Boom, reconversión y cierre de la minería en una saga

La familia Calvete mantiene tres generaciones de mineros en Tremor de Arriba, que pasó de más de 3.000 habitantes con el auge del carbón a apenas 200 censados en la actualidad

De izquierda a derecha, Paulino Calvete, Carlos Calvete hijo y Carlos Calvete padre, junto a una de las bocaminas del Pozo Casares, en Tremor de Arriba (Igüeña). /CÉSAR FERNÁNDEZ
De izquierda a derecha, Paulino Calvete, Carlos Calvete hijo y Carlos Calvete padre, junto a una de las bocaminas del Pozo Casares, en Tremor de Arriba (Igüeña). / CÉSAR FERNÁNDEZ
CÉSAR FERNÁNDEZTremor de Arriba

Cuando Paulino Calvete empezó a trabajar en el mina en Tremor de Arriba (Igüeña) estaban floreciendo las explotaciones que hicieron de esta localidad una de las más eminentemente carboneras en la cuenca del Bierzo Alto. Era 1948, tenía sólo 14 años y las medidas de seguridad brillaban por su ausencia. «Entraba con boina; hasta los años sesenta no nos pusieron cascos», relata este antiguo minero que complementaba su economía a partir de casarse y durante ciertos años con un bar, uno de los más de 40 establecimientos que llegó a sumar este pueblo ubicado en el extremo oriental de la comarca del Bierzo cuando su censo se disparó hasta superar los 3.000 habitantes en la frontera de las decádas de los sesenta y setenta.

Cuando su hijo Carlos Calvete empezó a trabajar en la mina en el verano del año 1978, las explotaciones ya habían vivido un primer proceso modernizador. «Yo recuerdo del primer día mucho ruido del martillo de picar. Tenía la sensación de que se caía el mundo encima. Tenías que trabajar tumbado y arrastrado. Terminaba muy cansado», cuenta este minero prejubilado en 2003 que entró los primeros días acompañado de su padre hasta que algún responsable de la empresa reparó en la ley no escrita que impide a familiares de primer grado compartir tajo por la siniestralidad. «Como los Reyes», ilustra Carlos, que vivió las continuas reconversiones del sector con huelgas, cortes de carretera y carreras delante de los antidisturbios al tiempo que las empresas mineras perdían trabajadores y Tremor de Arriba iba vaciando de habitantes los grandes bloques de viviendas construidos para sostener el boom de los años de bonanza.

Cuando el nieto de Paulino e hijo de Carlos, también Carlos Calvete de nombre, empezó a trabajar en la mina en el año 2000, el sector ya miraba más hacia un futuro negro que hacia un pasado esplendoroso todavía con vestigios como un par de mulas encargadas de arrastrar los vagones cargados de carbón en el Pozo Casares de la empresa Alto Bierzo. Cerrada hace un par de años, esta explotación hoy pasto del olvido y la degradación fue centro de trabajo común de estas tres generaciones de mineros en una misma familia, una coincidencia ya muy difícil de encontrar en cuencas en las que el abuelo ha fallecido y el nieto ha marchado a veces acompañado del padre en busca de un futuro mejor que el que ofrece una localidad que en medio siglo pasó de más de 40 establecimientos a un bar, una tienda y una farmacia y de más de 3.000 a apenas 200 habitantes censados.

Las tres generaciones de mineros en el Pozo Casares. Bar cerrado en Tremor de Arriba. Y Carlos Calvete padre, trabajando en el interior del Pozo Casares / CÉSAR FERNÁNDEZ

Movilizaciones a golpe de reconversiones

Nacido en Albares de la Ribera (Torre del Bierzo), Paulino se estableció en Tremor de Arriba y pasó sucesivamente por varias minas en función de las mejores ofertas laborales. Luego vinieron las huelgas contra los patronos: «Recuerdo que una vez estuvimos un mes por la firma de un convenio». Su hijo Carlos vivió movilizaciones por cuestiones laborales, pero también sectoriales a golpe de las continuas reconversiones. «Nosotros no entendíamos muy bien los procesos. Pero salíamos a la calle», dice al recordar una «batalla campal» contra los antidisturbios a mediados de los noventa en Bembibre y «muchas manifestaciones en Ponferrada» sin ocultar que fuera de las cuencas propiamente dichas sus conflictos se comprendían peor. Su hijo no tuvo que esperar mucho para vivir la conflictividad laboral. No llevaba ni una semana trabajando cuando se produjo una huelga por despidos de compañeros. Las condiciones ya no eran las que fueron en su día. «Yo ganaba el doble cuando entré a trabajar que cuando salí», ilustra Carlos, que dejó la mina de un día para otro en 2008 sin haber acabado de encontrar alternativa estable. ¿Cómo influye haber sido minero para buscar empleo? «Ni para bien ni para mal. Lo que hace un minero no se puede extrapolar a otro trabajo», responde.

