El secreto de San Isidoro es un vino de mil años

La Colegiata de San Isidoro, en León, revive cada Jueves Santo la apertura de su preciada 'barrica secreta' que atesora un vino de mil años único a nivel mundial | La doble puerta de acceso a la barrica sólo se abre este Jueves Santo

Imagen de uno de los portones de San Isidoro./
Imagen de uno de los portones de San Isidoro.
J.C.León

El misterio permanece intramuros en la Real Colegiata Basílica de San Isidoro, en León. El templo, uno de los conjuntos arquitectónicos de estilo románico más destacados de España y cuna del parlamentarismo con Alfonso IX, esconde en sus entrañas un secreto milenario.

Nadie conoce a ciencia cierta el camino a seguir entre estancias en esta basílica hasta alcanzar el lugar exacto en el que se encuentra una barrica de roble única en el mundo. En su interior reposa el vino más añejo de todo el planeta. Tan exclusivo, tan excepcional, que su existencia no se publicita, y sólo a regañadientes se comenta. Es un caldo de mil años, un tesoro. «No queremos alimentar la leyenda, pero su existencia es real», asegura Francisco Rodríguez Llamazares, abad de San Isidoro.

Encerrado en su barrica ese vino milenario, «fuerte y algo dulce, con un sabor como el mejor coñac», se encuentra bajo custodia durante los 365 días del año. A la estancia en la que se encuentra la barrica que esconde sus entrañas tan singular líquido sólo se accede en Jueves Santo, jornada en la que seis clérigos 'catan' ese licor casi divino. El resto del año permanece cerrada, silenciada y oculta.

«Jamás se ha comentado el lugar de la estacia, permanece en secreto y así seguirá siendo», asegura el abad. Se reconoce, eso sí, que ni tan siquiera los propios miembros de la congregación podrían entrar al lugar 'por casualidad'. Es imposible. ¿El motivo? El cuarto que esconde el mejor vino del mundo cuenta con una puerta doble de madera y hierro. Ambas, contiguas, casi pegadas, tienen doble cerrojo y las llaves de los mismos son custodiadas por personas diferentes (una llave la guarda el abad de turno y la otra el administrador). «Acceder al lugar es imposible en cualquier otro momento del año», se advierte.

Un tesoro

En el templo de San Isidoro este vino es un tesoro sólo equiparable al cáliz de Doña Urraca -el santo Grial según la historiadora Margarita Torres- que, en ese caso sí, permanece expuesto al público tras un cristal blindado en una de las salas del museo.

La historia de este vino nace en el siglo XI. Entonces, según recuerda el abad de San Isidoro, «como en todos los monasterios los monjes trabajaban la tierra para alimentarse. De allí proviene este vino. Hoy sólo queda una barrica de aquellas barricas y en su interior este vino, casi licor».

San Isidoro esconde en sus entrañas el vino más añejo del planeta.
San Isidoro esconde en sus entrañas el vino más añejo del planeta.

La leyenda recuerda que la barrica milenaria fue llenada por santo Martino de León hace casi mil años con «con once cántaros de vino», unos 176 litros.

En la noche de este Jueves Santo cuando el abad, siguiendo el protocolario acto, sacará una jarra de vino de la barrica («Medio litro más o menos») y repondrá justamente el doble. Se repone el doble porque el roble «se impregna» por el líquido y se bebe ese sobrante durante el último año.

El fallecido Antonio Viñayo, en su día abad de San Isidoro, solía recordar en tono anecdótico que algún canónigo, tras probar el vino «oía cantar el gallo de la torre» el mismo gallo dorado que remata el campanario del templo.

«Un coñac con gran solera»

El milenario y secreto vino de San Isidoro para quienes lo han paladeado es «un coñac con gran solera», con seguridad el más viejo del mundo, por la "madre que tiene".

A lo largo de la historia la barrica ha 'servido' su vino-licor a canónigos y autoridades, pero siempre en medio del sigilo y la discreción. El presidente de la Junta de Castilla y León,Juan José Lucas, la que fuera presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, o ya fallecido presidente de honor del Partido Popular, Manuel Fraga, tuvieron el privilegio de saborear el caldo.

Durante sus mil años de historia esta barrica ha protagonizado todo tipo de anécdotas. El Rey Alfonso XIII, por ejemplo, renunció a beber el mismo porque el día en el que acudió al templo no era Jueves Santo.

La barrica, además, logró sobrevivir a las tropas napoleónicas, que se llevaron del templo sarcófagos del Panteón Real y otros bienes, pero no alcanzaron la barrica.

 

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