León, contra la procesionaria

Los equipos municipiales desarrollan un plan específico contra esta oruga tóxica con el que han retirado más de 1.000 nidos durante la poda y han colocado trampas para darles caza

Una de las trampas colocadas en la capital para capturar las orugas de la procesionaria./
Una de las trampas colocadas en la capital para capturar las orugas de la procesionaria.
N. BRANDÓNLeón

León declara la guerra a la procesionaria. Una plaga que está afectando a todo el norte peninsular y de la que tampoco se libra León capital. Para luchar contra la oruga de la polilla procesionaria que puede entrañar riesgos para humanos y sobre todo perros, el Ayuntamiento ha puesto en marcha un plan específico desde principios del invierno. Se pretende así acabar con su presencia masiva, nada extraordinario, porque, tal y como señala Antonio Ugidos, técnico de medio ambiente, se trata del control ordinario de cada año.

«El problema está en el medio natural y no en las ciudades. Mientras en el entorno de las ciudades se siga sin actuar, nosotros estamos condenados a luchar contra ella porque está en las puertas», tal y como apunta el propio Ugidos, que señala algunos ejemplos de zonas totalmente infectadas como son la parte de Camposagrado y Villanueva de las Manzanas. Como estas zonas, muchas otras quedan fuera de la competencia del Ayuntamiento, aunque los efectos se pagan en la capital leonesa, que desde hace cinco años hace frente a la procesionaria. «Las mariposas tienen un radio de acción muy amplio y llegan hasta aquí. La Candamia está plagado».

Este plan, que prácticamente ya ha llegado a su fin y comenzó con el invierno, consiste en varias actuaciones. La primera es evitar su reproducción. A finales del invierno pasado se colocaron trampas con feromona para capturar individuos macho adultos que vuelan desde finales de la primavera hasta finales del verano, tratando así de evitar la multiplicación de la población al disminuir la probabilidad de su apareamiento.

¿Cómo se lucha contra esta oruga?

Otra de las labores es la retirada directa de los bolsones (nidos) que se avistan durante las labores de poda. Durante este invierno, se retiraron más de 1.000 bolsones situados en los espacios verdes municipales.

Finalmente, desde finales de febrero se cuenta con un equipo específico de retirada de bolsones que dispone de un camión con pluma que permite acceder a retirar bolsones situados hasta 20 metros de altura y al que se le ha asignado una ruta de trabajo por distintos puntos de la ciudad.

Allí donde los bolsones resultan inaccesibles, se colocan unas trampas que consisten en anillos que se colocan en el tronco y de esta manera las orugas se acumulan y no pueden llegar al suelo. Otras de las labores consisten en tratamientos de control pinchando a los arboles productos fitosanitarios.

Peligros
Trampa para atrapar a la procesionaria.

Las orugas (larvas) están cubiertas de pelos urticantes que se desprenden y flotan en el aire, por lo que pueden provocar irritación en oídos, nariz y garganta en los seres humanos, así como intensas reacciones alérgicas. La sustancia que le confiere esta capacidad urticante es una toxina termolábil denominada Thaumatopina.

El riesgo de las orugas interviene en personas hipersensibles a este tipo de toxinas, una persona en condiciones normales simplemente experimentaría una urticaria. Si no se entra en contacto directo con ellas no hay peligro, aunque hay riesgo de que caigan de los árboles con rachas de viento y puedan caerse sobre las personas.

Los perros, debido al uso de su nariz para rastrear, son los más susceptibles. Experimentan dificultades respiratorias porque se les hincha la nariz y la lengua.

Las coníferas, en concreto los pinos, son las principales afectadas por la procesionaria. El proceso comienza cuando la polilla procesionaria usa las partes altas de los árboles para poner las huevas. A continuación, la larva desciende por el tronco del árbol hasta el suelo hasta que se entierran y vuelven convertidas en polillas. Los cedros, plantas cercanas a los pinos y abetos, también pueden verse afectadas por la larva de la procesionaria.

Son múltiples las zonas en las que se puede encontrar este problema y como apunta Antonio Ugidos, «todas las administraciones tienen que hacer tratamientos integrales». En León se ha actuado prácticamente por toda la ciudad, como en el parque de San Francisco, Polígono X, carretera de Carbajal, Plaza del Huevo, Condesa, Universidad o parque de Quevedo, entre otras zonas.

Este tipo de plagas no es más que una consecuencia más del cambio climático, ya que por debajo de 12 grados la procesionaria moriría en invierno. Un cambio climático que parece irreversible, no así su aceleración, pero ante la que urge una respuesta para evitar efectos difíciles de relacionar con el calentamiento global como las plagas como la procesionaria.