La irrepetible vida de 'Manolín'

Más de cuatro décadas de servicio en el hotel Conde Luna, dos de ellas dedicadas en cuerpo y alma al Bar Americano | Barman con clase, amante del buen servicio al cliente y creador de un estilo único | ¿Su secreto? «Primero le atendemos, luego le servimos» | Sin decirlo prepara su mudanza y el cierre de un establecimiento histórico

J. Calvo
J. CALVO

Nadie le conoce por su nombre porque Manuel Álvarez Pintado es, en realidad, 'Manolín' (o 'Manogín' cuando elabora uno de sus famosos gin tonic marca de la casa).

Él es el alma del Bar Americano del hotel Conde Luna. Lo ha sido durante las últimas dos décadas, la mitad del tiempo que le ha dedicado a «la casa». «Aquí he nacido y crecido como profesional, sólo tengo que palabras de agradecimiento», advierte.

El tiempo se ha detenido tras la barra de este pequeño lugar de ensueño. Apenas quedan escenarios de este tipo en el mundo de la hostelería. Taburetes con cuero rojo, madera en las paredes y el techo, un par de sillones casi confidentes en la esquina, y todo envuelto en un aire simplemente diferente.

«El bar no ha cambiado nada desde que fue abierto en 1964, ése puede ser uno de sus secretos«, asegura. Pese a su reducido tamaño el Bar Americano del Hotel Conde Luna es 'grande', enorme en realidad. Por su barra ha pasado lo más granado de la sociedad leonesa. Siempre desde la tarde hasta la madrugada, y siempre en la más estricta confidencialidad.

«Si estas paredes hablaran...», sentencia 'Manolín'. Pero las paredes nunca hablarán. Ni él tampoco porque un barman de su talla tiene un código ético imposible de saltar. «Cuando uno está aquí es un poco de todo, un poco psicólogo, confidente, amigo en algunos casos, pero siempre hay que ser lo que somos en esta gran casa que es el Conde Luna: aquí somos profesionales, muy profesionales«.

Manolín es un barman único, un tipo formidable que ha creado su propio mundo en este escenario propio de una escena cinematográfica. Después de 23 años de trabajo en el local todo gira sobre su persona. Los posavasos llevan su cara, los 'gin tonic' son inigualables («Hace 20 años ya los servía en copa y ahora parece que es la moda, o que es una tendencia», asegura), las almendras son tostadas personalmente y nadie sabe como él qué se puede mezclar para agradar al paladar.

En el Bar Americano es un mundo, y siempre ha sido un mundo. ¿Cómo degustar en un escenario tan singular, tan reducido un plato como 'solomillo con huevo de curra tranca la gatera'? Pues es posible porque casi todo es posible en un mundo tan singular.

«Han sido años muy intensos, este bar lo he hecho a mi medida, aquí he pasado mi vida», sentencia 'Manolín' que, sin decirlo, conoce que en los próximos días deberá cerrar la puerta para hacer la mudanza juntos a los 'Manogín' o los trucos de magia hasta la Plaza de San Marcelo. «Yo no puedo decir nada sobre eso, cuando sea haré lo que la empresa me diga», asegura.

Insiste en que sea donde sea su filosofía nunca va a cambiar: «Primero atendemos al cliente, luego le servimos«. Siempre ha sido así, y así se mantendrá en el tiempo. 'Manolín' sigue sirviendo 'Manogin' a sus clientes mientras prepara la maleta.

Será un adiós sentido porque atrás quedará un tiempo único, el tiempo en el que los secretos de toda una ciudad descansaban en la barra del barman más singular de la ciudad. Allí descansan, y en ella se quedarán.

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