UNIVERSO CDR: cómo funcionan los comités 'indepes'

Se han adueñado de las calles de Cataluña. No obedecen a partidos ni estructuras 'indepes', y ni siquiera Quim Torra, cuando los jalea, sabe hasta dónde pueden llegar para que se haga realidad ya la secesión. Son los Comités de Defensa de la República

UNIVERSO CDR: cómo funcionan los comités 'indepes'
MELCHOR SÁIZ-PARDO

Sant Julià de Ramis, Girona, diez de la mañana del pasado lunes: «Amigos de los CDR: apretad. Hacéis bien en apretar». Poco antes, también en Girona, los CDR habían bloqueado el AVE y estaban en esos momentos asaltando la delegación de la propia Generalitat para quitar la bandera española. Doce horas después del llamamiento de Quim Torra, una multitud cercó el Parlament en Barcelona y estuvo muy cerca de asaltar también la sede legislativa.

¿A quién estaba arengando exactamente Torra? Probablemente ni siquiera el propio president sea capaz de definir a quién se dirigía con su polémica proclama. Y es que el universo de los autodenominados Comités de Defensa de la República (CDR) es, cuando menos, complicado de explicar. La amalgama de organizaciones que lo conforman hace difícil poner cualquier etiqueta. Según los informes de las fuerzas de seguridad del Estado y de los Mossos, en los CDR cabe de todo: hay radicales violentos, antisistemas, sindicalistas bregados en huelgas, 'cuperos', activistas desencantados de los partidos nacionalistas, estudiantes, profesionales, amas de casa, jubilados...

El único cemento que les une es la idea de implementar ya una república que consideran que debería ser una realidad tras los resultados del referéndum ilegal del 1-O, pero que no llega a ponerse en marcha. Y los CDR tienen los culpables: la tibieza de la Generalitat, los partidos que conforman el Govern y las dos organizaciones civiles, ANC y Òmnium Cultural, que hasta hace un año lideraron el 'procés' y que ahora viven sus horas más bajas con sus dos cabecillas, Jordi Sànchez y Jordi Cuixart, en prisión y con una pérdida considerable de influencia en su liderazgo del independentismo en la calle.

Un vacío que, precisamente, se han encargado de llenar estos comités durante el último año en un fenómeno que ha desbordado a partidos e instituciones, que no tienen ninguna capacidad de control de estos grupos totalmente autónomos.

Una organización difusa

La envergadura de este fenómeno social es igualmente difícil de calcular. Los datos ciertos son pocos. Los informes de los servicios de información de la Policía aseguran que en Cataluña hay 270 comités, aunque el número varía día a día. El número de militantes también fluctúa. Los Mossos apuntan a que habría al menos 30.000 personas directamente implicadas en la organización de estos grupos, aunque su capacidad de movilización podría acercarse al medio millón de individuos.

En cualquier caso, la actividad y militancia es muy dispar y depende de cada comité. Son especialmente fuertes en Girona y ciertos puntos de Barcelona. No tanto en Lleida y mucho menos en Tarragona.

Hay grupos que existen casi solamente de manera nominal y que, más allá de tener un anagrama, ni siquiera han llegado a movilizarse. Sin embargo, hay otros CDR, como los de los barrios barceloneses de Gótico-Raval o Gracia, o grupos de comarcas y pueblos como Rubí, Vic La Sagrega-Navas, o el comité Nord-Oriental de Girona, Vallès (tanto oriental como occidental) o las zonas de Osona, Ripollès (Alt Ter) y el Maresme que viven diariamente por y para la República. Se trata de comités que, exclusivamente en sus grupos de mensajería de Telegram, mueven millares de militantes y promocionan todo tipo de actividades y reuniones.

Solo esta decena de CDR están detrás de más del 90% de los sabotajes y acciones, más o menos violentas, de acuerdo con los cálculos de los especialistas de los Mossos d'Esquadra consultados por este periódico

A pesar de que el fenómeno de los CDRparece una explosión reciente, en realidad su nacimiento –según señalan los atestados de la Unidad de Policía Judicial de la Guardia Civil– fue gradual. Los investigadores sitúan su origen más remoto en junio de 2017, cuando en lugares como el barrio de Sants, en Barcelona, comenzaron a surgir- –a raíz de una iniciativa llamada Escuelas Abiertas– grupos para organizar en el plano logístico la consulta secesionista de octubre.

Entonces se hicieron llamar Comités de Defensa del Referéndum (CDR), copiando las siglas de los Comités de Defensa de la Revolución, los grupos vecinales cubanos para denunciar las actividades anticastristas. Pero a diferencia de lo que ocurría en la isla, estas células, lejos de depender de un poder central, desde el principio se mostraron totalmente independientes.

