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Fiesta de lunares para celebrar la diferencia

Los gitanos leoneses celebran el Día Internacional del Pueblo Gitano en el Auditorio Ciudad de León en una cita en la que no faltó la alegría, la reivindicación y la música de José el Francés

Asistentes a la fiesta del Día Internacional del Pueblo Gitano en el Auditorio. / Noelia Brandón
N. Barrio
N. BARRIOLeón

Llegó algo tarde por problemas inesperados, pero llegó.

El Auditorio Ciudad de León puso sus tablas al servicio de la fiesta del pueblo gitano, que celebra este lunes su día internacional. El cantaor flamenco José El Francés ha sido uno de los protagonistas de esta fiesta, en la que exaltar la normalización por la que luchan los gitanos cada día, como defendía el presentador de la cita.

«Es un día para hacernos visibles, para dar a conocer esa parte que no se conoce de los gitanos, que es que somos una comunidad que lleva seis siglos en España, sabiendo aguantar a pesar de los impedimentos, aquí estamos los gitanos españoles», defendía el presentador del acto, Jesús Hernández.

La música de José El Francés animó a cantar a más de uno, en un acto en el que todo el que entró contó con el lazo verde y azul que simboliza la bandera gitana. Una bandera en la que la rueda hace honor al carácter nómada de un pueblo que salió de la India muchos años atrás. El carácter diferenciador no debe ser barrera, sino invitación a la unión.

Detalle del lazo y chapa del pueblo gitano.
Detalle del lazo y chapa del pueblo gitano.

«El día 8 de abril también significa el reconocimiento de la aportación que han hecho los gitanos a España como es el respeto a las tradiciones, a la palabra dada y a los mayores», admitía el alcalde, Antonio Silván.

Poco a poco fueron llenando las gradas esperando, con nervios, a su gran fiesta. El manifiesto, leído por Dani y Melodi, emocionó a más de uno.

El Auditorio Ciudad de León contó con gitanos y payos, leoneses todos, que se unieron para celebrar la diferencia, en una fiesta de lunares para recordar.

El manifiesto

El 8 de abril se celebra el todo el mundo el Día Internacional del Pueblo Gitano (International Roma Day).

Esta fecha recuerda elCongreso Mundial roma/gitano celebrado en Londres el 8 de abril de 1971 en el que se instituyó la bandera y el himno gitano. Desde entonces es un día de encuentro, de celebración pero sobre todo de reivindicación.

Hace escasos meses se celebró el milenio de conmemoración de la salida de los gitanos de la India y mil años después seguimos reivindicando derechos básicos. Nuestra historia ha sido una historia marcada por la opresión y la discriminación, en especial la de las mujeres gitanas por su, al menos, doble condición de mujeres y gitanas a la que podríamos sumar otras como la pobreza.

La historia de opresión y dominación ha llevado al pueblo gitano, y en especial a las mujeres gitanas, a levantarse contra ella. De la misma manera que el feminismo busca la igualdad real entre hombres y mujeres, el feminismo gitano lucha por alcanzar esa igualdad. Pero lo hace desde un doble ámbito y se enfrenta tanto al patriarcado como a la discriminación étnica y racial y a otras formas de opresión.

Las mujeres gitanas contamos con una voz y genealogía propias que en muchas ocasiones ha sido silenciada, ignorada y menospreciada. Es necesario reivindicar la experiencia y voces de todas esas mujeres silenciadas por las estructuras de poder, en especial de nuestras mujeres gitanas.

Y les queremos rendir homenaje.

A las primeras gitanas y gitanos que en los siglos XII, XIII , XIV y XV realizaron una diáspora desde el Punjab hasta llegar a la península, los auténticos europeos, con un sentido de Europa y del mundo sin fronteras, anárquicas, amantes de la libertad, sin ataduras.

A las gitanas que durante siglos lucharon por conservar su identidad, en especial a las que en el siglo XVII cuando los hombres eran enviados como esclavos a los arsenales, ellas encarceladas en las casas de misercordia, protagonizaron revueltas protestando cuando las separaron de sus familias, y aún así supieron conservar su identidad, gracias a sus resistencias, a veces escandalosas y otras silenciosas, hoy, nosotras, les debemos seguir siendo y sintiéndonos gitanas.

A esas heroínas gitanas presas en el campo de concentración de Polonia de Auschwitz, que el 16 de mayo de 1944, dándose cuenta que esa noche exterminarían a todos los gitanos, lideraron un motín, luchando contra los soldados de SS y consiguiendo salvar sus vidas y la de los suyos por un tiempo más.

A Francisca García, gitana española, encarcelada durante la Segunda Guerra Mundial. Frasquita no quería que la llamaran «la gitana», ya que como presa política tenía alguna posibilidad de supervivencia, pero como gitana NINGUNA. Y cómo no, a las que vivieron la Guerra Civil y la dictadura franquista soportando toda clase de aberraciones por parte del sistema y los decretos de la Guardia Civil: la famosa patada a la olla de los guardias civiles en los campamentos gitanos, las torturas, las rapaduras del cabello, las cárceles y un largo etcétera.

A tantas mujeres gitanas que por parte de los gobiernos en países como la República Checa, Eslovaquia, Hungría o Suecia fueron víctimas de las esterilización forzosa étnica y también del robo de sus hijos, reconocidos en el Libro Blanco.

A Carmen Amaya, Lita Cabellut y a todas las inmortalizadas en el arte durante siglos, desde el Bosco, Goya, Julio Romero de Torres o las gitanas de Nonell, porque mediante las imágenes del pasado destruyen los estereotipos de hoy.

A las heroínas que viven en barrios con dificultades, condenadas estructuralmente por su condición social y étnica a educarse en centros educativos segregados, batallando miles de barreras y combatiendo los estereotipos de fuera y de dentro, y aún así consiguen acabar la Educación Secundaria.

A las que participan en la sociedad mayoritaria y a la vez se mantienen izadas, para no ser absorbidas por el sistema, sintiéndose orgullosas de su identidad, evolucionándola, y a la misma vez transmitiéndola.

A Sofía Kovaleskaya por ser la primera mujer catedrática de Europa y gitana.

Y a nuestra poetisa Papuzza, gitana polaca, que soportó el racismo de la sociedad y murió repudiada por los suyos por escribir versos tan hermosos como éstos:

Yo tengo los ojos marrones y tú los tienes verdes, pero vemos lo mismo

Lo vemos todo igual pero lo vivimos diferente.

Tu gente es fuerte, la mía es débil, porque no tenemos ni ciencia ni memoria.

Quizás sea mejor así, porque si los gitanos tuvieran memoria, se morirían de angustia.

Por todas las que fueron y todas que las que vendrán y seguirán siendo orgullosas gitanas y de vivir en comunidad

Opre Romnia Opre Roma Sastipen tali