Y es que tampoco resulta fácil contarle a un extraño cómo es el trabajo sacando carbón en el interior de una mina. «Por mucho que quieras explicarle, es muy difícil», dice Carlos padre, que asume parte del estereotipo que dibuja al minero como una persona que vivía al día y que «gastaba lo que ganaba». «Aprovechabas porque no sabías si ibas a volver al día siguiente», cuenta sin evitar emocionarse al recordar accidentes mortales que le tocaron de cerca incluso en labores de primera asistencia o aquel en el que falleció un compañero al que apenas le quedaba un mes para alcanzar la ansiada prejubilación (los mineros se benefician de coeficientes reductores por cotizar más en una actividad tóxica y peligrosa). A Paulino le había llegado el retiro en 1984 a los 52 años de edad y sin avisar. Se fue un día en que se sentía enfermo. Y al llegar a casa tenía la carta de jubilación sobre la mesa. Carlos padre se prejubiló con 42 años de edad en 2003. «Saliste a media mañana», recuerda su hijo, que se fue por propia voluntad tras comprobar que la minería del carbón tenía los días contados.

Las tres generaciones de la familia Calvete posan con el documental 'Paisajes interiores' que protabonizaron hace diez años.
Las tres generaciones de la familia Calvete posan con el documental 'Paisajes interiores' que protabonizaron hace diez años. / CÉSAR FERNÁNDEZ
Carlos Calvete hijo, en el interior del Pozo Casares, en una imagen del documental 'Paisajes interiores'
Carlos Calvete hijo, en el interior del Pozo Casares, en una imagen del documental 'Paisajes interiores' / CÉSAR FERNÁNDEZ

Un final anunciado

«Todos sabíamos que esto se iba a acabar», dice Carlos Calvete hijo apenas cuatro meses después del cierre de la última mina de interior que se mantenía activa en El Bierzo, el Pozo Salgueiro de Santa Cruz de Montes, en el vecino municipio de Torre del Bierzo, unas semanas antes de que la regulación europea condenara a partir del 1 de enero de 2019 a las minas no competitivas. «Yo conservé la esperanza hasta hace un par de años», confiesa su padre. «Si era rentable cuando trabajábamos mi padre y yo, no entendemos por qué no lo era cuando había subvenciones», añade. Y el abuelo Paulino, que se recuerda el primer día de trabajo en el interior mirando a todas partes («desconfías de todo, pero los compañeros te van explicando», apostilla), siempre creyó que el cierre del sector sería «más tardío». ¿Volverán a reabrir algún día las minas? «Será difícil», admite sin dejar de rebatir los argumentos de la contaminación de su combustión en las térmicas, mientras su hijo destaca la cantidad de carbón que queda por sacar bajo tierra. «La mina sí sería sostenible», subraya su nieto.

Con una trayectoria que resume 60 años de evolución del sector, Paulino Calvete y Carlos padre e hijo se reúnen para este reportaje diez años después de protagonizar el documental 'Paisajes interiores', dirigido por Gabriel Folgado, alumno de la extinta Escuela de Cine del Campus Universitario del Bierzo en Ponferrada (uno de los bastiones de una reconversión económica que no ha acabado de echar raíces) al que ahora le toca lidiar también con el día después del carbón como alcalde por Coalición por El Bierzo de un municipio eminentemente minero como Torre del Bierzo. Una década después, ya no quedan explotaciones abiertas en la comarca. Y en Tremor de Arriba, el testimonio más visible de su pasado más glorioso es la pequeña estatua de un minero en la plaza y, de fondo y como en una canción de Joaquín Sabina, el único bar que permanece abierto.

Tremor de Arriba pasó de más de 3.000 a apenas 200 habitantes censados.
Tremor de Arriba pasó de más de 3.000 a apenas 200 habitantes censados. / CÉSAR FERNÁNDEZ
La estatua de un minero en la plaza del pueblo y, al fondo, el único bar que permanece abierto en Tremor de Arriba.
La estatua de un minero en la plaza del pueblo y, al fondo, el único bar que permanece abierto en Tremor de Arriba.