Máximo Huerta: «Este país no necesita peleas»

El escritor y periodista recupera su nombre original y vuelve a la televisión. «Creo que los lectores han sido mi hogar durante todos estos años», dice el efímero ministro de Sánchez, que no se arrepiente «de nada»

Huerta presenterá desde el lunes en TVE 'A partir de hoy'./ZUMA PRESS
Huerta presenterá desde el lunes en TVE 'A partir de hoy'. / ZUMA PRESS
JULIÁN ALÍA

Aparece con su última novela bajo el brazo. Impresa en ella, 'Intimidad improvisada', ya figura su 'nuevo' –más bien, antiguo– nombre, tal vez una metáfora de su vuelta a los orígenes. Antes de recuperarlo, Máximo Huerta (Utiel, Valencia, 48 años) era Màxim y había presentado su dimisión como ministro de Cultura y Deporte del primer Gabinete de Pedro Sánchez tras la polémica que le situó como un tipo poco fiable para el fisco. Él recuerda que sólo fue una sanción administrativa, una multa ya satisfecha, y agradece la «rectificación» que algunos medios llevaron a cabo. Ahora, y tras un «tiempo complicado», pero que le ha «ayudado a crecer», el periodista y escritor retorna a la pequeña pantalla. A partir del lunes presentará en TVE 'A partir de hoy', un programa que define como «perfecto para alguien al que le guste la televisión y el periodismo», con «un tono sin fuego y sin necesidad de discutir». «Creo que este país no necesita tanta pelea. España es maravillosa», comenta.

– Vuelve a ser Máximo.

– Es algo emocional; mi DNI, mi padre, mi bautismo… Es volver a recuperar el nombre que aparece en mis tarjetas, en los correos o en los recibos de la luz. Toda la vida he sido Máximo. Màxim fue porque lo decidieron en la tele. Ahora me apetecía volver a ser el de siempre. Lo llevaba pensando un tiempo, desde que murió mi padre, hace poco más de un año, y me apetecía recuperar lo que uno es, la familia, lo más importante. Además, nadie pronunciaba bien el anterior ni ponía bien el acento, así que casi deberían agradecerlo.

«Me apetecía volver a ser el de siempre, recuperar lo que uno es»

– Lo último que hizo en televisión fue un programa de viajes.

– Sí, en TVE; 'Destinos de película', un programa cultural, divertido, que fue muy bien. Me habría encantado que hubiese tenido una segunda temporada pero los derechos de las películas lo hacían muy complicado. Yo disfruté mucho, y volver ahora a televisión, y a TVE, es un regalo.

– Entonces, no es que se haya cansado de viajar...

– Viajar es algo necesario, abre la mente y nos hace mejores personas. Aunque sea viajar al pueblo, a la playa o a la sierra. Y acompañado de un libro.

– ¿Ha tenido muchas propuestas para volver a la tele?

– Ha habido un montón de productoras, de cadenas… Incluso el mismo día en que lo confirmaba TVE, me llegó una de Atresmedia. Pero me enamoré de la productora, me cayó muy bien la gente y me daba muy buen rollo la propuesta. Me parece un programa feliz, divertido, amable, informativo…

– Arranca el lunes, ¿está preparado después de su efímera incursión en la política y la traumática forma en que salió de ella?

– Lo estoy, y muy ilusionado. En este paréntesis he cargado mucho las pilas. Siempre he mantenido que volvería a la tele si un proyecto me ilusionaba.

– Decía Ana Rosa Quintana que si usted no perteneciese al mundo de la tele no se habría montado tanto revuelo, que seguramente no se habría visto obligado a dimitir. ¿Hay una doble vara de medir?

– Sí. Hay doble, triple, cuádruple y quíntuple. Y muchos prejuicios desde la prensa escrita hacia los profesionales de la televisión, cuando todos somos periodistas: radio, prensa y tele. Somos un tridente que trabaja con la palabra, que es nuestro arma. Siempre hay una mirada de superioridad hacia los que hemos trabajado en televisión, se nos juzga más. Pero bueno, así es esta profesión: a veces maravillosa y otras ingrata. Tiene razón Ana Rosa. Siempre la tiene.

