Natalia, el ángel de la burundanga

A sus 24 años Natalia tiene un rostro angelical pero su imagen no se corresponde con la realidad: ella era la reina de la burundanga en León, la droga con la que quitaba la voluntad a amigos y conocidos a los que robó más de 40.000 euros

Imagen de Natalia Torices. En vídeo, operación de la Guardia Civil para resolver el caso. / El Español
J.C.
J.C.León

Cuando el pasado 2 de abril Natalia Torices abandonaba la prisión de Villahierro, en León, era «otra mujer». Lo dice su familia, la misma que asegura que la joven había «tocado fondo» antes de verse entre rejas.

Ella era un ángel, con su mirada tierna y su facilidad para hacerse querer. A sus 24 años la familia reconoce que pese a esa imagen se había desviado del camino. Mucho, muchísimo en realidad.

Se había metido en asuntos poco recomendables, aunque en realidad nadie alcanza a asegurar de qué asuntos se trataba ni qué relación tenían esos asuntos con el desenlace final: ella era la 'reina de la burundanga' como la han denominado algunos medios de comunicación y con esa droga sometió a familiares y amigos.

¿Extorsionada?

Se conoce, eso sí, que semanas entes de que su detención tras una minuciosa investigación la joven de 24 años había acudido al cuartelillo de la Guardia Civil para denunciar que estaba siendo extorsionada por terceras personas.

Esas «terceras personas» la reclamaban la nada despreciable cifra de 200.000 euros. Los agentes, sin embargo, lejos de 'victimizar' a la joven la pusieron bajo la lupa: sus explicaciones no tenían lógica, había algunas contradicciones flagrantes en su testimonio, y del mismo se derivaba una sospecha fundada de que 'algo raro' se movía en su entorno.

Hay quien asegura que ese dinero le había sido facilitado por empresarios para que ella lo 'lavara' a través del juego y otros 'negocios', pero esa versión ni tiene el fundamento suficiente, ni ha sido corroborada. Es un rumor, intenso, pero que no ha logrado superar esa frontera.

'Pin' de las tarjetas

Fuera para devolver las cantidades que según Natalia le solicitaban los extorsionadores o fuera por la necesidad de la joven de ingresar 'efectivo' para mantener un nivel de vida impropio de una joven de 24 años lo cierto es que la burundanga parecía ser la solución a todos los problemas.

Adquiría la droga por internet y calculaba las dosis en su domicilio. La burundanga le daba a Natalia todo lo que ella necesitaba: anulaba la voluntad de sus 'víctimas' y las dejaba a sus pies para todo lo que precisaba.

Natalia, en una imagen publicada este domingo por El Español.
Natalia, en una imagen publicada este domingo por El Español.

A partir de ahí, el plan era claro, usar la droga para quebrar la voluntad de sus afines y obtener tanto dinero en efectivo como el 'pin' de sus tarjetas de crédito. Quedaba con los familiares y amigos en un bar del barrio de La Palomera, allí en un descuido les proporcionaba la droga, y con las mismas se pasaba por un cajero donde retiraba el efectivo.

La burundanga hace efecto durante algo más de dos horas y, anulando por completo la voluntad de la persona que la ingesta, le hace obedecer de forma cándida y no le permite tener el recuerdo de lo acontecido.

El error de la dosis

Su error fue el cálculo de las dosis. Las elevó en exceso, quizá para asegurarse la obediencia de sus víctimas, y éstas terminaron acudiendo al hospital de León.

La Guardia Civil no pudo obtener evidencias en ese momento, pero si el punto de partida para su investigación: el nexo común de los afectados por escopolamina, su último recuerdo, era que habían quedado con Natalia para tomar algo.

Las imágenes de un cajero automático donde se registraron los movimientos fueron suficiente para cerrar el círculo. Para cuando la Guardia Civil cerró la investigación el 'ángel' ya había estafado a siete personas, conocidos y familiares, y se había apropiado de 41.000 euros.

Lo que queda por conocer

La investigación cierra una parte de lo sucedido pero la Guardia Civil aún mantiene la 'vigilancia'. Queda por saber si realmente alguien extorsionaba a la joven y si realmente el destino del dinero eran sus 'vicios' (póker online, un coche, tecnología de última generación) o había algo más.

La familia quiere creer a la joven y ella les ha asegurado que su paso por la cárcel -en la que seguía jugando al póker- la ha convertido en aquello que nunca fue: un ángel.