, no me iba a ir hasta que no consiguiera una plaza en León», y lo consiguió también. Tras llegar a ser paracaidista «manualista», sufrió un accidente saltando justo cuando le comunicaron que la vacante en León era suya. Eso le llevó a estar dos años de baja, con una pierna, el brazo y dos vértebras rotas. Ahora ha pasado «de ser una guerrera a ser una administrativa», pero dice estar feliz por haber conseguido sus sueños y, además, ahora poder disfrutar de su familia.

No tan claro lo tiene todavía la sargento alumno Castillo, llegada de Lérida, que asegura estar «centrada en aprobar e ir pasando los cursos». Reconoce no tener un destino claro, aunque ve su futuro en un Ala –donde se encuentran los aviones de las bases aéreas-, y no descarta ir al EADA «que es un poco más operativa y salir de misiones». Detrás deja, además de su paso por la ABA, ocho años en Zaragoza en automóviles. «Me saqué todos los carnés de conducir y la verdad es que nunca me imaginaba yo llevando un tráiler con explosivos ni nada por el estilo, pero allí estuve», relata.

Nada regalado

El trabajo en la ABA resulta «duro» porque «no regalan nada» y además hay mucha gente. Sin embargo, la vida laboral sigue resultando atractiva, como explica el sargento alumno Jaldo, quien recuerda cómo su hermano, también militar, le animó a entrar porque «la vida laboral es bastante buena» y se tiene un futuro «más próspero», aunque también recibió la advertencia de que no se durmiera en los laureles.

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