«Hay que seguir»

– Ha reconocido que solicitó ayuda de especialistas para superar la crisis. ¿Un punto de debilidad o de valentía?

– Diría que de normalidad. Yo creo que hay que ser normales, cercanos, valientes y osados. Hay que equivocarse y corregirse, y hay que pedir ayuda a los amigos y a los médicos cuando uno lo necesite. Eso es la vida.

– Hace poco apuntó que volvería a ser ministro.

– Es una forma de decir que no hay que tener miedo y que estoy orgulloso de lo que he hecho. No es que pida volver, sino más bien la expresión de que no me arrepiento de nada. Todos tenemos que estar orgullosos de nuestros aciertos y de nuestros errores y hay que seguir.

– ¿Cómo definiría aquella etapa?

– Emocionante, plena de madurez y responsabilidades. Tengo casi cincuenta años, y cuando me embarco en un proyecto tan importante es porque soy responsable y tengo ilusión. Jamás, ni en el periódico de mi pueblo, en la radio local o en las primeras prácticas de la universidad cuando hice la carrera, me faltó ilusión. Hay que tenerla en los grandes proyectos y en los más sencillos.

– ¿Cómo es eso de sentarse en la sala del Consejo de Ministros?

– Impone, pero la política no es algo lejano. Sientes la responsabilidad en la cabeza y en las manos al ocupar esa silla.

– ¿Cómo cree que hay que abordar el problema catalán?

– Yo soy periodista y siempre estoy atento a las noticias y a los hechos, pero no creo que deba opinar porque este país lo que necesita es bajar el fuego de la tensión. Se habla demasiado y eso impide los diálogos. Creo que tanto los ciudadanos como los políticos tenemos que ser más responsables y dejar que las cosas fluyan; bajar el nivel de fuego del país para que todo se cocine mejor.

– ¿Qué le pareció la entrevista de TVE a Arnaldo Otegi?

– Un periodista debe entrevistar de manera informativa a Dios y al diablo. Para mí, cualquier personaje tiene una entrevista, y los periodistas no tienen que llevarse las manos a la cabeza. Hay que apretar las tuercas al entrevistado, ponerlo contra las cuerdas, y presionar a políticos, a ciudadanos, a la Justicia… Eso es el periodismo: preguntar. En este caso, el compañero de TVE le preguntó varias veces si se arrepentía y pedía perdón; o sea, creo que lo hizo muy bien.

La siguiente, en la cabeza

– Dicen de usted que es un escritor muy querido por sus lectores…

– Mucho. De hecho, hace nada me enteré de que había cerrado el local que da nombre a 'Una tienda en París', que es la novela que más éxitos me ha dado, que se ha traducido a muchos idiomas y hasta ha inspirado un musical. Lo puse en mis redes y me llegaron un montón de mensajes de complicidad de los lectores; decían que 'para siempre estará la tienda en la novela'. En la literatura, me siento muy respaldado. A mí escribir me ha gustado desde niño, y así sigo, con más de trece libros, y el próximo ya lo tengo en la cabeza y el ordenador.

– ¿Ha notado un calor especial de su público en esta coyuntura?

– Sí, importantísimo. Acercarte a una firma de libros y ver que está la cola esperándote, que han comprado el libro, que lo comentan, que lo recomiendan… Creo que los lectores han sido mi hogar durante todos estos años.

– ¿Qué suele ver en televisión?

– Informativos, series, y ahora 'Supervivientes'. De series, estoy con 'Paquita Salas'. Muy buena, mi enhorabuena a 'Los Javis'. Es de risa y lágrima; perfecta.

– ¿Y qué está leyendo?

– Siempre estoy leyendo. He terminado ahora 'El país de las ranas', de la madre de Dario Fo (Pina Rota Fo). Bueno, de los tres Fo. Y me ha encantado. Ese y 'Los felices días del verano', de Fulco di Verdura. Es algo que he heredado de mi madre, que me ha regalado muchos libros. Mi padre no era lector, pero creía que una casa sin libros no era una casa y siempre compraba enciclopedias y libros. Aunque él no lo hacía, quería que su hijo leyera; supongo que soy el resultado de mis padres.