Pero su puesta de largo no llegó hasta después del referéndum. Los informes del instituto armado apuntan a que su constitución, más o menos formal, se produjo en tres «reuniones supranacionales» que tuvieron lugar en Sabadell, Igualada y Manlleu entre el 14 de octubre y el 4 de noviembre de 2017.

Eran las jornadas más convulsas. Lo días de los encarcelamientos de los 'Jordis', los de la proclamación fallida de la República y los del comienzo de la aplicación del artículo 155.

Al calor de la intervención de la Generalitat por parte del Gobierno central, los CDR (ahora como defensores de la República y ya no del referéndum) brotaron como hongos. Y con muy diversa naturaleza y origen: comités organizados por barrios (en las grandes ciudades), por pueblos, por agrupaciones de municipios, por comarcas, o, incluso, comités 'sectoriales' surgidos en el seno de grupos profesionales, universitarios o de collas castelleras.

Su funcionamiento era (y es) «asambleario clásico», a través de comisiones y grupos específicos de trabajo. Cada CDR se constituyó como «soberano en la toma de decisiones». Sin jefes. Sin líderes que pudieran ser detenidos.

No obstante, enseguida se dotaron de órganos de coordinación (se crearon trece CDR territoriales agrupados por proximidad geográfica) y surgió como máximo órgano en Cataluña la Coordinadora Nacional.

Algunos comités eclosionaron el pasado otoño de forma más espontánea que otros. Varios de estos CDR –señalan tanto los atestados de la Policía Nacional como de la Guardia Civil– desde el principio estuvieron controlados por Arran (la organización juvenil de las CUP) y el SEPC (Sindicat d'Estudiants dels Països Catalans). Precisamente, los comités 'apadrinados' por estos dos colectivos han sido, hasta el momento, los que han protagonizado las acciones más violentas.

La evolución continuó a finales de 2017, sobre todo en lo referido a sus comunicaciones. Sus acciones, que hasta entonces habían sido anunciadas a bombo y platillo de forma pública (sobre todo durante la huelga del 3 de octubre) a través de Twitter, Facebook, Whatsapp, Telegram o Signal, pasaron a cerrarse al gran público. El acceso a los canales de información más sensibles se restringió a charlas privadas en sistemas de mensajería o a foros de invitaciones restringidas.

Las secciones de los CDR más combativas se estaban 'clandestinizando' con vista a lo que llamaron 'Operación Fronteras'. Tras este eufemismo se escondieron las primeras acciones coordinadas (todavía tímidas) de cortes de carreteras y levantamiento de peajes que se desataron el 27 de octubre del pasado año cuando Carles Puigdemont declaró la independencia durante 8 segundos para luego dejarla en agua de borrajas. Aparecieron entonces en algunos CDR los primeros activistas encapuchados, las vestimentas oscuras, las tácticas paramilitares y los manuales de 'guerrilla urbana' contra las fuerzas de seguridad.

Nace la versión radical

Pero no fueron todos. Buena parte de los CDR seguían con sus manifestaciones pacíficas, charlas, paellas y vermuts reivindicativos. Sin embargo, en al menos una veintena de comités (sobre todo de Girona y Barcelona) aparecieron células especializadas en la lucha callejera, con cierta inspiración en la 'kale borroka'. Los CDR se habían convertido en una mezcla de «desobediencia civil no violenta y resistencia tanto activa como pasiva», tal y como lo definen los informes de la Guardia Civil.

La prueba de fuego de estos nuevos CDR más violentos y fuera de control fue el 8 de noviembre, durante la segunda huelga motivada por el encarcelamiento de Oriol Junqueras y siete 'consellers'. Bloquearon el AVE en las estaciones de Sants y Girona y cortaron las conexiones por tierra con Francia. Había nacido la versión más radical de los comités.

En los CDRcaben todos: desde antisistemas violentos a amas de casa y jubilados

Desde entonces, los sabotajes, que se recrudecieron tras la detención de Puigdemont en Alemania en marzo, se han convertido en la seña de identidad de los CDR. Unos comités que han llegado a hacer escraches a PDeCAT, la CUP y, especialmente, a ERC, al que consideran poco menos que un partido traidor.

El pasado 1-O volvieron a demostrar su fuerza. Los Mossos dudan de que el asalto al Parlament fuera una acción organizada por ningún comité en particular, pero aseguran tener pruebas de que numerosos miembros de diversos CDRestuvieron a la vanguardia del intento de asalto y gritando más alto que nadie «¡Torra, dimisión!».

 

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