Una voluntaria leonesa 'todoterreno'

Rosabel Blanco, subdirectora de una oficina bancaria en León, colabora con más de ocho ONGs y asociaciones y ha realizado dos voluntariados internacionales en Mozambique y Perú | «Hay muchas formas de ser voluntario y decir 'no tengo tiempo' no puede ser una excusa», asegura la cooperante

Rosabel Blanco, voluntaria y cooperante, durante su estancia en Perú./
Rosabel Blanco, voluntaria y cooperante, durante su estancia en Perú.
ANA GONZÁLEZ
ANA GONZÁLEZLeón

Rosabel Blanco, leonesa de 38 años, tiene marcada a fuego una cita de María Teresa de Calcuta: «A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota». Siguiendo esta filosofía, desde muy temprana edad Rosabel se involucró en diferentes proyectos de voluntariado, y en la actualidad son más de ocho las asociaciones y ONGs con las que colabora en la capital como Asprona, Fundación Cauce, Proyecto Hombre o residencias de ancianos.

Una forma de vida que en 2017 le llevó a dar un paso más allá y traspasar las fronteras de Perú gracias a un programa de cooperación internacional que cada año oferta La Caixa. « Me escogieron como una de las 50 personas que realizan el voluntariado cada verano, y me aportó tanto la experiencia que este verano decidí repetir en Mozambique», comenta la cooperante.

Rosabel, a la izquierda de la imagen, en uno de sus voluntariados en León.
Rosabel, a la izquierda de la imagen, en uno de sus voluntariados en León.

¿Su objetivo? «Devolver a la sociedad lo que ella me ha dado, e intentar dar como voluntaria lo que recibo, que es mucho más». Una forma de entender la vida y el mundo que tiene claro desde que era estudiante de Derecho en León y que le gustaría que mucha más gente secundara porque, como asegura, «hay mucha desinformación y la gente no sabe qué es realmente ser voluntario». Denuncia que la excusa de «no tengo tiempo» no sirve, ya que lo que hace falta es «comprometerse y tener continuidad, porque al final trabajamos con personas que necesitan una estabilidad».

Aunque reconoce que lo que más satisfacción le reporta es ser voluntaria en León por el contacto directo que tiene con la comunidad y los lazos que se crean, la experiencia como cooperante internacional reconoce que es «única», y no ve el momento de que llegue Navidad para solicitar la plaza de cooperante en Colombia, su nuevo objetivo.

Un invierno andino en Perú

En julio de 2017, en pleno invierno andino, Rosabel puso rumbo a la región de Apurímac, más concretamente en Abancay y Andahuaylas para trabajar con cooperativistas de quinoa junto a la ONG CESAL. Su labor consistió, durante las tres semanas que pasó allí, en asesorar a los agricultores en temas de microcrédicos, seguros agrarios y temas financieros porque «lo que necesitan estas aldeas son perfiles técnicos que les ayuden a resolver problemas específicos para poder implementarlos ellos mismos en el futuro».

Madrugones, carreteras serpenteadas y mil visitas para conseguir los mejores precios para la venta de la quinoa conformaban el día a día de la leonesa, que incluso tuvo la oportunidad de impartir una clase de Negociación Internacional en la Universidad de Andahuaylas junto con el rector de la misma, y comenta con orgullo que «el aula se quedó pequeña ante tantos estudiantes que vinieron a escucharnos».

Un verano en Mozambique

La última experiencia como cooperante internacional de Rosabel la llevó, en julio de este mismo año, hasta Mozambique. Su destino fue Manhiça, donde colaboró con el Instituto de Salud Global (ISGlobal) en el Centro de investigación de salud de Manhiça (CISM), un lugar integrado por profesionales e investigadores médicos que luchan contra enfermedades relacionadas con la pobreza como la malaria o la tuberculosis. «En esta zona de Mozambique la tasa de VIH es del 40%», comenta Rosabel, que asegura que «es una enfermedad tan dañina como habitual en la región».

En este caso, su labor consistió en elaborar un contrato marco para conseguir que los productos o servicios con los distintos productores tuvieran una seguridad jurídica, poniendo en práctica una vez más sus conocimientos financieros y económicos.

«La experiencia africana fue muy gratificante, su gente es muy amable y agradecida», comenta Rosabel, que recuerda con especial cariño «la clase de empoderamiento de la mujer que impartimos en un colegio de la localidad».

De ambos países se lleva «grandes amigos» con los que sigue en contacto porque, como asegura, «la cooperación no termina con la vuelta a España, sino que acaba de comenzar».